Adrián no podía apartar los ojos del hombre que estaba al otro lado de la calle.
Había pasado cinco años creyendo que su hermano estaba muerto.
Cinco años visitando una tumba.
Cinco años recordando la última vez que lo había visto.
Y ahora estaba allí.
Vivo.
—No puede ser —susurró Valentina.
Adrián no respondió.
Gabriel levantó una mano y señaló la casa.
Después caminó hacia la entrada.
El timbre sonó.
Adrián se quedó inmóvil.
—No abras —dijo Valentina.
—Necesito saber por qué está aquí.
—Puede ser peligroso.
—Lo sé.
Adrián respiró profundamente y abrió la puerta.
Frente a él estaba Gabriel.
Más delgado.
Con algunas cicatrices en el rostro.
Pero era él.
—Hola, hermano.
Adrián sintió que la rabia reemplazaba rápidamente a la sorpresa.
—¿Estás vivo?
Gabriel sonrió.
—Como puedes ver.
Adrián lo tomó por la camisa.
—¡Cinco años!
—Lo sé.
—¡Cinco años creyendo que estabas muerto!
Gabriel no intentó defenderse.
—Tenía que desaparecer.
—¿Y Elena?
La expresión de Gabriel cambió.
—Ella descubrió demasiado.
Adrián lo soltó.
—¿Qué hiciste?
—No fui yo quien la mató.
—¡Entonces dime quién!
Gabriel miró hacia Valentina.
—No aquí.
Adrián frunció el ceño.
—Habla.
—Tu familia está en peligro.
—¿Mis hijos?
—Ellos también.
Valentina se acercó.
—¿Quién los amenaza?
Gabriel la observó durante unos segundos.
—El hombre que ordenó la muerte de Elena.
Adrián sintió un escalofrío.
—¿Quién es?
Gabriel bajó la voz.
—Alguien que conoces.
Gabriel entró en la casa.
Adrián no dejaba de observarlo.
Todavía le costaba aceptar que estaba frente a su hermano.
—Explícame todo.
Gabriel se sentó.
—Hace cinco años descubrí una red de corrupción relacionada con varios negocios de nuestra familia.
—¿Qué negocios?
—Empresas, contratos, movimientos de dinero.
Valentina frunció el ceño.
—¿Y Elena descubrió eso?
—Sí.
—¿Por eso la mataron?
Gabriel negó.
—Elena no debía morir aquella noche.
Adrián se quedó helado.
—¿Qué quieres decir?
—El plan era asustarla.
—Pero murió.
—Alguien cambió el plan.
Adrián sintió un vacío en el pecho.
—¿Quién?
Gabriel lo miró.
—Todavía no tengo todas las pruebas.
—Entonces ¿por qué regresaste?
—Porque sé que están buscando los documentos que Elena escondió.
Adrián recordó la memoria USB.
—Ya los encontramos.
Gabriel levantó la mirada.
—¿Qué encontraron?
—Una grabación de Elena.
Gabriel se quedó serio.
—Entonces ahora saben que ella estaba investigando.
—¿Qué debemos hacer?
—Desaparecer.
Adrián negó.
—No voy a huir.
—No entiendes.
Gabriel se levantó.
—Ellos no se detendrán.
En ese momento, se escuchó un automóvil detenerse frente a la casa.
Gabriel se acercó a la ventana.
—¿Quién es?
—No lo sé.
Gabriel observó el vehículo.
Su rostro cambió.
—Tenemos que irnos.
—¿Por qué?
—Ese automóvil pertenece a uno de ellos.
Adrián tomó su teléfono.
—Voy a llamar a la policía.
Gabriel negó.
—No.
—¿Por qué?
—Porque hay personas dentro de la policía que trabajan para ellos.
Valentina intervino.
—Entonces, ¿en quién podemos confiar?
Gabriel miró a Adrián.
—En nadie.
Un golpe fuerte sonó en la puerta.
Los tres se quedaron inmóviles.
Otro golpe.
—¡Abra la puerta!
Adrián miró a Gabriel.
—¿Quiénes son?
—No lo sé.
—¿Cómo que no lo sabes?
Gabriel sacó su teléfono.
—Tenemos que salir por atrás.
Valentina tomó su bolso.
—¿Y los niños?
—Están con mi madre —respondió Adrián.
Gabriel asintió.
—Entonces tenemos unos minutos.
Los tres salieron por la puerta trasera.
Caminaron rápidamente por el jardín.
Cuando llegaron a la calle posterior, un automóvil se detuvo frente a ellos.
Gabriel se puso delante de Adrián y Valentina.
—Suban.
—¿A dónde vamos? —preguntó Adrián.
—A un lugar seguro.
Adrián dudó.
—No confío en ti.
Gabriel lo miró.
—No necesito que confíes en mí.
Hizo una pausa.
—Necesito que mantengas vivos a tus hijos.
Aquellas palabras fueron suficientes.
Adrián y Valentina subieron al automóvil.
Gabriel arrancó.
Después de varios minutos, Adrián habló.
—¿Dónde vamos?
—A la antigua casa de Elena.
—¿Ella tenía otra casa?
—No exactamente.
Gabriel tomó una carretera secundaria.
—Había un lugar donde solía esconder cosas.
Valentina miró a Adrián.
—¿Lo conocías?
—No.
Gabriel respondió:
—Porque Elena quería protegerte.
Adrián cerró los ojos.
—¿Por qué nunca me dijo nada?
—Porque sabía que si tú conocías la verdad, estarías en peligro.
El silencio llenó el automóvil.
Finalmente llegaron a una pequeña casa rodeada de árboles.
Gabriel apagó el motor.
—Aquí estaremos seguros.
Adrián bajó.
—Quiero respuestas.
Gabriel lo miró.
—Las tendrás.
—Ahora.
Gabriel respiró profundamente.
—Elena descubrió que alguien de nuestra propia familia estaba involucrado.
Adrián se quedó inmóvil.
—¿Nuestra familia?
—Sí.
—¿Quién?
Gabriel no respondió.
Valentina lo miró.
—¿Por qué no quieres decirlo?
Gabriel observó a Adrián.
—Porque todavía no estoy seguro.
Adrián se acercó.
—Dime el nombre.
Gabriel bajó la mirada.
—Tu padre.
Adrián palideció.
—Mi padre murió hace tres años.
—Lo sé.