El rostro verdadero parte II
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—¿Hablaste con Quintus? —Le pregunta Bella a la princesa, quien aún buscaba entre páginas que se negaban a revelar respuesta alguna. Ella cierra el libro con un golpe seco y suelta un bufido.
—No pude —frunce los labios, apenándose—. Lo más cerca que estuve de él fue frente a la puerta de su cámara, y ni siquiera me atreví a llamar para preguntarle si podía recibirme.
Bella acarició su brazo para que no se sintiera culpable; sabía lo difícil que era para ella y no quería entrometerse más de lo debido.
—Descuida. De todos modos… encontré a alguien que sí estuvo dispuesto a ayudarnos… o eso creo —entrecerró los ojos confundida.
—¿Quién? —la mirada de Helena se iluminó.
Bella rodó los ojos con una sonrisa traviesa —. Borik. —La princesa Helena sonríe.
—Seguramente nos dio otro acertijo, el cual tendremos que equivocarnos como dos tontas. —Ríen suavemente.
—Así es.
—Dime cuál es. Qué dijo.
—Eh… dijo algo así como que… La verdad duerme donde nadie se atreve a mirarse… —trata de recordar—. No la hallarás entre espadas ni escondida bajo una corona. —Helena la observaba con atención mientras acariciaba la tapa del libro que traía en su regazo—. Busca aquello que jamás olvida un rostro, aunque nunca conserve ninguno. Los libros esperan mostrarte aquello que los ojos jamás han visto.
Helena abrió la boca para responder al acertijo pero los pasos de Theo y Rhys la interrumpieron.
—Helena —la llama su hermano—, ¿todo bien? —Les pregunta sin poder evitar sentirse preocupado.
Después de todo lo que había pasado y con una criatura que podía transformarse en cualquier persona, temía estar demasiado ocupado cazándola, como para advertir si ella corría peligro. Las dos jóvenes se observaron, creyendo que no había motivo para que algo malo estuviese ocurriendo.
—Ehmm… Quintus nos dijo que estuvieron aquí todo el día y Theo creyó que algo malo estaba pasando. —Responde Rhys por él.
—Gracias, Rhys, pero puedo hablar por mí mismo —le dice entre dientes.
—¡Pero hablas con mucho suspenso y me pones nervioso! —se queja.
—¿Qué sucede, Theo? —los interrumpe Helena.
—Es mejor que vayas a tu cámara. Puedes seguir leyendo mañana. —Helena alza sus cejas y toma a su sirvienta del brazo.
—Vámonos, Bella, porque aquí parece que alguien se pondrá gruñón —Theo toma a Bella del brazo, evitando que avanzara.
—No. Rhys te va a acompañar. Es mejor que te vayas a casa por hoy, Bell. No es seguro que la noche caiga sobre ti. —Bella observó a la princesa, sin entender qué estaba pasando.
Sin más remedio, guardaron las objeciones que traían en su pecho, y se vieron obligadas a obedecer. Aunque él no les había dicho nada, sabían a la perfección que esa sobreprotección se debía a los sucesos que Thorian había contado en la mañana. Esa había sido la última vez que Helena había visto a su hermano, y que luego vaya y le ordene ir a su cámara… sin dudas esa historia lo había dejado paranoico, pensó Helena.
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Rhys abrió la puerta de la cámara y le dejó paso. Helena se apoyó en el umbral y lo observó con detenimiento, él al percatarse de aquello, sintió sus manos temblar. Ni el miedo a ser descubierto lo ponía tan nervioso como el hecho de que la princesa le estuviese poniendo tanta atención.
Helena no podía quitar de su cabeza el sueño que había tenido con él la noche en que lo conoció. Parecía haber visto el futuro, pensó.
—¿Cómo me vería con los ojos violeta? —le pregunta de repente.
—¿Cómo? —titubeó un instante.
—He notado que muchas personas tienen los ojos azules o verdes o… ese marrón tan profundo como el tuyo… me gusta más que el color azul, para ser honesta —y para ser honesto consigo mismo, Rhys sentía que estaba a punto de desmayarse si ella seguía viéndolo así—. Pero… los ojos violeta, jamás he visto a una persona con ese color, ¿qué opinas?
Él no sabía por qué ella estaba preguntando algo así, pero creyó que si no respondía quedaría como un idiota y no quería, por lo menos no frente a ella.
—Ehmmm, los ojos en un tono violeta creo que sería imposible… —tragó saliva con dificultad—, pero si eso llegara a ocurrir, o sí tú los tuvieras… creo que te quedarían muy bonitos.
Ella sonríe y él sintió sus piernas temblar—. ¿No lo dices por compromiso? —indaga con la diversión asomándose en sus ojos.
Él negó rápidamente—. No. Claro que no. De hecho, si fueras un sapo con verrugas igual serías hermosa porque ser hermosa es tu naturaleza… —al ser consciente de sus palabras dejó de hablar inmediatamente, creyendo que había dicho más de la cuenta—. Lo… Lo siento, mi lady. Que… Que tengas lindos sueños.
Se fue sin decir más nada y corrió por los pasillos, deseando ser asesinado por el doppelgänger en ese instante, o de otro modo, tendría que verla al día siguiente.
Helena se quedó completamente estupefacta, pero en cuanto se dio cuenta de lo que había pasado comenzó a reír.
—Ay… es tan tierno. —Comenzó a tararear una balada.
Helena volvió a sonreír para sí mientras seguía tarareando. Rhys era diferente. No porque fuera un sirviente ni porque se pusiera nervioso, sino porque cada palabra que salía de su boca parecía nacer del corazón. No recordaba la última vez que alguien le hubiera hablado con una sinceridad tan desarmante. En un palacio donde casi todas las palabras estaban medidas por la etiqueta o el interés, Rhys parecía incapaz de fingir. Y, más que cualquier cumplido, era esa honestidad la que comenzaba, poco a poco, a cautivarla.
Después de quitarse todas las joyas y ponerse cómoda para dormir, se dejó caer en la cama con una sonrisa imposible de borrar.
Afuera el aire era frío, el cabello de Bella danzaba al compás del viento mientras algunos mechones entorpecían su vista.
Ella y su acompañante caminaron varios minutos en silencio, jamás creyó que Theo se ofrecería a llevarla: fue un gesto lindo, y a la vez, sorprendente.