La mamá que el destino les debía

Capítulo 17. El secreto de Elena

Adrián permaneció inmóvil mirando la fotografía.

Su hermano aparecía detrás de Elena.

No había duda.

Era él.

Gabriel Montenegro.

Su hermano mayor, a quien todos habían dado por muerto cinco años atrás.

—Esto no puede ser —murmuró Adrián.

Valentina se acercó.

—¿Estás seguro de que es él?

—Sí. Lo reconocería aunque pasaran cien años.

—Entonces alguien está intentando hacerte creer que está vivo.

Adrián negó lentamente.

—No.

—¿Por qué no?

—Porque Gabriel murió delante de mí.

Valentina guardó silencio.

Adrián cerró los ojos.

El recuerdo regresó con una claridad dolorosa.

Cinco años atrás, Gabriel había sufrido un accidente en una carretera. El automóvil había quedado destruido y el cuerpo había sido identificado oficialmente.

Adrián había asistido al funeral.

Había visto el ataúd.

Había llorado la muerte de su hermano.

—Yo estuve allí —dijo.

—Entonces tenemos que averiguar quién tomó esta fotografía.

Adrián miró nuevamente la imagen.

—Y por qué Elena la tenía.

Regresaron a la casa aquella noche.

Los niños estaban con la madre de Adrián, completamente ajenos a todo lo que estaba ocurriendo.

En el despacho, Adrián conectó la memoria USB a su computadora.

Había varios archivos.

Fotografías.

Documentos.

Grabaciones.

Y una carpeta con el nombre de Elena.

Adrián dudó antes de abrirla.

Valentina permaneció a su lado.

—Hazlo.

El primer archivo era un video.

Apareció Elena frente a la cámara.

Adrián dejó de respirar.

—Es ella.

La grabación parecía haber sido hecha pocos días antes de su muerte.

Elena miraba directamente hacia la cámara.

—Adrián, si estás viendo esto, significa que algo salió mal.

Adrián apretó los puños.

La voz de Elena continuó.

—No sé cuánto tiempo tengo. Hay cosas que no puedo decirte por teléfono porque alguien está escuchando nuestras conversaciones.

Valentina tomó la mano de Adrián.

El video continuó.

—Descubrí que Gabriel no murió como te hicieron creer.

Adrián se quedó completamente paralizado.

—¿Qué?

Elena continuó hablando.

—Tu hermano sigue vivo.

La pantalla quedó en silencio.

Adrián se levantó bruscamente.

—No.

Valentina lo sostuvo del brazo.

—Adrián.

—No puede ser.

—Tenemos que terminar de ver el video.

Él volvió a sentarse.

La imagen de Elena continuó.

—Gabriel estuvo involucrado en algo que nunca quiso contarte. Lo descubrí por accidente. Al principio pensé que podía ayudarlo, pero después comprendí que estaba en peligro.

Elena hizo una pausa.

—Si algo me sucede, no confíes en nadie que te diga que fue un accidente.

Adrián sintió lágrimas en los ojos.

—Elena...

La grabación terminó.

Durante varios segundos ninguno habló.

—Ahora entiendo la carta —dijo Valentina.

Adrián asintió.

—Ella sabía que iba a morir.

Esa noche, Adrián no pudo dormir.

Se quedó en la sala mirando fotografías antiguas.

Valentina apareció detrás de él.

—Deberías descansar.

—No puedo.

—¿Qué estás pensando?

—En todo lo que no vi.

Valentina se sentó junto a él.

—No puedes culparte.

—Era mi hermano.

—Y confiabas en él.

Adrián bajó la mirada.

—Quizá demasiado.

Valentina tomó su mano.

—Ahora tienes que pensar en tus hijos.

Adrián la miró.

—Y en ti.

Ella sonrió.

—También.

Él se acercó y la abrazó.

—Tengo miedo de perderlos.

—No nos vas a perder.

—No puedo prometerlo.

—Entonces prométeme que no vas a rendirte.

Adrián la miró.

—Eso sí puedo prometerlo.

Al día siguiente, Adrián llevó a los niños a la casa de su madre.

No quería que estuvieran solos mientras él investigaba.

Antes de salir, Sofía abrazó a Valentina.

—¿Vas a volver?

—Sí.

—¿Seguro?

—Seguro.

Mateo miró a su padre.

—Papá.

—¿Qué?

—Cuida a Valentina.

Adrián sonrió.

—Siempre.

Los niños se fueron.

Cuando el automóvil desapareció, Valentina miró a Adrián.

—Tenemos que descubrir qué pasó.

—Sí.

—¿Por dónde empezamos?

Adrián levantó la fotografía de Gabriel.

—Por él.

Esa tarde, comenzaron a investigar todo lo relacionado con la muerte de Gabriel.

Encontraron inconsistencias.

El cuerpo había sido identificado con documentos personales.

No había una prueba genética.

El informe del accidente había desaparecido de los archivos originales.

Y lo más extraño:

Gabriel no tenía seguro de vida registrado en los meses anteriores a su supuesta muerte.

—Todo fue preparado —dijo Valentina.

Adrián asintió.

—Alguien quería que todos creyéramos que estaba muerto.

—Pero ¿por qué?

Adrián miró la pantalla.

—Eso es lo que tenemos que descubrir.

De pronto, su teléfono comenzó a sonar.

Número desconocido.

Adrián contestó.

—¿Bueno?

Silencio.

—¿Quién habla?

Finalmente, una voz respondió.

—Deja de buscar.

Adrián se puso de pie.

—¿Quién eres?

—Ya encontraste suficiente.

—¿Dónde está mi hermano?

La persona soltó una pequeña risa.

—Más cerca de lo que imaginas.

La llamada terminó.

Adrián se quedó inmóvil.

Valentina lo miró.

—¿Qué dijo?

Adrián tragó saliva.

—Que Gabriel está más cerca de lo que imaginamos.

En ese momento, escucharon el sonido de un automóvil detenerse frente a la casa.

Adrián se acercó a la ventana.

Un vehículo negro estaba estacionado al otro lado de la calle.

La puerta se abrió.

Un hombre salió.

Adrián lo observó.

Su rostro perdió el color.




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