La mansión de los Horan

Capítulo 2.

“Asesinato”.

Narrado por Valeska.

​La noche pesaba. Me refugié en una ducha caliente intentando disipar los ruidos que creía escuchar entre las paredes, pero el vapor no lograba calmar mi ansiedad. Al salir, envuelta apenas en una toalla, me acerqué a la ventana. Allí estaba él: Niall, estático bajo la luna, mirando hacia la nada con una fijeza inhumana.
​Me vestí a toda prisa y bajé con el corazón martilleando contra mis costillas. Salí al jardín, intentando ser una sombra, pero el bosque me traicionó. El crujido de una rama bajo mi pie sonó como un disparo en el silencio de la noche. Niall se giró con una violencia eléctrica y me clavó la mirada.
​Empezó a caminar hacia mí. Con cada paso que daba, el aire se volvía más denso. Sentí un pánico primitivo, de esos que te anclan los pies al suelo y te roban la voz justo cuando más necesitas gritar.
​-¿Qué rayos haces aquí? Deberías estar durmiendo -su voz no era una pregunta, era una sentencia.
​Le sostuve la mirada un segundo, pero el frío que emanaba de sus ojos azul celeste era insoportable, como si me quemara la piel. Bajé la vista de inmediato.
​-Te hice una pregunta, Valeska -dijo, atrapando mi hombro. Su tacto me provocó un escalofrío que me recorrió la columna.
​-Te vi por la ventana... -susurré, con la voz quebrada-. Pensé que tenías miedo, por eso salí.
​Jamás había sentido un terror así. De cerca, su belleza era perturbadora: la piel demasiado pálida, los labios delgados y rosados, el cabello rubio perfectamente peinado, pero unos ojos cargados de un odio antiguo.
​-Pues vete ya -ordenó con una frialdad cortante.
​Quise correr, pero mi curiosidad fue más fuerte que mi instinto de supervivencia.
-¿Qué les pasó a las demás personas que vivían aquí? -pregunté, obligándome a sonar firme.
​Niall esbozó una sonrisa malévola que me heló la sangre.
-Jamás obtendrás esa respuesta.
​De repente, el mundo se volvió blanco. El suelo desapareció bajo mis pies y perdí la conciencia.
​Desperté en una pesadilla arquitectónica. Estaba en una habitación ruinosa, con las paredes empapadas en sangre fresca que goteaba desde el techo. Las marcas de manos ensangrentadas cubrían la puerta y las ventanas estaban hechas añicos. Intenté escapar, pero los pasillos de la mansión se estiraban como chicle. Una voz masculina susurraba desde las sombras, repitiendo una y otra vez: "Él los asesinará... él los asesinará".
​Un soplo de aire gélido me erizó el vello de los brazos. Al girarme, los vi. Tres figuras espectrales me observaban: una mujer con un cuchillo hundido en la garganta, un hombre degollado cuya herida aún borboteaba, y un chico -idéntico a Niall- con un destornillador atravesándole el corazón.
​-Mira cómo nos asesinó -dijeron al unísono, sus voces sonando como cristal roto.
​Imágenes de pura violencia inundaron mi mente. Gritos, oscuridad, el olor metálico de la muerte. Comencé a llorar, asfixiada por el horror de aquel lugar.
​-¡Valeska! -alguien gritaba mi nombre desde la distancia.
​Abrí los ojos de golpe, empapada en sudor y con el sabor de las lágrimas en la boca. Mi hermano me estrechaba entre sus brazos, temblando también.
-Tranquila, solo fue una pesadilla -intentó consolarme.
​-No fue una pesadilla, Harry -sollocé, apartándolo-. Niall es un asesino. Debemos detenerlo y creo que sé cómo...
​Un grito desgarrador cortó mis palabras. Era Sara.
-¡Noooo! ¡Camila!
​Corrimos hacia la habitación de Camila. Al abrir la puerta, el horror de mi sueño se hizo realidad. La habitación era un matadero. El cuerpo de mi amiga yacía mutilado, rodeado de un rastro de sangre que parecía una macabra obra de arte.
​Ya no había dudas. Niall estaba cazándonos.




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