Yuuto estaba mucho más tranquilo. O, al menos, todo lo tranquilo que podía estar tras haber revivido de golpe recuerdos que durante tanto tiempo había intentado mantener enterrados.
Se encontraba en la enfermería, recostado en una de las camillas. Las cortinas estaban cerradas formando un pequeño espacio privado. Por primera vez, no llevaba puesta la capucha ni el cubrebocas; su cabello caía desordenado sobre la frente. Entre sus manos sostenía una taza caliente que Minori-sensei le había preparado. Todavía temblaba, aunque con menos fuerza; sus dedos se cerraban con suavidad alrededor de la cerámica.
Minori estaba sentada frente a él, sosteniendo el folleto que lo había provocado todo. Lo miró unos segundos y luego dijo con firmeza:
—Esto es una tontería. Y no solo porque esté mal redactado. Lo es porque alguien tomó algo ocurrido hace tiempo, lo sacó de contexto y decidió convertirte en el villano de turno.
Yuuto bajó la mirada. Sus dedos volvieron a temblar levemente. Minori lo notó y suavizó el tono:
—Sé que tienes heridas que aún no sanan. Y entiendo perfectamente por qué esto te ha afectado tanto. Antes… habría sido más fácil de entender. Porque estabas solo.
Yuuto guardó silencio. Aquellas palabras pesaban mucho.
—Pero esta vez no estás solo —dijo ella dejando el folleto en la mesa—. Piénsalo: Airi estuvo contigo. Kaito se puso delante sin dudarlo. Goro también. Reika y Ayaka ya están haciendo lo suyo.
Yuuto cerró los ojos un instante. Era verdad. Lo había visto. Lo había sentido. Y aun así… seguía siendo difícil.
Sacó su cuaderno y escribió despacio:
«Lo sé. Pero es difícil.»
Minori asintió tras leerlo.
—Lo sé. Nada es fácil, eso es obvio.
Se levantó, se sentó a su lado y apoyó suavemente la cabeza sobre su hombro.
—Pero al final depende de ti cómo enfrentas el mundo. Y se hace mucho más fácil cuando no tienes que hacerlo tú solo.
Yuuto se quedó inmóvil. Tras años creyendo que debía soportarlo todo en soledad, aquella idea todavía le resultaba extraña. Escribió una última línea:
«Gracias, Minori-sensei.»
Ella sonrió.
—No tienes por qué agradecérmelo.
Mientras Yuuto sostenía la taza entre sus manos intentando recuperar la calma, aún no sabía que, en ese preciso instante, otros tres estaban comprobando lo que Minori acababa de decir.
Porque en la biblioteca… la paz había terminado.
—¡¡SUÉLTENME!!
—¡Shiori, tranquilízate!
—¡NO ESTOY TRANQUILA!
—¡Eso ya se nota!
Airi, Kaito y Goro sostenían a Shiori, que avanzaba hacia la salida con una determinación capaz de detener un ejército entero. Kaito la sujetaba de un brazo, Airi de la otra mano, y Goro la retenía por los hombros desde atrás. El problema era que Shiori tenía una fuerza que ninguno había previsto.
—¡Voy a encontrar a Sakura!
—¡Shiori, espera!
—¡Y cuando la encuentre le voy a romper la cara!
—¡Eso no arreglará nada!
—¡ME IMPORTA POCO!
Tiró con fuerza y los tres retrocedieron medio paso. Kaito abrió los ojos, sorprendido:
—¿De dónde sacas tanta fuerza?
—¡De mi indignación!
—¡Eso no tiene sentido!
—¡A mí me funciona!
Airi intentó razonar con ella:
—¡Shiori, Yuuto está bien!
—¡No importa!
—¡Sí importa!
Shiori se detuvo un instante y miró a todos con los ojos brillantes de furia:
—¡Esa chica se metió con mi hermanito!
Kaito y Goro parpadearon. Airi preguntó:
—Pero… técnicamente no es tu hermano.
Shiori giró la cabeza lentamente hacia ella.
—No importa. Aunque no sea mi hermano de sangre… sigue siendo mi hermanito. ¡Y nadie hace llorar a mi hermanito!
Volvió a tirar.
—¡Shiori, detente! —insistió Kaito—. ¡Si haces algo ahora, todo empeorará!
—¡Me importa poco!
—¡Sí, ya lo dijiste!
—¡Pues te lo repito!
Goro, detrás de ella, recibía de vez en cuando algún golpe accidental.
—¡Auch…!
—¿Estás bien? —preguntó Airi preocupada.
—Sí… —respondió él frotándose la mejilla—. Estoy empezando a replantearme mi definición de amistad.
—¡Sakura se pasó de la raya! —insistió Shiori.
—¡Lo sabemos! —dijo Kaito—. Pero Reika y Ayaka ya fueron a buscarla. Déjalas encargarse.
Aquello la detuvo. Shiori se quedó quieta.
—¿De verdad?
—De verdad —confirmó Airi asintiendo rápidamente.
—Y creo… —añadió Goro recuperando el aliento— que será mejor que sean ellas.
Poco a poco Shiori fue relajando los hombros y dejó de luchar. Los tres soltaron el aire al mismo tiempo.
—Uffff…
Airi se apoyó en una mesa. Goro se frotó la cara. Kaito cerró los ojos. Habían sobrevivido. Por ahora.
Pero entonces Shiori levantó de nuevo la mirada. Una sonrisa inquietantemente tranquila apareció en su rostro.
—Pero… si ellas no lo solucionan… le voy a romper la cara a Sakura.
Silencio.
Kaito suspiró. Goro miró al techo. Airi sonrió nerviosa.
—Bueno… al menos ya no intenta ir corriendo ahora mismo —dijo ella.
—Eso sí —asintió Kaito.
—Ya es un progreso —añadió Goro.
Los tres se miraron, luego miraron a Shiori… y la biblioteca recuperó su silencio. Aunque todos sabían que, muy probablemente, aquella calma sería solo temporal.
Tras unos minutos más en la enfermería, Yuuto se levantó. La taza estaba vacía y el temblor de sus manos había disminuido. No se sentía completamente recuperado, pero aquella sensación de estar atrapado en el pasado había desaparecido. Se acomodó la ropa y volvió a cubrirse: capucha sobre la cabeza, cubrebocas ocultando su rostro.
Minori lo miró con ternura y preocupación:
—¿Seguro que quieres volver?
Yuuto asintió.
—Está bien —suspiró ella—. Pero si vuelves a sentirte mal, regresas de inmediato. Y no intentes hacerte el fuerte conmigo.
Yuuto bajó lentamente el pulgar que había levantado en señal de afirmación. Sacó su libreta y escribió: «Lo intentaré.»