Cristina retrocedió aterrada mientras el eco de aquella voz desaparecía lentamente entre las paredes.
Su respiración era agitada.
—¿Quién está ahí? —preguntó con miedo.
Silencio.
Solo el sonido del reloj antiguo en el vestíbulo.
Tic… tac… tic… tac…
Intentó abrir la puerta principal.
No se movió.
Era como si la mansión no quisiera dejarla salir.
De pronto, unas luces se encendieron al fondo del pasillo.
Y apareció una anciana vestida completamente de negro.
Su piel era pálida y sus ojos grises parecían enfermos.
—Bienvenida, señorita Cristina —dijo con una sonrisa inquietante—. Soy Elena… el ama de llaves.
Cristina dio un paso atrás.
—¿Cómo sabe mi nombre?
La anciana inclinó la cabeza lentamente.
—Aquí todos conocemos a la familia Vivanço.
El corazón de Cristina se detuvo por un instante.
—¿Mi familia vivió aquí?
La mujer no respondió directamente.
Solo levantó una lámpara antigua.
—La mansión guarda muchos secretos… algunos deberían permanecer enterrados.
Cristina sintió un escalofrío.
Elena comenzó a caminar por el pasillo y ella la siguió.
Los retratos parecían observarla.
Algunos tenían los ojos rayados.
Otros estaban cubiertos con telas negras.
Hasta que llegaron al segundo piso.
Había muchas habitaciones… excepto una.
Una puerta enorme con cadenas y un candado oxidado.
Sobre la madera alguien había escrito con pintura roja:
“NO ABRIR”
Cristina se acercó lentamente.
Entonces escuchó algo del otro lado.
Un golpe.
Luego otro.
Y después…
una respiración.
Elena sujetó el brazo de Cristina con fuerza.
—Jamás entre ahí.
La anciana temblaba.
—¿Qué hay dentro?
El rostro de Elena perdió el color.
—Tu madre abrió esa puerta hace diez años…
Y desapareció esa misma noche.
#1220 en Fantasía
#691 en Personajes sobrenaturales
suspense secretos mentiras y muertes, intriga., mansión abandonada con secretos
Editado: 29.05.2026