La Maldicion De Ser Visto

Capítulo 43: El precio de una mentira

La sala del Club de Periodismo estaba en silencio.

A esas horas de la mañana, los rayos del sol atravesaban las ventanas e iluminaban los escritorios, las estanterías llenas de periódicos antiguos y el tablón donde se exhibían las publicaciones más destacadas del club. Normalmente, aquel lugar era uno de los rincones más ruidosos de la academia. Siempre había alguien discutiendo sobre una noticia, proponiendo una investigación o quejándose porque otra persona había utilizado su computadora sin permiso.

Pero aquella mañana, Sakura estaba sola.

Sus amigas todavía no habían llegado y, por primera vez en varios días, no tenía a nadie con quien hablar ni ninguna noticia urgente que perseguir. Frente a ella descansaba una pila de documentos que había reunido para sus próximas publicaciones. Intentó revisarlos, pero sus ojos recorrían las páginas sin que su mente procesara una sola palabra.

Finalmente, dejó el bolígrafo sobre el escritorio.

—Maldita sea…

Se recostó en la silla y miró al techo.

Llevaba varios días intentando convencerse de que había hecho lo correcto. Al fin y al cabo, ella era periodista, ¿no? Su trabajo consistía en investigar, descubrir información que otros preferían mantener oculta y publicarla para que los demás conocieran la verdad.

Eso era lo que siempre se había dicho.

Sin embargo, cuando intentaba aplicar aquella justificación a lo que había ocurrido con Yuuto Kanzaki, algo dentro de ella se revolvía incómodamente.

Cerró los ojos.

Y los recuerdos de los últimos días regresaron a su mente.

Todo había comenzado unos días atrás, cuando el director Aoyama la había llamado a su despacho.

Sakura todavía recordaba perfectamente aquella conversación. Había entrado en la oficina con su habitual expresión confiada, pensando que quizá el director quería felicitarla por alguna de sus publicaciones o encargarle una investigación especial. Aoyama, sentado detrás de su escritorio, le había indicado que tomara asiento.

Después de intercambiar unas palabras sobre las actividades del club, el director dejó una carpeta sobre la mesa.

—Sakura, me gustaría preguntarte algo —había dicho, observándola por encima de sus gafas—. ¿Qué opinas de Yuuto Kanzaki?

Ella había parpadeado.

—¿Yuuto Kanzaki? ¿El chico que siempre anda escondido bajo esa capucha y esa ropa enorme?

—El mismo.

Sakura se había encogido de hombros.

—Sinceramente, me parece un bicho raro. Siempre está apartado, apenas habla y parece que intenta esconderse de todo el mundo. Aunque, si soy sincera, solo empecé a investigarlo porque quería molestar un poco a Reika.

Lo había dicho sin demasiados reparos. En aquel momento, no le parecía especialmente importante.

—Pero no creo que sea una noticia que merezca demasiado seguimiento —había añadido—. No he encontrado nada realmente interesante. Es un chico extraño, sí, pero eso no significa que haya algo detrás.

Aoyama había entrelazado los dedos sobre el escritorio.

—Creo que deberías investigar más a fondo.

Sakura ladeó la cabeza.

—¿Más a fondo? ¿Por qué? ¿Hay algo que deba saber?

El director no respondió inmediatamente. En cambio, deslizó la carpeta hacia ella.

—Lee esto.

Sakura la abrió con curiosidad. Las primeras páginas contenían información sobre la anterior academia de Yuuto, declaraciones recogidas después de un incidente y un informe sobre un supuesto altercado ocurrido durante un temblor.

Al principio, leyó sin demasiado interés.

Hasta que llegó a la descripción de lo sucedido.

Según el documento, durante el movimiento sísmico, Yuuto habría acorralado a una compañera en uno de los pasillos e intentado propasarse con ella. La situación habría terminado con una confrontación física, y varios estudiantes aseguraban haber visto al muchacho atacándola.

Sakura dejó de pasar las páginas.

Volvió a leer el párrafo. Después, levantó lentamente la mirada.

—¿Qué…?

Sus ojos regresaron al documento.

—¿Esto es verdad?

Aoyama se acomodó en su silla.

—El informe recoge declaraciones de varios testigos. Según ellos, la chica estaba tan asustada que apenas podía reaccionar. Todos vieron a Kanzaki atacándola.

Sakura volvió a mirar las páginas, esta vez con mucha más atención.

Aquello era diferente.

Hasta ese momento, solo había tenido un chico extraño al que podía utilizar para provocar a Reika. Pero si la información de aquel informe era cierta, entonces tenía algo mucho más llamativo entre manos.

Una historia capaz de sacudir a toda la academia. Una historia que, además, podía perjudicar seriamente a Reika Himuro.

Y esa última posibilidad había sido la que terminó de despertar su interés.

—¿Reika conoce este incidente? —preguntó.

—No podría decírtelo con seguridad —respondió Aoyama—. Pero, si lo desconoce, quizá le interese saber qué clase de persona tiene cerca.

Sakura apretó los labios, pensativa.

En su mente, la escena ya estaba tomando forma. Publicaría la información, dejaría que los estudiantes reaccionaran y observaría qué hacía Reika. ¿Lo defendería? ¿Intentaría justificarlo? ¿O se alejaría de él al descubrir aquella parte de su pasado?

Sakura conocía a su rival. Reika siempre había sido una persona serena, disciplinada y difícil de provocar. Incluso cuando discutían, la presidenta del consejo estudiantil respondía con argumentos, no con gritos. Era irritantemente difícil hacerla perder la compostura.

Pero todos tenían un límite.

Y Sakura quería descubrir cuál era el de Reika.

—Entiendo —había dicho finalmente, cerrando la carpeta—. Investigaré el asunto.

Aoyama le dedicó una sonrisa discreta.

—Sabía que podía contar contigo.

En aquel momento, Sakura había interpretado aquellas palabras como un reconocimiento a su capacidad periodística.

Ahora, al recordarlas, no estaba tan segura.




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