La magia prohibida | libro I

♔ Capítulo VIII ♔

El pétalo de una rosa parte I

Helena abrió los ojos. Estaba de pie frente al Lago Espejo. No sabía cómo había llegado hasta allí, pero no podía evitar pensar que el bosque estaba completamente inmóvil; no había viento, las hojas no se movían y ni siquiera podía escuchar el canto de las aves.

Al otro lado del lago estaba Eveline. Al verla, Helena frunció el ceño, confundida.

Llevaba un vestido blanco que descendía hasta sus pies descalzos, que estaban sobre la hierba. Su cabello caía sobre sus hombros y su rostro estaba tan pálido que Helena sintió un escalofrío.

—¿Eveline?

La princesa levantó lentamente la mirada. Helena no sabía por qué, pero al verla sintió una extraña tristeza.

—¿Qué haces ahí?

Eveline sonrió con amabilidad—. No mires la desgracia. No tendrás tiempo para concentrarte en lo que solo ven tus ojos. Cuando la noche caiga antes de lo esperado, solo dos corazones se mantendrán cuerdos y creerán con el corazón, no con los ojos.

Helena frunció el ceño—. ¿De qué hablas? No entiendo.

—Tienes que hacerlo, Helena —la voz de Eveline sonaba extrañamente serena—. Tú eres inteligente. Y tu magia es más poderosa de lo que imaginas. Nadie jamás podrá igualarla. Solo tienes que creer que eres capaz.

—¿Cómo sabes…? —dejó su pregunta flotando en el aire.

Eveline no respondió, solo miró hacia el agua: una rosa blanca flotaba sobre la superficie del lago. Helena no sabía de dónde había salido. La corriente la llevaba lentamente hacia la orilla, mientras uno de sus pétalos temblaba con cada pequeño movimiento del agua.

—Algo ocurrirá —dijo Eveline al fin—. Y cuando suceda, necesitarán a alguien a quien culpar. —Helena dio un paso hacia el frente, pero Eveline parecía alejarse.

—¿Por qué? ¿Culpable de qué?

—Porque cuando las personas sufren, se aferran al dolor y necesitan encontrar un culpable para poder soportarlo.

Helena dio otro paso. La distancia entre ellas aumentó.

—¿Qué es lo que pasará? —Su propia voz comenzó a sonar lejana. Eveline la observó con una tristeza que Helena no supo comprender.

—Una desgracia. —Confesó, pero Helena sentía que seguía sin ser suficiente.

El pétalo de la rosa se desprendió y cayó sobre el agua, Helena lo siguió con la mirada.

—¿Y será culpable? —preguntó, con la esperanza de que respondiera a su pregunta.

Eveline negó lentamente con la cabeza.

—No. Su corazón es demasiado noble para hacer algo así. Pero cuando todos crean lo contrario, nadie se detendrá a escuchar lo que él tenga que decir.

Helena volvió a mirarla.

—Entonces, ¿qué debo hacer?

Detrás de Eveline, la luz comenzaba a hacerse más intensa, hasta el punto en que cegaba sus ojos. Helena comenzó a sentir angustia por algo que sucedería, aunque no supiera qué era, y por qué le afectaría tanto. Solo tenía deseos de llorar.

—Confía en ti, Helena, lo que vendrá, tú serás parte de la solución.

—Eveline, no entiendo nada.

—Cuando llegue el momento, deberás hacerlo. Deberás entender —Eveline bajó la mirada hacia el lago—. Él llorará a una flor nacida entre mármoles. Pero su paz crecerá junto a una flor que nació lejos de ellos.

Helena sintió que aquellas palabras escondían algo que debía recordar.

—¿Quién? ¿Quién es él?

Eveline levantó los ojos hacia ella. Por un instante, pareció que iba a responder, pero no lo hizo. El viento irrumpió de repente en el bosque, las hojas comenzaron a volar alrededor de Eveline y la rosa fue arrastrada hacia el centro del lago. El pétalo se alejó de Helena hasta desaparecer entre las aguas.

—Eveline…

La luz se volvió insoportable.

—Cuando llegue el momento, deberás entender. —Repitió.

—¡Eveline! —La voz de Helena se perdió entre la brisa. El viento sopló fuerte, las hojas volaban alrededor de Eveline y la luz se hacía cada vez más intensa.

Despertó sobresaltada.

—Mi lady —Bella se le acercó mientras ella seguía agitada—. ¿Estás bien?

Helena asintió mientras restregaba su rostro.

—¿Otra pesadilla?

—Sí, pero… esta vez fue diferente, no se sintió cómo una premonición, fue una advertencia. —Helena le contó su sueño de principio a fin, sin saltarse ningún detalle.

Mientras tanto, Rhys tocó la puerta de la cámara de las princesas; la misma sensación que había tenido el día anterior respecto a Eveline, seguía presente esa mañana. La puerta se abrió y quién estaba frente a él era su hermana gemela, supo distinguirla por la manera en la que lo miraba: como si no estuviese convencida de esa relación, o de él.

—Mi hermana ahora viene. —Rhys asintió, nervioso.

Mientras esperaba, podía sentir la mirada de Livia en él, parecía estar examinándolo de los pies a la cabeza. Rhys estaba sentado en el suelo frente a la cámara, esperando a que aquella señorita apareciera.

—Le agradas —comentó al fin Livia. Rhys alzó la mirada hacia ella.

—¿Qué?

—Mi hermana. Ella no suele ver a muchas personas, solo a mi padre y a mí, y a quienes trabajan en el palacio. —Rhys asentía, aunque no sabía por qué ella le estaba contando eso—. Puedo ver en tus ojos que eres un buen muchacho, y que la protegerás con tu vida. —Rhys se puso de pie.

—¿Protegerla?

—Incluso de sí misma. —Rhys sabía que se estaba refiriendo a su don, pero aún así, seguía confundido.

—Lo prometo —ella sintió que era sincero, y por eso estaba agradecida—. ¿Tú… ? ¿Tú eres igual? —se atrevió a preguntar, aunque al momento de hacerlo se arrepintió, creyendo que Livia se molestaría.

—Lo soy. —Afirma con sorprendente tranquilidad—. Nacimos así.

—Te prometo que guardaré este secreto para siempre. Nadie lo sabrá por mí.

Livia dio un paso hacia a él y lo observó a los ojos—. Pareces un buen muchacho. Creo que ya sé lo que Eveline vio en ti. —Sintió como el calor subía a sus mejillas—. No sé si estoy loca o solo sigo lo que siento, pero siempre y cuando tengas buenas intenciones con ella, apruebo la relación que llegue a existir entre ustedes. —Rhys estuvo a punto de responder agradecido, pero Eveline se hizo notar en medio de aquella conversación.




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