La mamá que el destino les debía

Capítulo 16. La sombra del pasado

A la mañana siguiente, Adrián despertó antes que los niños.

Durante unos segundos permaneció acostado, mirando el techo.

La noche anterior había cambiado muchas cosas.

Valentina le había dicho que lo quería.

Él finalmente había aceptado que también sentía algo profundo por ella.

Pero ahora había otra preocupación.

La carta de Elena.

La posibilidad de que su muerte no hubiera sido un simple accidente.

Adrián se levantó y bajó al despacho.

Encendió la computadora y comenzó a revisar nuevamente el expediente del accidente.

Había algo que no encajaba.

El informe decía que Elena había perdido el control del automóvil.

Sin embargo, no explicaba por qué había marcas de frenado tan largas sobre la carretera.

Tampoco mencionaba la llamada que ella le había hecho aquella noche.

Adrián tomó su teléfono.

Buscó los registros antiguos.

La llamada seguía ahí.

23:20 horas.

Cuatro años después, seguía teniendo guardado aquel número.

No sabía por qué.

Quizá porque nunca había podido borrarlo.

Lo observó durante varios segundos.

Entonces decidió llamar.

Una voz respondió.

—¿Bueno?

Adrián sintió un escalofrío.

—¿Quién es?

—¿Adrián?

Él se quedó completamente inmóvil.

—¿Quién habla?

La llamada se cortó.

Adrián volvió a marcar.

El número ya estaba apagado.

—Papá.

La voz de Mateo lo hizo reaccionar.

Se giró.

Los mellizos estaban en la puerta.

—¿Qué hacen despiertos tan temprano?

—Tenemos hambre.

Adrián sonrió.

—Vamos a desayunar.

Los niños corrieron hacia él.

Por unos minutos dejó de pensar en el pasado.

Pero sabía que no podía ignorarlo.

Valentina llegó cerca del mediodía.

Adrián la recibió en la puerta.

Ella sonrió.

—Buenos días.

—Buenos días.

Se quedaron mirándose.

—¿Dormiste bien?

—Más o menos.

—¿Por qué?

Adrián dudó.

—Encontré algo más sobre Elena.

La sonrisa de Valentina desapareció.

—¿Qué ocurrió?

—Recibí una llamada.

—¿De quién?

—No lo sé.

—¿Qué te dijo?

—Solo dijo mi nombre.

Valentina sintió un escalofrío.

—¿Crees que está relacionado con la carta?

—Sí.

—Entonces tenemos que tener cuidado.

Adrián tomó su mano.

—No quiero que te involucres más.

Valentina negó.

—Ya estoy involucrada.

—Precisamente por eso.

—Adrián, no voy a dejarte solo.

Él la miró con ternura.

—Eres muy terca.

—Tú también.

Adrián sonrió.

—Por eso nos entendemos.

Los niños entraron corriendo.

—¡Papá!

—¿Qué pasa?

Mateo llevaba una pequeña caja.

—Encontramos esto.

Adrián la tomó.

—¿Dónde?

—En el armario de mamá.

Adrián sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Por qué estaban ahí?

—Estábamos buscando una pelota.

Adrián abrió la caja.

Dentro había una llave.

Y debajo de ella, una fotografía.

La misma carretera donde Elena había sufrido el accidente.

Adrián palideció.

—¿Qué pasa? —preguntó Valentina.

Él le mostró la fotografía.

En el reverso había otra frase.

«La verdad está donde comenzó todo.»

Valentina lo miró.

—¿Qué significa?

Adrián observó la imagen.

Reconoció inmediatamente el lugar.

—La casa de mis padres.

—¿Crees que Elena dejó algo allí?

—No lo sé.

—Entonces tenemos que ir.

Adrián asintió.

—Sí.

Esa misma tarde, Adrián decidió llevar a los niños con su madre.

No quería exponerlos al misterio que estaba comenzando a descubrir.

Antes de salir, se acercó a Valentina.

—¿Segura de querer venir?

—Sí.

—Puede que no encontremos nada.

—Entonces volveremos sin nada.

—Puede que encontremos algo que cambie todo.

Valentina tomó su mano.

—Entonces lo enfrentaremos juntos.

Adrián la miró.

—Te quiero.

Valentina sonrió.

—Yo también.

Se abrazaron.

Desde el otro lado de la sala, Mateo observaba.

—Sofía.

—¿Qué?

—Ya casi tenemos mamá.

Sofía sonrió.

—Sí.

La casa de los padres de Adrián estaba a las afueras de la ciudad.

Hacía años que él no entraba allí.

Cuando abrió la puerta, un fuerte olor a madera antigua llenó el lugar.

Todo estaba exactamente como lo recordaba.

Los muebles.

Las fotografías.

El viejo reloj de pared.

Valentina caminó detrás de él.

—¿Dónde vivían tus padres?

—Aquí.

Adrián miró alrededor.

—Elena venía mucho.

—¿Ella conocía este lugar?

—Sí.

Comenzaron a revisar las habitaciones.

Después de casi una hora, no encontraron nada.

—Tal vez nos equivocamos —dijo Valentina.

Adrián negó.

—Ella no habría dejado esa fotografía sin motivo.

Entonces recordó algo.

—El sótano.

Bajaron.

La habitación estaba cubierta de polvo.

Adrián encendió la luz.

Nada parecía fuera de lugar.

Hasta que Valentina observó una pequeña caja de metal detrás de unas cajas viejas.

—Adrián.

Él se acercó.

La caja tenía una cerradura.

Sacó la llave que habían encontrado.

Encajaba perfectamente.

Adrián abrió la caja.

Dentro había documentos.

Fotografías.

Y una memoria USB.

Valentina lo miró.

—¿Qué hay ahí?

Adrián tomó el dispositivo.

—No lo sé.

En ese momento escucharon un ruido arriba.

Ambos se quedaron inmóviles.

—¿Escuchaste eso? —susurró Valentina.

—Sí.

Adrián apagó la luz.

El sonido volvió a escucharse.

Alguien estaba caminando dentro de la casa.

Valentina tomó la mano de Adrián.

—No estamos solos.

Adrián apretó su mano.




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