Con mucho cuidado agarre la caja, al abrirla una luz blanca inundo la habitación, me sentía rara, desconcentrada, un sentimiento que no sabía cómo explicarlo, me dirigí a un espejo, al verme era definitivamente otra persona, no podía ser yo la que estaba al frente.
-No lo puedo creer, que es esto. – dije con confusión, era un traje muy inusual nunca había visto uno así, creo que no sería digno de una princesa. Se podía ver un corset blanco con tonos violeta, una mini chaqueta con el mismo diseño, mi cabello estaba atado, unos pantalones negros y unas botas blancas con accesorios morados, el traje estaba precioso, pero lo que más me llamaba la atención eran los abanicos, no podía darle mucha importancia a todo este conjunto, era momento de pelear, aunque no tuviera conocimiento de aquello. Me dirigí a salir de la habitación, tratando de idear un plan sorpresa, hasta que sentí una daga en mi cuello.
-Hola. – dijo sonriente
-Te dije que te fueras, no te quedo claro-dije harta, podía sentir el frio del cuchillo sobre mi cuello, él me estaba quitando el tiempo de lograr mi objetivo
-Como te explico preciosa, soy ayudante de la hechicera que esta abajo llamada Odessa, me pidió que te llevara con ella y como soy el mejor en mi trabajo te llevare. - dijo orgulloso
-claro, déjame adivinar ahora pelearemos, está bien lo acepto, yo pelearé con estas cosas. - mostré mis abanicos.
-Creo que eso no es un arma, o acaso, ¿Tú nivel de realeza es muy bajo? -Dijo con una risa burlona.
-Que cruel eres no me imagino como te aguantan, o mejor aún, eres adoptado.
-Eres mala, pero con tus pocos conocimientos, no me harás nada. -dijo el con una sonrisa.
Lo empujé para que me diera espacio, no tenía conocimiento de cómo defenderme, pero tenía que salvar mi propia vida, abrí los abanicos, no sabía cómo explicar lo que paso después, los abanicos desprendieron una neblina parecida a una nebulosa, él podía no ver nada, yo sí, corrí lo más rápido que pude y di el primer golpe y creo que fue mejor cuando los abanicos brillaron y tenían un poco de filo.
-Me tocas con eso y te clavo la daga en el pecho, Ivette, te lo juro.
-Ahora ya no soy la piedra preciosa-Dije burlona- me ofendes, pero puedo vivir con eso.
Me acerqué corriendo y le di un leve rasguño, empezó a sangrar, asombro y miedo, eran las dos palabras que me describían mejor.
-Sabes que no será la última vez que me veras, adiós, Ivette. -Dijo él mientras se cubría el brazo.
Cuando el desapareció, corrí tan rápido como pude hacia el primer piso y ahí estaba la hechicera con mis padres, ellos me miraron sorprendidos, ella me hablo.
-Vaya, lo que trajo el ayudante, una niña con un traje para nada digno de una princesa. -Dirigió su vista hacia mí con molestia.
-Hey, todavía no soy una princesa por lo menos yo sí tengo un lugar en el reino
-Quien te crees para hablarme así. -Dijo indignada
-Yo soy la futura princesa aun no coronada, Ivette y ahora te hare pagar por meterte con la realeza sin un motivo aparente.
-Te desearía suerte querida, pero tengo otros reinos que destruir, por el poder que me confiere el reino de las sombras, desde ahora el reino que una vez fue nieve ahora será agua hasta que la futura princesa Ivette de inverna muera a manos de kieran blackthorn, y los habitantes mueran de tristeza. Ese será tu destino, adiós.
me apresure para alcanzarla y antes de darle un golpe en la cara, desapareció, frustrada tire el abanico a una pared, pude ver como volvía a tener mi vestido incomodo, parece que debo tener los dos abanicos para quedarme con el traje, intentando buscar una solución escuche a mi pueblo gritar, me dirigí a ver qué pasaba, no podía creer lo que estaba viendo toda la nieve se estaba derritiendo.
-Por favor mantengan la calma, yo como la futura princesa, no dejare que le pase nada a mi pueblo, pero por ahora, mantengan la calma y busquen un lugar seguro.
Al finalizar esas palabras, caminé hacia donde estaban mis padres, guardé los abanicos en su caja y les hablé esperando que me expliquen la situación.
-Me pueden explicar de donde salió todo esto, sobre todo que está pasando ¿¡porque mi reino no sabe de esto!? y por qué esas cosas. - apunté a los abanicos- estaban en mi habitación.
-Veras, hija mía, hace mucho tiempo, tu madre era ninfa de un pequeño pueblo escondido calizterya se llama pocas personas tenían algunos de estos elementos, tu madre no había recibido uno, pensó que su familia estaba destinada a la miseria, tu abuela dijo que ella era mucho más especial que el resto de la gente de ese pueblo, entonces la llevo a una cueva conformada por cristales incrustados por todas partes y ahí en el centro estaban los abanicos de calizterya, una de las fuentes más grandes de poder, a tu madre le sorprendió saber que ella era portadora de esas magnificas joyas, tu abuela le enseño todos los movimientos mágicos que tenían los abanicos, pero un día una hechicera llamada Odessa llego a calizterya, provoco que todo calizteria se marchitara, sus cristales apagados, tú madre después de una larga lucha encerró a Odessa por mucho tiempo y escondió los abanicos, hasta que su nuevo ayudante apareció, Kieran blackthorn, él le otorgo la libertad y ella está aquí para terminar tu destino.
-Hija mía, tendrás que emprender un viaje y ahora no encerraras, si no que matarás a Odessa, tendrás que viajar, sobrevivir y conocer aliados, descubrirás nuevos movimientos con los abanicos y buenos golpes, ¿Esta lista flor mía?
-Empecemos a reescribir mi destino. -Dije con una sonrisa.
¿Cuánto duraría mi viaje? no lo sé, pero lo que si sabía es que mi historia acaba de comenzar...
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Editado: 23.12.2025