El destino no se elige... pero se puede desafiar.
📖 CAPÍTULO 3
El golpe se repitió, más fuerte esta vez, haciendo vibrar la madera vieja de la puerta. Mara me agarró del brazo con fuerza, sus dedos fríos temblando contra mi piel.
—No digas nada —me advirtió en un susurro—. No confíes en sus palabras, por muy verdaderas que parezcan.
La puerta se abrió antes de que nadie se moviera. Él entró despacio, llenando la habitación con su sola presencia. Damian Blackwood no caminaba, parecía deslizarse, y sus ojos oscuros se clavaron en mí de inmediato, pasando luego al diario que estaba abierto sobre la mesa y finalmente a la llave que aún apretaba en mi mano.
—Parece que la heredera ya ha empezado a entender su lugar —dijo con esa voz grave que parecía venir de las sombras. No gritaba, pero cada palabra pesaba como una piedra.
—¿Qué quieres? —me atreví a preguntar, poniéndome de pie sin soltar el diario. No sabía de dónde saqué el valor, pero no quería que viera que me temblaban las piernas.
Él dio un paso hacia mí, y sentí una mezcla extraña de miedo y atracción que me revolvió el estómago.
—Quiero lo que me pertenece por derecho. Lo que tu familia nos robó hace tres generaciones.
—Nadie le ha robado nada —intervino Mara, poniéndose entre nosotros—. Tu propio orgullo y tu silencio son los que te han mantenido encerrado, Damian. No culpes a una niña que no sabe nada de tus historias.
Damian soltó una risa seca, sin alegría.
—¿Una niña? —me miró de nuevo, y esta vez había algo más en su mirada, algo que parecía dolor—. Ella lleva el nombre y la sangre de quienes rompieron el juramento. Y esa llave... abre lo que ha estado oculto demasiado tiempo.
Extendió la mano hacia mí.
—Dámela, Lila. No quiero hacerte daño, pero si me obligas, tomaré lo que es mío.
Miré la llave en mi palma, luego a él. No entendía nada, pero sabía que si se la daba ahora, nunca sabría la verdad sobre mi familia, sobre mi abuela, sobre por qué mi vida había cambiado de golpe. Di un paso atrás, cerrando la mano con fuerza.
—No sé qué es lo que crees que te pertenece —dije con voz firme—, pero esta llave me la dio mi abuela. Y hasta que no sepa toda la verdad, no se la daré a nadie.
Por un segundo vi sorpresa en su rostro, y luego una sombra que no pude descifrar.
—Eres más terca que tu abuela —murmuró—. Ten cuidado, Lila. En Valle Negro, la curiosidad se paga muy cara. Y yo no puedo protegerte de lo que se viene.
Sin decir más, se giró y salió de la casa cerrando la puerta con suavidad, pero con un peso que se sintió en todo el cuarto. Me desplomé en la silla, soltando el aire que había retenido.
—¿Protegerme? —pregunté, confundida—. ¿Él debería ser el peligro, no quien protege?
Mara se sentó a mi lado, mirando la puerta con preocupación.
—Las cosas no son blancas o negras aquí, Lila. Damian carga con una maldición igual que nosotras. Su familia y la nuestra están atadas, para bien o para mal. Y ahora que has llegado, los hilos se han empezado a mover.
Señaló el diario.
—Sigue leyendo. Ahí está la primera parte de la verdad. Pero ten cuidado: una vez que sepas, ya no podrás volver a ver este lugar igual.
Abrí el libro con manos aún inseguras. Las páginas estaban escritas con letra antigua, cuidadosa y detallada. Contaba la historia de dos familias que se habían unido para proteger un secreto, una promesa de lealtad eterna... hasta que la codicia y el miedo rompieron el pacto. Al final de esa página, había un dibujo: dos llaves entrelazadas. Una era la que yo tenía. La otra...
—¿Hay otra llave? —pregunté, mirando a Mara.
Ella bajó la mirada.
—Sí. Y la tiene él.
En ese momento, escuchamos un gemido suave desde la habitación del fondo. Era Elvira.
—Tu abuela despertó —dijo Mara poniéndose de pie—. Quiere hablar contigo. Es hora de que escuches lo que nadie se atrevió a decirte.
Me levanté, guardé el diario y la llave en mi bolso, y caminé hacia la habitación, sintiendo que cada paso me acercaba más a un destino que no había pedido, pero que ya no podía evitar.