La magia prohibida | libro I

♔ Capítulo III ♔

La muerte dormida parte II

Hay decisiones que solo parecen equivocadas cuando el camino ya ha quedado atrás. Mientras tanto, avanzan disfrazadas de esperanza.

Las profecías nunca mienten, pero los hombres suelen comprenderlas demasiado tarde. Cada palabra encierra una verdad... y también una trampa para quien la escucha con prisa. Desesperados por hallar respuestas, terminan entendiendo solo aquello que desean comprender. Basta una sola palabra mal interpretada para convertir la esperanza en un desvío.

Aquel atardecer, mientras el reino seguía cayendo en un sueño del que nadie despertaba, dos jóvenes emprendieron el camino convencidas de haber encontrado el origen del mal. Todavía ignoraban que la verdad las aguardaba mucho más cerca de lo que jamás habrían imaginado.

♔♔♔

Las dos jóvenes se adentraron en el bosque, cada una portaba una antorcha mientras la luz del sol se ocultaba poco a poco en el horizonte.

—¿Por qué debemos venir aquí de noche? Admiro su valentía para no temerle a la oscuridad. Ni a cientos de bandidos que podrían aparecer de sorpresa. —Le comenta Cassandra. No dudaba de la princesa, pero no importa cuánto piense en ello, sabía que acercarse al corazón del bosque casi al anochecer era una completa locura.

—No te preocupes, Cass, todo estará bien.

—Perdone la insistencia, pero sigo sin entender por qué debíamos venir al anochecer.

—Porque el fauno mencionó la llama dormida. Quizás debe despertar cuando la luz del día también se duerma. —Suspira—. Sé que suena tonto, pero... debemos confiar.

La explicación tenía sentido... o al menos quería creer que lo tenía. Cass solamente quería encontrar la manera de salvar a su familia, y a los demás afectados por la llamada «la muerte dormida». Además... después de todo, eran la única pista que habían logrado conseguir.

El bosque estaba extrañamente silencioso: el sonido del viento era imperceptible, ningún pájaro cantaba, ni siquiera habían ardillas corriendo entre los árboles. El único sonido era el crujir de las hojas bajo sus pies. Solo en ese entonces, una melodía se escuchó: era suave, casi hipnótica.

—¿Oyes eso? —le pregunta Cassandra a su princesa.

—La flauta —concluye. Las dos poco a poco siguieron el sonido de la melodía, mientras la doncella apretaba el mango de la antorcha con fuerza.

El fauno no parecía sorprendido de verlas. Estaba sentado sobre una roca en el río Espejo. Las dos se arrodillaron en el suelo. Aunque el camino no había sido especialmente largo, la tensión del recorrido hacía que las piernas les pesaran como si hubieran caminado durante horas.

—Veo que han traído el fuego.

Helena le sonríe con los labios apretados y asiente—. Creo que desciframos el acertijo. —Él tocó unas cuantas melodías más y después las observó.

—Así es. El origen es el bosque. De alguna manera... algo pasa aquí y la enfermedad alcanzó al pueblo de Magoria —le confía Cassandra. El fauno frunció sus labios. Él no esperaba esa respuesta.

—¿Eso es lo que vosotras creéis? —Ambas se observan. No esperaban esas palabras. Él parecía sorprendido y a su vez, decepcionado.

—Bueno... Usted nos dio la profecía, nos habló de «las profundidades», creímos que se refería a...

—Las profundidades del bosque. —Concluye él. Helena asiente. Al ver la manera en la que ellas lo observaban, como si buscaran algún tipo de aprobación, no pudo evitar regalarles una sonrisa—. Las invito a mirar a su alrededor, muchachas. —Ellas obedecieron.

—No... No entiendo. —Acertó a decir Cassandra.

—¿Vosotras veis que el bosque está enfermo?

No. No lo parecía. Los árboles estaban verdes, los pájaros se bañaban en el lago, incluso los ciervos tomaban de su agua. No había ninguna señal de tan horrible enfermedad. Solamente había vida. Todo era hermoso y perfecto, era imposible que algo tan hermoso pudiera ocasionar tanto dolor y sufrimiento a su amado pueblo.

—Si la enfermedad hubiera nacido en este lugar, ¿no debería estar todo marchito y con tanta tristeza? —Borik introdujo una mano en el lago y al retirarla, las gotas se desprendían libremente de sus dedos. Incluso el agua se veía hermosa, completamente transparente y pura—. Quiero que sepáis algo, niñas. La naturaleza jamás hiere sin que antes alguien la haya herido.

El fuego de sus antorchas se apagó.

—Entonces... La enfermedad no nació aquí. —Concluye Helena. Borik negó lentamente.

—Me temo, niñas, que habéis confundido el mensajero con el camino. —Cada vez que él hablaba, se volvía más incomprensible para ellas.

Poco a poco, las jóvenes e inexpertas muchachas entendieron que no todo era lo que parecía: que el bosque no era el origen donde se inició la enfermedad, solamente donde habían recibido el mensaje.

—Buscáis donde escuchasteis la verdad... pero os digo que ningún árbol enferma cuando bebe agua pura. —Antes de continuar, sus ojos se posaron sobre la princesa y una leve sonrisa curvó sus labios—. Y del mismo modo, os digo que buscáis fuego donde solo hay madera. La llama que anheláis despertar aún duerme... y ni siquiera sabe que está soñando.

Solamente con decir eso, una ráfaga envolvió al fauno, hojas volaron a su alrededor, y otra vez, él había desaparecido.

Se observaron entre ellas, luego a las antorchas y Cassandra ayudó a la princesa a que se pusiera de pie. Ninguna dijo nada, solamente caminaron con sus brazos entrelazados, como si quisieran protegerse mutuamente, y regresaron al palacio.

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—No lo entiendo... —refunfuñó Helena mientras hacía girar la copa entre sus dedos.

Estaba a punto de beber cuando unos golpes resonaron en la puerta.

—Adelante.

La princesa dejó el recipiente sobre la mesa. Afuera, el cielo lucía despejado, ajeno a la enfermedad que consumía lentamente a Magoria. Se colocó la capa sobre los hombros justo cuando la puerta se abrió.




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