Morgan
La noche me tragó de nuevo.
Me encerré en mi habitación con la excusa de descansar, pero era mentira. No podía dormir. El fuego en la chimenea se consumía lento, y cada chispa que moría me recordaba el calor extraño que había sentido en mi pecho, cuando el Ulrakk me drenaba. No era solo miedo. Fue algo más. Un poder que se agitó, como si quisiera responder, pero que no supe controlar.
Me senté frente al espejo de cobre que colgaba en la pared. Tenía las ojeras profundas, la piel pálida, y sin embargo mis ojos parecían... distintos. Había un reflejo plateado en ellos que no recordaba tener antes.
—No fue suerte —me susurré a mí misma, recordando lo que le había dicho a Nyra—. No fue suerte.
El grimorio descansaba sobre la mesa, cerrado, pero lo sentía latir. Desde la ceremonia algo había cambiado en mí, y no podía ignorarlo. Pasé los dedos sobre la cubierta, sobre la luna nueva grabada en relieve. El recuerdo de Kai a mi lado, de su voz diciendo que sería lo que yo decidiera ser, me atravesó como un eco imposible de ahogar.
Pero el aquelarre no me iba a permitir decidir nada.
No mientras Nyra siguiera tratándome como si fuera una niña a la que mantener atada.
Me tumbé en la cama sin quitarme el vestido, con la mirada fija en el techo. El sueño no llegó. Solo la certeza de que, tarde o temprano, tendría que elegir a quién escuchar.
Kai
El salón de la mansión ardía con la luz de la chimenea, pero yo no podía calentarme. Caminaba de un lado a otro, con el eco del Llamador aun retumbando en mi pecho. Nunca había respondido a alguien así. Nunca. Y lo peor era que seguía latiendo, como si aún me recordara que Morgan existía.
Maerys bebía de su copa recostada en el sillón, observándome con la paciencia de un depredador que espera a que su presa se agote. Dorian estaba de pie junto a la biblioteca, hojeando un tomo lleno de marcas antiguas.
—La criatura no apareció por casualidad —dijo él finalmente, sin levantar la vista—. Los Ulrakk no deambulan. Se los invoca.
—Lo sé —contesté con la mandíbula apretada.
Maerys apoyó la copa en la mesa, su mirada fija en mí.
—¿Qué tiene esa bruja para que arriesgaras tanto?
No respondí de inmediato. Las palabras eran más difíciles de soltar de lo que esperaba.
—Ella no es como las demás. Su magia respondió de formas que no debería.
—¿Y si es peligrosa? —preguntó Maerys, con ese filo en la voz que siempre ocultaba preocupación bajo crueldad—. ¿Y si el Ulrakk fue atraído por ella misma?
—O por lo que guarda —interrumpió Dorian, cerrando el libro de golpe—. Kai, piénsalo: ¿qué clase de bruja sobrevive a que le drenen casi toda la magia? Yo he visto caer a hechiceros ancestrales con menos.
El silencio pesó en la sala. El fuego crepitó, como si la mansión misma se uniera a la conversación.
Yo sabía lo que había visto: Morgan resistiendo. Morgan luchando incluso cuando su hechizo se deshacía en sus dedos. Morgan mirando a la criatura a los ojos antes de que yo la apartara.
—No me importa lo que sea —dije al fin, con voz grave—. No voy a dejar que la maten.
Maerys sonrió, divertida y peligrosa.
—Estas demasiado interesado en una bruja y eso puede traernos peligro.
No lo negué.
Morgan
Pasaron dos días donde no salí de mi casa. Cailyn había venido a revisar que estuviera bien antes de partir a un corto viaje a una laguna mágica para realizar un hechizo anual. Pese a al antídoto y la curación que los tres vampiros habían logrado en mi cuerpo, parecía que mi magia no había terminado de sanar y de acomodarse en mi cuerpo nuevamente. Finalmente decidí salir la segunda noche, después de haber pasado casi todo el día buscando un hechizo en especial.
Me escondí debajo de mi capa y con la cabeza en bajo salí de nuestro círculo de protección rumbo al lago donde me encontraría con Kai. Cuando lo único que se me iluminaba era la luz de la luna y lo único que se escuchaba era el susurrar del agua, tome el collar y en un susurro lo llame.
Conte los segundos y sesenta después tenía a tres vampiros frente a mí. Parecían listos para el ataque, pero se mostraron sorprendidos cuando me encontraran en soledad total.
— ¿Llamaste? —pregunto Kai caminando desde las sombras hacia donde yo estaba.
—A mitad de la cena—murmuro la mujer que ahora conocía como Maerys. Cuando camino hacia mí y pude detallarla mejor, noté las gotas de sangre que goteaban de sus labios...El de los tres, de hecho—Para ser sincera esperaba encontrar unos cuantos monstruos.
—Hasta me alegro que no haya sido así, aún no me recupero de...
—Cállense—murmuro Kai— ¿Estas bien?
Casi le sonrió...Casi.
—No me ha pasado nada, creo que por fin me he recuperado del ataque—dije tocando mi pecho—Gracias a los tres—el asintió—Estuve pensando en lo que dijeron de la guerra.
Los tres pares de ojos se dirigieron hacia mi cuando abrí el hechizo que necesitaba. Su objetivo era invocar y revivir un momento en específico por breves segundos, ya sea viendo desde los ojos de alguien o siendo un espectador más. Era un hechizo poderoso y bastante difícil de conseguir.
—Recordaris—dijo Kai leyendo la inscripción del pergamino que había encontrado en mi casa—Es un hechizo bastante antiguo.
—No sé qué tanto pueda lograr, pero me faltan algunos ingredientes y bueno...Uno de ellos, puede ser de alguno.
Dorian me miro y tomo el pergamino de las manos de Kai.
— ¿Y qué momento quieres revivir? —pregunto el amigo de Kai.
—La muerte de mi madre.
Kai me miro directamente a los ojos y casi lo vi dudar por momento, pero asintió y miro a sus amigos que compartieron su gesto. La mujer se acercó al pergamino y asintió a medida que leía cada ingrediente.
Sangre antigua de un ser oscuro.
Una gota de sangre del evocador