La magia prohibida | libro I

♔ Capítulo IV ♔

El rostro verdadero parte I

Hay verdades que se esconden tras un libro olvidado y mentiras que caminan con un rostro conocido. Algunos dedican su vida a perfeccionar el arte del engaño; otros pasan años ocultando quiénes son para proteger aquello que aman. Sin embargo, toda máscara tiene un límite. Porque el verdadero rostro de una persona nunca se encuentra en sus facciones, sino en las decisiones que toma cuando nadie la observa.

♔♔♔

Rhys abrió las cortinas para que la luz del sol resplandeciente iluminara la cámara del príncipe, obligándolo a despertar.

—Arriba —Theo maldijo aquel instante—. Mira que hermoso día. —Dice con una sonrisa adornando su rostro. Era consciente de lo mucho que molestaría al príncipe—. ¡Anda! —Le arrebata las mantas de su cuerpo, y él perdió la poca paciencia que le tenía.

—¡Oye! —Le arroja una almohada.

—Uy, fallaste. —Se ríe, pero Theo no se quedó con los brazos cruzados y le arrojó una copa de plata que estaba tirada en el suelo.

En ese momento, Rhys comprendió que su majestad tenía ganas de matarlo.

—¡Rhys! —él desapareció, refugiándose detrás de una columna—. En cuanto te tenga en mis manos te…

—Nop. No lo harás.

—No me pongas a prueba. —Lo amenaza con el dedo índice levantado, en señal de advertencia.

—Lo digo enserio. Si me matas ¿quién te vestirá, o limpiará tu armadura?

—¡Encontraré a alguien más competente que tú! —Rhys salió corriendo hacia el otro extremo.

—... O peor —continúa—, ¿quién te aguantará?

Theo no dejó objeto sin arrojar a su cabeza, pero solo con uno logró dar en el blanco. Aunque no causó el daño que él deseaba.

Lejos de ese caos, algo peor se avecinaba en el bosque Cernunnos, al Este de Eldor, gobernado por el rey Cadmo.

Tres amigos se encontraban de campamento: habían pasado dos noches en ese lugar, sin saber con certeza a dónde ir.

—Oye, Thorian, ¿no crees que Ellius ya tardó bastante? —Cuestiona Alaric.

—Es cierto. —Golpea su brazo con diversión—. Seguramente está fabricando la leña. —Ríe.

El otro también soltó una pequeña risa, aunque la duda no se había apartado de él.

De pronto, el aire se hizo más denso, como si algo sobrenatural estuviera en ese momento con esos hombres.

Ambos se levantaron del suelo y tomaron sus cuchillos. Pero solamente era su amigo quien aparecía entre los árboles.

—Ah. Eres tú, idiota.

Elius caminaba con paso tranquilo. El sol se filtraba entre las ramas y dibujaba manchas de luz sobre su rostro, pero había algo extraño en él. Caminaba despacio, con los hombros rígidos y la mirada fija en sus amigos.

—¿Por qué tardaste tanto? ¿Y la leña? —preguntó Thorian mientras volvía a guardar el cuchillo.

Ellius se detuvo a pocos pasos del campamento.

—Busqué... pero no había.

Los tres guardaron silencio. Alaric soltó una carcajada.

—¿No había leña? ¿En medio de un bosque? —preguntó como si fuese un absurdo.

Elius no respondió. Ni siquiera sonrió. Permaneció inmóvil, observándose con unos ojos que parecían incapaces de pestañear. Thorian sintió un escalofrío recorrerle la espalda, sabía que algo no estaba bien.

—Vamos, deja de bromear —insistió Alaric, dándole un leve golpe en el brazo—. Si no querías ir, bastaba con decirlo.

Nada, solo aquel silencio insoportable. El viento dejó de mover las hojas. Los pájaros se habían callado. Entonces Ellius inclinó lentamente la cabeza hacia un lado, como un animal que intenta comprender un sonido desconocido.

—¿Qué... haces? —preguntó Thorian, retrocediendo un paso.

Sin previo aviso, Ellius desapareció.

No corrió. Simplemente dejó de estar frente a ellos. Ninguno de los dos entendía cómo o en qué momento había ocurrido.

Un estruendo seco resonó en el bosque.

El puño de Ellius acababa de estrellarse contra el rostro de Alaric con una fuerza imposible. El hombre salió despedido varios metros antes de caer pesadamente sobre la tierra.

—¡Alaric!

Thorian dio un paso hacia él, pero Ellius ya estaba encima. El segundo golpe hundió el pecho del muchacho.

Thorian dudó unos segundos pero salió corriendo al darse cuenta que no era su amigo. Su amigo jamás reaccionaría de ese modo. Se refugió detrás de una roca, creyendo que así podría evitar que aquel monstruo que tenía el aspecto de su amigo, atacara.

El tercer golpe hizo crujir sus costillas.

Alaric apenas alcanzó a levantar un brazo para protegerse. La sangre comenzó a salpicar las hojas secas; cada impacto sonaba como un tronco partiéndose.

Thorian sintió que el terror le paraliza el cuerpo completo.

Aquello no era una simple pelea, era un homicidio.

Alaric dejó de moverse. Ellius continuó golpeándolo, como si no comprendiera que ya estaba muerto. La criatura levantó lentamente la cabeza: sus ojos, de un blanco lechoso, se clavaron en Thorian, sabía que él estaba ahí, pero no lo atacó.

Algo más pasó frente a sus ojos: la piel de su rostro comenzó a ondularse. Las facciones de Ellius empezaron a deformarse, como si estuvieran hechas de cera bajo el calor de una llama. La sonrisa se estiró demasiado. La nariz descendió unos centímetros. El cuello emitió un chasquido húmedo.

Thorian contuvo un grito.

La piel de Ellius comenzó a desprenderse.

No era una herida. No era una muda. Era un disfraz. Como una capa demasiado ajustada, el rostro de su amigo resbaló lentamente sobre los hombros y cayó al suelo con un sonido viscoso.

Debajo no estaba Ellius, jamás lo había estado. Un desconocido respiraba bajo aquel rostro robado.

Thorian sintió que el aire abandonaba sus pulmones. No esperó a descubrir quién era. Se dio media vuelta y echó a correr entre los árboles, mientras detrás de él resonaba un único sonido. Era una risa. Una risa que no pertenecía a ningún ser humano.

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