La magia prohibida | libro I

♔ Capítulo VII ♔

El canto de las aves

—¿Qué opinas de Atenia? —preguntó Livia a su hermana mientras observaba una flor junto a la ventana.

—Es hermoso. Tan encantador que, si nuestro padre nos dijera que vamos a permanecer aquí durante toda nuestra vida, le estaría agradecida eternamente.

Livia se volvió hacia ella. Eveline tenía una sonrisa soñadora que jamás había visto en su rostro.

—¿Estás hablando de Atenia o de… algo que te haya llamado más la atención? —preguntó, alzando una ceja.

—Ah… El reino es hermoso. No es muy diferente a Valenor —respondió, restándole importancia.

Livia se acercó y la obligó a tomar asiento sobre la cama.

—Llegamos hace casi dos horas. Es imposible que ya te hayas enamorado, si es eso lo que tratas de decirme.

Los ojos de su hermana centellearon. Livia conocía demasiado bien aquella expresión.

—¿Por qué es imposible?

—Porque no tuviste tiempo de hablar con nadie.

Eveline bajó la mirada hacia la flor que sostenía entre los dedos.

—Solo lo vi durante un segundo… pero mi corazón saltó de alegría. Jamás me había pasado algo así.

—¿De quién se trata?

Durante unos segundos pareció considerar si debía contárselo. Finalmente, una sonrisa se escapó de sus labios.

—A diferencia del rey o sus hijos, él no llamaba la atención. Era solo un muchacho. Así como yo.

—No, Eve. Tú no eres solo una muchacha. Eres una princesa. Y si te enamoras de alguien que está por debajo de ti…

—Ya sé lo que haría nuestro padre. No tienes que decirlo. —Livia asintió y acarició su mano.

—Pero cuéntame. ¿Quién era?

—¿De verdad te interesa saber?

Su sonrisa se ensanchó—. Por supuesto. Así podré saber si es bueno para ti o no.

—Dijiste que era imposible, ¿y ahora quieres saber si es un buen muchacho?

Livia asintió.

—Es mi deber como hermana.

Eveline soltó una pequeña risa.

—Entonces…

La puerta se abrió antes de que pudiera continuar.

Freya apareció en el umbral con una sonrisa amable.

—Freya —saludó Livia—. ¿Necesitas algo?

—Solo quería saber cómo se adaptaron a sus nuevas cámaras.

—Bien, gracias.

A ninguna de las dos les interesaba hablar demasiado con ella. Desde hacía años tenían la sensación de que había algo oscuro en el corazón de su madrastra, algo que nunca habían logrado comprender.

—¿Sabes cuánto tiempo nos quedaremos? —preguntó Livia.

—Su padre no ve al rey Edmund desde hace mucho tiempo. Son viejos amigos y nuestra estancia aquí será de algunas semanas. Creo que también establecerán una unión entre ambos reinos.

—¿Qué clase de unión? —preguntó Eveline. Freya mantuvo la sonrisa.

—Una de ustedes tendrá que casarse con el príncipe Theodoro.

Las dos hermanas se observaron.

—Anímense, niñas —continúa—. No pongan esas caras. Tendrán varias semanas para conocerlo. Solo entonces sabrán cuál de las dos debe casarse con él. El amor llegará cuando menos lo esperen.

Freya salió y cerró la puerta detrás de sí. La sonrisa desapareció de su rostro.

Había esperado casi veinte años por aquel momento.

☾ ✧ ───── ✧ ☽

Rhys se encontraba en la cocina acompañando a Bella mientras ella preparaba una bandeja de frutas para llevar a la cámara de las gemelas.

El muchacho parecía estar en otro lugar. Bella lo observó durante unos segundos.

—Rhys.

No respondió.

—Rhys.

Nada. Tres veces más repitió su nombre, pero el muchacho continuó mirando hacia la nada con una sonrisa imposible de disimular. Bella negó con la cabeza y lo llamó una última vez antes de zarandearlo suavemente del hombro.

—¿Qué?

—Creí que estabas en un sueño sin fin.

—¿Por qué?

—Porque te llamé varias veces y no escuchaste ninguna. Estás en las nubes.

Bella intentó conservar la seriedad, pero una risa se le escapó.

—Lo siento. Estaba…

—No tienes que darme explicaciones. Sé lo que te pasó.

Rhys alzó las cejas.

—¿Lo sabes?

—Así es. Te vi observando a una de las princesas.

Él bajó la mirada, intentando ocultar una sonrisa—. Aunque no recuerdo cuál. Son idénticas.

—No son iguales.

Bella lo miró con curiosidad.

—¿Cómo puedes distinguirlas?

—Eveline es diferente.

—Ah… Es cierto. Sus vestidos son distintos.

—No —respondió él, negando con la cabeza—. No era por su vestido.

Bella arqueó una ceja.

—Entonces, ¿cómo?

Rhys sonrió—. Sus ojos.

—¿Sus ojos?

—Sí. Son maravillosos. Hablan sin hablar. No sé cómo explicarlo.

Bella dejó la bandeja sobre la mesa.

—Creo que alguien está enamorado.

Rhys soltó una pequeña risa.

—Mi corazón latía con tanta fuerza cuando la vi que por un momento creí que se me salía del pecho.

Bella lo observó con una mezcla de diversión y ternura.

—¿No crees que sentiste demasiado para una primera impresión?

—Puede ser. Pero te juro que lo que sentí no fue algo insignificante.

Bella tomó nuevamente la bandeja, sin poder dejar su sonrisa de lado.

—Como sea. Hazme un favor.

Él asintió—. Lleva esto al cuarto de las recién llegadas.

Los ojos de Rhys se iluminaron.

—Te amo.

Besó su mejilla y tomó la bandeja antes de salir casi corriendo.

Bella se quedó mirándolo, teniendo que las cosas se cayeran de sus manos.

—Definitivamente está enamorado.

☾ ✧ ───── ✧ ☽

—Padre.

Theo entró en la habitación del rey. Edmund permanecía frente a la ventana, no se volteó a verlo.

—¿Qué necesitas?

—¿Sabes por qué invité al rey de Valenor y a sus hijas?

Theo tardó unos segundos en responder—. ¿Porque son viejos amigos?

Edmund se volvió.

—También. Pero hay otra razón.

Theo esperó.

—Tendrás que conocer a las princesas. Luego elegirás con cuál de ellas deseas casarte.




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