Adrián permaneció inmóvil frente a la mesa.
La fotografía seguía entre sus manos.
Aquella frase escrita detrás no dejaba de repetirse en su cabeza.
«Si algún día lees esto, necesitas saber la verdad sobre aquella noche.»
Valentina lo observaba en silencio.
—Adrián...
Él levantó la mirada.
—No entiendo.
—¿Qué quieres decir?
—Durante cuatro años pensé que sabía exactamente lo que ocurrió.
—¿Qué pasó aquella noche?
Adrián dejó la fotografía sobre la mesa.
—Elena tuvo un accidente.
Valentina frunció el ceño.
—¿Un accidente?
—Sí.
Adrián se sentó lentamente.
—Aquella noche había salido de casa para ir a ver a su madre. Estaba lloviendo. El automóvil perdió el control en una carretera.
Valentina se sentó frente a él.
—¿Y murió en el accidente?
Adrián asintió.
—Eso fue lo que me dijeron.
—¿Quién?
—La policía. El hospital. Los médicos.
—Entonces, ¿por qué esta fotografía dice que necesitas conocer la verdad?
Adrián no tenía respuesta.
Volvió a mirar la imagen.
—No lo sé.
Durante varios minutos revisaron las fotografías de la caja.
Había imágenes de Elena con los niños.
Fotografías familiares.
Recibos.
Una pequeña libreta.
Y un sobre cerrado.
Adrián tomó el sobre.
Su nombre estaba escrito con la letra de Elena.
Sus manos comenzaron a temblar.
—Es de ella.
Valentina lo miró.
—¿Quieres abrirlo?
Adrián permaneció unos segundos en silencio.
—Tengo miedo.
—No tienes que hacerlo ahora.
Él la miró.
—Después de cuatro años, creo que necesito saber qué quiso decirme.
Abrió el sobre.
Dentro había una sola hoja.
Adrián comenzó a leer.
Su expresión cambió.
Valentina lo observó preocupada.
—¿Qué dice?
Adrián levantó lentamente la mirada.
—Dice que Elena sabía que alguien estaba siguiéndola.
Valentina se quedó helada.
—¿Qué?
Adrián continuó leyendo.
—«No sé quién es ni qué quiere. Pero si algo me sucede, no confíes en las personas que te rodean.»
Adrián dejó caer la carta sobre la mesa.
—Dios mío.
Valentina tomó su mano.
—¿Tienes alguna idea de quién podría ser?
Adrián negó con la cabeza.
—No.
Entonces recordó algo.
—Espera.
Se levantó y caminó hacia un mueble del despacho.
Abrió un cajón.
Sacó una carpeta.
—¿Qué buscas?
—El expediente del accidente.
Adrián comenzó a revisar los documentos.
Después de unos minutos encontró el informe policial.
Lo abrió.
Leyó cada página.
Su rostro se volvió serio.
—Aquí dice que el accidente ocurrió a las once cuarenta y cinco de la noche.
—¿Y?
—Elena me llamó a las once veinte.
Valentina lo miró sorprendida.
—¿Recuerdas esa llamada?
—Sí.
—¿Qué te dijo?
Adrián cerró los ojos.
—Que estaba asustada.
Valentina apretó su mano.
—¿Por qué nunca me habías contado eso?
—Porque pensé que era miedo por la tormenta.
—¿Y ahora?
Adrián volvió a mirar el informe.
—Ahora creo que estaba huyendo de alguien.
En ese momento escucharon pasos.
Los mellizos aparecieron en la puerta.
—Papá.
Adrián rápidamente guardó los documentos.
—¿Qué hacen despiertos?
Sofía abrazaba una muñeca.
—Escuchamos voces.
Adrián se acercó.
—No pasa nada.
Mateo lo miró.
—¿Estás triste?
Adrián se agachó frente a ellos.
—Un poco.
—¿Por mamá?
Adrián sintió un nudo en la garganta.
—Sí.
Sofía lo abrazó.
—No estés triste.
Adrián la estrechó entre sus brazos.
Mateo se unió al abrazo.
Valentina observó la escena.
Después se acercó y los abrazó también.
Durante unos segundos, los cuatro permanecieron juntos.
Adrián sintió algo que nunca había experimentado.
No estaba solo enfrentando el pasado.
Valentina estaba a su lado.
Más tarde, cuando los niños volvieron a dormir, Adrián y Valentina regresaron a la sala.
—No quiero que esto cambie lo que tenemos —dijo Valentina.
Adrián la miró.
—¿Lo que tenemos?
Ella sonrió tímidamente.
—Sabes a qué me refiero.
—Sí.
Adrián se acercó.
—Tampoco quiero que cambie.
—Pero tienes que descubrir qué ocurrió.
—Sí.
—Y voy a ayudarte.
Adrián tomó su rostro entre las manos.
—No tienes que hacerlo.
—Quiero hacerlo.
—Podría ser peligroso.
Valentina sostuvo su mirada.
—Entonces no lo harás solo.
Adrián sintió una profunda emoción.
—¿Por qué haces esto por mí?
Valentina sonrió.
—Porque te quiero.
Adrián se quedó inmóvil.
Era la primera vez que ella lo decía.
—¿Qué dijiste?
Valentina respiró profundamente.
—Que te quiero.
Adrián la abrazó.
La sostuvo con fuerza, como si temiera que desapareciera.
Valentina apoyó la cabeza sobre su pecho.
—No quiero perderte.
—No me vas a perder.
Adrián se separó ligeramente.
La miró a los ojos.
Y esta vez no hubo miedo.
La besó.
Fue un beso más profundo que el anterior.
Más seguro.
Más sincero.
Cuando se separaron, Valentina apoyó la frente contra la de él.
—Estamos juntos en esto.
—Sí.
Adrián sonrió.
—Tú, yo y los niños.
Valentina sonrió.
—Nuestra pequeña familia.
Adrián sintió que aquellas palabras le llenaban el corazón.
Pero ninguno de los dos sabía que alguien, desde un automóvil estacionado frente a la casa, observaba las ventanas.
Una figura sostuvo el teléfono y tomó una fotografía.
Después escribió un mensaje:
«Valentina ya está con él. Tenemos que actuar antes de que descubran la verdad.»