En Valle Negro, ni siquiera tu propia sombra te dice la verdad.
📖 CAPÍTULO 2:
Me quedé paralizada en el umbral, la llave apretada tanto en mi mano que los bordes de metal me clavaban en la piel. La mujer sonrió de nuevo, una sonrisa triste y conocida, como si hubiera estado esperando este momento toda su vida. Se acercó despacio, sin hacer ruido, y sus ojos no se apartaron de los míos ni un segundo.
—No tengas miedo, Lila —dijo con voz suave—. Soy tu tía Mara, la hermana menor de tu madre. Pensé que no vendrías nunca.
Solté el aire que había estado conteniendo, pero el alivio duró poco. Si ella estaba aquí, ¿por qué nadie me lo había dicho? ¿Por qué mi madre nunca mencionó que tenía una hermana?
—¿Por qué no me dijeron que existías? —pregunté, dando un paso hacia la habitación—. ¿Dónde está mi abuela?
Mara señaló la puerta de una habitación pequeña al fondo del pasillo.
—Elvira descansa. Está muy débil, pero pidió que te esperara a ti antes de decir nada. Hay cosas que solo tú puedes entender, cosas que llevan tu nombre y el de esta tierra.
Se acercó a la mesa y tomó el diario que Elvira me había entregado momentos antes. Lo acarició con cuidado, como si fuera algo sagrado.
—Este libro es la historia de nuestra familia, pero también es la sentencia que nos ha perseguido tres generaciones. Nuestros antepasados hicieron un trato, rompieron una promesa, y el precio lo hemos pagado todas nosotras: soledad, pérdidas, y un destino ligado a la familia Blackwood.
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.
—¿Los Blackwood? El hombre que se fue hace un momento...
—Es Damian —interrumpió ella, con un tono que mezclaba respeto y temor—. El último de su linaje. Se dice que está maldito, que quien se le acerque muere. Pero la verdad, Lila, es que nadie se atreve a decir lo que realmente pasó. Los de aquí callan por miedo, y los de fuera no saben ni que existimos.
Me senté en el borde de la cama, sin soltar la llave.
—¿Y yo qué tengo que ver con todo esto? Vine solo porque mi abuela está enferma. No sé nada de maldiciones ni de familias enemigas.
Mara se sentó frente a mí y me miró a los ojos con seriedad.
—Eres la primera en mucho tiempo que tiene el valor de venir. El destino eligió a ti, y esa llave que tienes en la mano es la prueba. Abre el diario, lee la primera página... y entiende por qué ya no puedes irte.
Con manos temblorosas, coloqué la llave en el pequeño cierre del libro. Encajó a la perfección, como si hubiera sido hecha para mí. Al abrirlo, la primera página tenía escrito con tinta oscura y letra firme: "Cuando la sangre vuelva a encontrarse, la verdad saldrá a la luz, y la maldición caerá sobre quien la ocultó".
Justo en ese instante, un golpe seco resonó en la puerta de entrada. No era un toque suave: era fuerte, decidido, como si alguien exigiera entrar. Mara se puso de pie de un salto y su rostro se puso pálido.
—Es él —susurró—. Vino a buscar lo que es suyo. Y ahora, Lila, ya sabes que no hay vuelta atrás.