La mamá que el destino les debía

Capítulo 20. La decisión de Adrián

La casa permanecía en silencio.

Afuera, Esteban esperaba.

Adrián sostenía a Sofía entre sus brazos mientras Mateo permanecía junto a Valentina.

—Dame la memoria, Adrián —repitió Esteban desde el exterior—. No tienes ninguna posibilidad de salir de esto.

Adrián miró a Gabriel.

—¿Cuántos hombres tiene?

—No lo sé.

—¿Y tú?

Gabriel sacó un teléfono.

—Puedo pedir ayuda.

—Hazlo.

Gabriel marcó un número.

Mientras esperaba respuesta, Esteban volvió a hablar.

—Tu padre cometió errores, Adrián. Yo solamente hice lo necesario para proteger a la familia.

Adrián sintió que la rabia aumentaba.

—¿Proteger a la familia? ¡Mandaste matar a Elena!

Hubo silencio.

Después Esteban respondió:

—Ella sabía demasiado.

Valentina cerró los ojos.

Adrián sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

—Entonces fuiste tú.

—No exactamente.

—¿Qué significa eso?

—La muerte de Elena fue un accidente.

Gabriel negó con la cabeza.

—Miente.

Esteban continuó:

—Yo solamente necesitaba recuperar los documentos que ella había encontrado.

Adrián miró a Valentina.

Ella comprendió inmediatamente.

La memoria USB no solo contenía información sobre su padre.

También podía demostrar quién había provocado la muerte de Elena.

Gabriel recibió finalmente una llamada.

—Tenemos ayuda —dijo.

—¿Cuánto tardarán?

—Quince minutos.

Adrián miró hacia la puerta.

—No tenemos quince minutos.

Como si hubiera escuchado sus palabras, Esteban ordenó:

—Entren.

Se escucharon pasos alrededor de la casa.

Valentina tomó a los mellizos.

—Tenemos que llevarlos a un lugar seguro.

Adrián asintió.

—Gabriel, ¿hay una salida trasera?

—Sí.

—Entonces llévalos.

Valentina negó inmediatamente.

—No.

—Valentina...

—No voy a dejarte solo.

Adrián la miró.

—Necesito saber que ellos estarán seguros.

—Y ellos necesitan saber que su padre también estará seguro.

Los mellizos se abrazaron a las piernas de Adrián.

—Papá, no te quedes.

Adrián se agachó.

—Voy a estar bien.

Sofía negó con la cabeza.

—Prométemelo.

Adrián la abrazó.

—Te lo prometo.

Mateo se acercó.

—Y Valentina también.

Adrián miró a Valentina.

—Sí.

Un fuerte golpe hizo temblar la puerta.

Gabriel tomó a los niños y los llevó hacia la parte trasera de la casa.

Valentina caminó detrás de ellos.

Pero antes de salir, se volvió hacia Adrián.

—Te amo.

Él sintió que el mundo se detenía.

—Yo también te amo.

Fue la primera vez que ambos lo dijeron sin miedo.

Valentina se acercó y lo besó rápidamente.

—Regresa conmigo.

—Siempre.

Ella se marchó.

Adrián respiró profundamente.

Por primera vez, sabía exactamente por qué tenía que luchar.

No era solo por la memoria.

Era por su familia.

La puerta finalmente cedió.

Dos hombres entraron.

Adrián levantó las manos.

—La memoria está aquí.

Los hombres se acercaron.

Esteban entró detrás de ellos.

—Sabía que terminarías entendiendo.

Adrián lo miró con desprecio.

—No la tendrás.

Esteban frunció el ceño.

—Entonces ¿por qué dijiste que la tenías?

Adrián sonrió.

—Para hacerte entrar.

Esteban se quedó inmóvil.

Entonces las luces de varios vehículos iluminaron la casa.

Se escucharon sirenas.

Los hombres intentaron escapar.

Pero Gabriel apareció por la puerta trasera con los niños ya a salvo.

—Se acabó, Esteban.

Esteban miró hacia las ventanas.

La policía rodeaba la propiedad.

—No tienes pruebas.

Adrián levantó la memoria USB.

—Sí tengo.

Esteban palideció.

—Dámela.

—Nunca.

Uno de los agentes entró.

—¡Todos al suelo!

Esteban intentó correr.

No llegó lejos.

Fue detenido antes de alcanzar la puerta.

Horas después, todo había terminado.

Los niños dormían en la casa de Adrián.

Gabriel había explicado a las autoridades todo lo que sabía.

Y la memoria USB había quedado bajo custodia.

Adrián salió al jardín.

Valentina estaba allí.

—¿Estás bien?

Él asintió.

—Ahora sí.

Valentina se acercó.

—Pensé que te perdería.

Adrián la abrazó.

—No pienso irme a ninguna parte.

Ella apoyó la cabeza sobre su pecho.

—Los niños te necesitan.

—Y yo los necesito a ellos.

Valentina levantó la mirada.

—¿Y yo?

Adrián sonrió.

—Tú eres diferente.

—¿Por qué?

—Porque ya no puedo imaginar mi vida sin ti.

Valentina sonrió entre lágrimas.

—Entonces tendrás que acostumbrarte.

—¿A qué?

—A tenerme cerca.

Adrián la besó.

Esta vez no hubo miedo.

Solo amor.

Desde una ventana, los mellizos los observaban.

Mateo sonrió.

—Sofía.

—¿Qué?

—Ya tenemos mamá.

Sofía lo abrazó.

—Sí.

Pero mientras todos creían que el peligro había terminado, una última revelación estaba a punto de aparecer.

Porque la memoria USB contenía algo que nadie esperaba.

Un documento firmado por Elena...

con una fecha posterior a su muerte.




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