La maldición de la corona

Capítulo 4 - Thalira

Por fin viernes.

No sé quién inventó los viernes, pero debería tener una estatua. O al menos un agradecimiento oficial. Dos días sin sobrevivir a clases, sin calcular miradas, sin dramas innecesarios. Un fin de semana tranquilo.

Eso pensé mientras entraba al salón, convencida de que el universo, por una vez, iba a cooperar.

Error.

El aula parecía un mercado. A la izquierda, un grupo de chicas se contaba algo con tanto entusiasmo que juraría que estaban resolviendo el misterio del siglo. Se empujaban, se reían, exageraban cada gesto como si la vida fuera una comedia romántica... y yo, sin querer, sonreí.

Sí, soy débil ante la risa ajena. Siempre lo he sido.

Tranquila

No pasa nada. Solo gente siendo gente.

En la otra esquina... claro. Una pareja.

Cerca. Cómoda. Demasiado sincronizada para mi paz mental.

Y ahí fue cuando mi cerebro decidió traicionarme.

No porque me moleste ver parejas.

Es solo que yo ya jugué ese juego. Me aprendí los diálogos, me creí el final feliz... y el giro de trama no me gustó nada.

Desvié la mirada como si el piso tuviera algo interesantísimo que ofrecer.

Spoiler: sorprendentemente, sí lo tenía.

Un collar de tulipán. Pequeño, delicado. Recordé al instante que Mirle lo llevaba puesto desde el primer día de clases. Seguramente se le había caído. Lo recogí, lo guardé en mi bolsillo y continué caminando hacia mi asiento.

Bien, Thalira, felicidades. Viniste a clase y encontraste un objeto perdido. Nivel de aventura: moderado.

Respiré hondo. Sonreí. Activé mi modo "todo está bajo control, lo prometo".

-Buenos días, Mirle... -dije, sentándome-. Oh. ¿Nuevo look?

Ella sonrió de inmediato, tocándose el cabello con orgullo.

-Siiii, ¿te gusta? -dijo, girando un poco la cabeza para que le viera bien el cabello-. Mis amigas prácticamente me obligaron. Dijeron que mis rizos estaban "desperdiciados".

Hizo comillas con los dedos.

Luego dio una mirada rápida a mi cabello, me percate de lo que estaba pensando, y como caído del cielo el profesor entro al salón.

-Muy bien, todos en silencio -anunció-. Es hora de divertirnos con matemáticas.

Sentí un alivio inmediato. Casi celestial. Ya presentía que Mirle estaba a punto de presentarme a alguien otra vez, y no tenía la energía emocional para eso un viernes.

Gracias, matemáticas, por salvarme socialmente.

No es que me asuste acercarme a alguien.

Solo me asusta acercarme a la persona equivocada.

Porque ya me pasó. Antigua escuela. Gente que parecía inofensiva. Situaciones que empezaron bien y terminaron... bueno, mejor no revivirlas un viernes.

Este año quiero paz.

Cero corazones rotos. Ni el mío. Ni el de nadie más.

Plan sencillo. Plan perfecto.

Mirle hizo una mueca dramática y se inclinó hacia mí.

-¿Matemáticas? ¿Un viernes? -susurró, llevándose una mano al pecho-. No. Esto es violencia académica. El nuevo horario me cae mal y todavía no lo conozco.

Por su expresión de absoluto tormento solté una risa baja. Pero se me congeló un poco cuando el profesor empezó a escribir en la pizarra un ejercicio que, a simple vista, ya parecía querer arruinarle el día a más de uno.

-Antes de empezar, recuerden esta fórmula -dijo-. Con este ejercicio veré cómo están en matemáticas, y en la siguiente clase trabajaremos sus dudas. Empiecen.

Copié el ejercicio. Bien. Solo tengo que recordar el primer paso...

Perfecto. No lo recordaba.

Está bien, improvisemos con dignidad. Empecé factorizando. A ver qué pasa. Usando la fórmula... sí... creo.

Mientras intentaba ordenar mis ideas, alguien pasó por mi lado.

No mires, Thalira.

No mires.

Concéntrate.

-Terminé, profesor. Estuvo fácil.

Esa voz.

Ya la había escuchado. No lo pude evitar: alcé la mirada. Jayden. El chico nuevo.

Se escucharon varios murmullos en el salón. Yo me llevé las manos a los oídos, como si eso pudiera ayudarme a concentrarme.

Concéntrate.

El tiempo pasó y, milagrosamente, terminé el ejercicio. Fui a presentarlo al profesor. Me dijo que estaba bien, aunque me había complicado tomando el camino largo. Me estaba explicando uno más corto cuando Mirle explotó:

-¡¡Esto es imposible!! -soltó, dejando el lápiz sobre la mesa-. ¿Quién inventó las matemáticas? ¡De verdad quiero hablar con él!

La clase estuvo completamente de acuerdo con ella. Cuando iba a sentarme para ayudarla, vi que Jayden se acercaba a su mesa.

Y... vaya.

Postura relajada. Espalda recta, pero no rígida. Mirle, en cambio, parecía a punto de sufrir un infarto. Ojos muy abiertos y, agarraba el lápiz como si fuera un salvavidas.

Si esto fuera una película, estaría a segundos de desmayarse de forma dramática.

No escuché lo que decían, pero vi que Jayden señaló el libro y parecía querer ayudarla.

Por los rumores, Mirle tiene historial. Bastante.

Ella había estado con medio salón. Y no me sorprende: su carácter es increíble. Solo que algunos chicos no saben escuchar verdades en ciertas situaciones... y ahí vienen los finales feos. Engaños. Dramas.

Jayden no parecía ese tipo de chico.

Pedí permiso para ir al baño. Antes de salir, le dije a Jayden que podía usar mi asiento y, de paso, le lancé a Mirle una mirada cargada de un mensaje claramente telepático:

Que te vaya muy bien. Muchísima suerte.

Respira.

Si mueres, avísame.

Y me fui.

Salir al pasillo fue como apagar el ruido. Caminé unos pasos y solté el aire que no sabía que estaba conteniendo.

Tranquila, Thalira.




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