Día cinco buscando a la "princesa"
El pueblo de Aelhyria sigue igual: desordenado, ruidoso, predecible.
Yo también sigo igual: sin respuestas.
Mi padre cree que estoy cumpliendo con "mi nueva responsabilidad".
No sabe que tengo otras.
La escuela también forma parte de la misión. Asignaciones, tareas... nada difícil. Kaelthar insistió en que debía hacerlas para no levantar sospechas. Cumplí. Eran ejercicios básicos. Pérdida de tiempo.
Lo importante es esto:
La princesa debe tener alrededor de dieciocho años. En esta escuela, solo los cursos superiores encajan. Mi curso tiene treinta y cuatro alumnos: diecinueve chicos, quince chicas. Cualquiera de ellas podría ser.
He observado.
He analizado.
Nadie encaja.
Aún.
Mientras repasaba mentalmente todo, un grito atravesó el aula:
—¡¡Esto es imposible!! ¿Quién inventó las matemáticas? ¡De verdad quiero hablar con él!
Mirle.
Extrovertida, ruidosa, sincera hasta el borde de lo imprudente.
La persona más fácil de identificar del salón... y la que más llama la atención.
Kaelthar dijo que debía "socializar". Según él, "generar lazos hace más fácil encontrar información".
No veo el sentido. Pero si ayuda a la misión, lo haré.
Caminé hacia ella.
Apenas me acerqué, se quedó rígida, casi ofendida.
—¿Te ayudo? —pregunté.
Mirle retrocedió un poco, entre confundida y alarmada.
—Oye, amigo... ¿te picó algo? No me mires así, pareces listo para quitarme los órganos.
Recordé lo que dijo Kaelthar: "Relajé la mirada. Intente... sonreír."
Lo intenté.
Ella se echó hacia atrás todavía más.
—Lo lamento, señorita Mirle —respondí, controlando el tono—. Mi intención es ayudarla.
Señalé su libro.
Mirle parpadeó varias veces.
—Ah... ¿me quieres ayudar... a mí? —se señaló el pecho— ¿En matemáticas?
Asentí.
Antes de que pudiera decir algo más, escuché una voz suave a su lado:
—Voy al baño, profe.
Era ella.
Thalira.
La chica que se sienta junto a Mirle.
No habla con nadie más.
No hace ruido.
No busca atención.
Solo participa cuando el profesor pregunta, y lo hace con la seguridad de quien ya conoce la respuesta antes de que terminen de formularla.
Es lo opuesto a Mirle en absolutamente todo.
Thalira pasó a mi lado. Me dedicó una mirada breve, demasiado rápida para interpretarla... y luego, antes de salir, dijo:
—Puedes usar mi asiento si quieres. —Luego miró a Mirle y le guiñó un ojo.
Mirle abrió la boca como si acabara de presenciar una traición histórica.
—¿Qué? ¡Thalira!
Ignoré eso y tomé el lugar vacío.
Mirle soltó un "no puedo con esto" mirando su libro, mientras dejaba caer los hombros.
Para mí era sencillo.
—Es fácil —le dije.
Ella sonrió con sarcasmo.
—Perfecto, estatua viviente, ilumíname con tu sabiduría.
Comencé a explicarle paso por paso.
Fracciones, transformación, reducción...
Mirle me miraba como si yo hablara en un idioma desconocido.
—¿Ese número salió por arte de... magia? —preguntó con total seriedad.
Negué.
—Es solo álgebra.
—Pues tu álgebra duele —refunfuñó.
Mientras le explicaba, mi atención se desvió involuntariamente hacia la puerta.
Thalira no regresaba.
Extraño.
Entró unos segundos después. Evitó mirar a cualquiera. Se acercó y pidió que le devolviera el asiento. Asentí y regresé al mío.
Mirle intentó hablarle. Ella la ignoró.
No supe qué ocurrió. Tampoco era relevante.
El timbre sonó. Fin de clases.
Guardé mis cosas. Thalira salió casi corriendo. En su prisa dejó caer algo. Iba a recogerlo, pero alguien más lo hizo antes. Se lo llevó.
¿Lo devolverá?...
No importa.
Salí del colegio. Avancé unas calles mientras el sol descendía. Las nubes se acercaban al pueblo.
Lloverá.
De todos modos, ya no estaría aquí.
Entré en un callejón. Confirmé que no hubiera testigos. Abrí el portal de regreso al castillo. Como cada noche.
Ya estaba en mi alcoba.
Golpes suaves en la puerta.
—Príncipe, ¿ya llegó? —la voz de Kaelthar.
Abrí.
—Veo que sí —dijo—. Señor, tengo la información. Toda.
—Bien. Ordenémosla.
Caminamos hacia la biblioteca. Kaelthar había descubierto que el superior de la escuela guardaba registros completos de cada estudiante en su oficina. Desde ahí surgió un nuevo plan: clasificar datos, descartar elementos inútiles y obtener sospechosas inmediatas.
—Esto debiste hacerlo antes —dije.
—¿Disculpe, señor?
—Robar información. Habrían encontrado a la princesa mucho antes.
—Señor, no podíamos entrar a ese lugar. Lo intentamos, pero por la noche había guardias con armamento desconocido. Superior al nuestro. Y de día, aunque usáramos disfraces, solo los estudiantes pueden entrar. No sabíamos que ahí guardaban estos registros.
—Comprendo.
—Sin mi no lo hubieran conseguido —Concluí.
—si.
Revisé los documentos. Memoricé cada dato.
Cada chica. Cada chico.
Toda información útil.
La encontré.
Sheryl Verabia.
Lugar de nacimiento: ninguno registrado.
Fecha de nacimiento: 11 de febrero.
Mi fecha de nacimiento. Que coincidencia.
—Señor, mire esta chica. Dice "adoptada".
Thalira Miler.
Lugar de nacimiento: ninguno registrado.
Fecha de nacimiento: 8 de marzo.
Adoptada.
No coincide con la fecha de la princesa.