Cuenta la leyenda que, la noche en que nació el príncipe heredero, el cielo no tuvo estrellas. La luna se escondió, el viento calló y los volcanes temblaron. Y el fuego del tronó ardió más alto que nunca.
Cuando la luz se reflejo en sus ojos por primera vez, las llamas del palacio se inclinaron hacia él, como si lo hubieran estado esperando.
—«La maldición ha regresado...»—susurraron los sabios
Y el rey, pálido como las ceniza, lo puso. «Había nacido una condena»
Desde aquél día, el niño creció rodeado de muros de absidiana, coronas doradas y llamas asu al rededor. No como llamas visibles, sino como latidos.
Cuando se enojaba, las antorchas se encendían solas. Cuando lloraba, el aire se calentaba. Y cuando dormía, el palacio ardía en sueños.
Y así creció el príncipe
No con cuentos narrados por sus padres, ni canciones de cuna para dormir en sus noches de tormentos. Ni tampoco la ternura de su madre. Sino con miedo, silencio y soledad.
Le enseñaron a luchar antes que a amar. A gobernar antes que sentir y sobre todo, a dominar antes que confiar.
Porque para rey de Pyraeth, amar no era un privilegio;
«El amor es una enfermedad de los débiles. Te nubla la mente, te quiebra la voluntad y te convierte en esclavo de aquello que dices sentir» expresó Kael Drystan.
Los años pasaron y el príncipe se volvió leyenda;
La gente lo llamaba Príncipe maldito, el heredero del Fuego, hijo de la llama, hombre que no debía amar. La soledad lo volvió de acero, la tristeza lo convirtió en abismo, y el poder lo terminó de convertir en rey.
Creció creyendo que su destino estaba escrito, que no existía elección, ni salvación, ni mucho menos futuro.
Hasta que un día por la mañana, ella llegó al reino. Nadie supo de dónde venía.
No tenía corona.
No tenía linaje.
No tenía escoltas.
Ni tampoco un nombre conocido.
Solo tenía ojos que no temían al fuego y un corazón que no conocía la maldición. Y cuando cruzó las puertas del reino, la llama tembló. Por primera vez en siglos.
Se dice que , en el momento exacto en que el príncipe y la doncella se vieron por primera vez, la llama eterna despertó un poco más.
Y asi comenzó la historia que cambiaría los reinos.