Adrián no podía apartar la mirada de Gabriel.
—¿Qué hiciste? —preguntó con la voz entrecortada.
Gabriel no respondió de inmediato.
Ricardo permanecía de pie junto a la mesa, nervioso, mirando constantemente hacia las ventanas del restaurante.
—No tenemos mucho tiempo —dijo finalmente Gabriel—. Si Elena dejó esa fotografía, sabía que algún día llegarías hasta aquí.
—¡Deja de hablar con acertijos! —exclamó Adrián—. Quiero saber qué pasó con mi esposa.
Gabriel bajó la mirada.
—Elena descubrió que el hombre que tú creías que era nuestro padre estaba utilizando tu nombre y el de la familia para ocultar operaciones ilegales. Cuando ella intentó denunciarlo, comenzaron las amenazas.
—¿Y tú?
—Yo intenté protegerla.
Adrián soltó una amarga risa.
—¿Protegerla? Tú desapareciste. Me hiciste creer que estabas muerto.
—Porque si permanecía contigo, también te habrían matado.
Aquellas palabras dejaron a Adrián en silencio.
Gabriel continuó:
—Elena sabía que yo estaba vivo. Durante meses nos comunicamos en secreto. Ella me ayudó a reunir pruebas.
—Entonces, ¿por qué nunca me dijo nada?
Gabriel lo miró con tristeza.
—Porque tenía miedo de que, si conocías la verdad, fueras el siguiente objetivo.
Adrián recordó las últimas semanas de Elena.
Sus silencios.
Sus llamadas interrumpidas.
La manera en que miraba constantemente hacia la calle.
Ahora todo parecía tener sentido.
—Pero la fotografía dice que no confiara en ti.
Gabriel asintió lentamente.
—Porque después de un tiempo, Elena dejó de confiar en mí.
—¿Por qué?
Gabriel apretó los labios.
—Porque descubrió que yo también había estado ocultándole algo.
Ricardo intervino.
—Gabriel, ya es momento de decirle toda la verdad.
Gabriel cerró los ojos durante unos segundos.
—Elena no murió aquella noche.
Adrián sintió que el aire desaparecía del lugar.
—¿Qué?
—El accidente fue preparado para que todos creyéramos que había muerto.
—¡Entonces dónde está!
Gabriel lo miró directamente.
—No lo sé.
Adrián golpeó la mesa con desesperación.
—¡No puedes decirme que mi esposa está viva y después decirme que no sabes dónde está!
—Porque alguien se la llevó antes de que yo pudiera encontrarla.
El teléfono de Adrián volvió a vibrar.
Esta vez era un número desconocido.
Contestó.
Nadie habló.
Solo se escuchaba una respiración.
—¿Quién habla?
Una voz femenina respondió al otro lado.
—Adrián…
Se quedó paralizado.
Conocía esa voz.
La había escuchado durante años en sus recuerdos, en sus sueños y en aquellas noches en las que extrañaba a la mujer que había amado.
—¿Elena?
Hubo silencio.
Después, la voz volvió a escucharse.
—No confíes en Gabriel.
La llamada terminó.
Adrián se quedó mirando el teléfono.
Gabriel había palidecido.
—¿Qué dijo? —preguntó Ricardo.
Adrián levantó lentamente la mirada.
—Era ella.
Gabriel retrocedió un paso.
—¿Estás seguro?
—Conocería su voz aunque pasaran cien años.
Gabriel miró hacia la puerta.
—Entonces ya saben que descubrimos la verdad.
—¿Quiénes?
Gabriel no respondió.
En ese instante, afuera del restaurante se escuchó el sonido de un automóvil arrancando a toda velocidad.
Ricardo se acercó a la ventana.
—Tenemos que irnos.
Adrián tomó su teléfono y llamó a Valentina.
—¿Están bien los niños?
—Sí —respondió ella—. Estamos juntos.
Adrián cerró los ojos con alivio.
—No salgan de la casa. No abran la puerta a nadie.
—¿Qué ocurrió?
Adrián miró a Gabriel.
—Creo que Elena está viva.
Al otro lado de la línea hubo un largo silencio.
—¿Estás seguro?
—Acabo de escuchar su voz.
Valentina respiró profundamente.
—Entonces tráela de vuelta.
Adrián sintió que algo dentro de él volvía a despertar después de años de dolor.
Pero antes de salir del restaurante, Gabriel lo detuvo.
—Adrián.
Él se volvió.
—Hay algo que todavía no te he contado.
—¿Qué?
Gabriel sacó de su bolsillo una pequeña fotografía.
Era una imagen antigua de Elena.
Pero esta vez no estaba sola.
A su lado aparecía un hombre desconocido.
Y en los brazos de Elena había un bebé.
Gabriel extendió la fotografía hacia Adrián.
—Este niño es la razón por la que Elena desapareció.
Adrián observó la imagen.
Entonces vio algo escrito en la parte posterior.
Una fecha.
La fecha de nacimiento de Mateo y Sofía.
Su rostro quedó completamente pálido.
—Gabriel… ¿qué significa esto?
Su hermano lo miró fijamente.
—Significa que quizá nunca conocimos toda la verdad sobre nuestros propios hijos.