La mansión de los secretos

Capitulo 4

El pasillo estaba oscuro.
La única luz provenía de la luna que atravesaba las ventanas polvorientas de la mansión.
Cristina salió lentamente de su habitación.
La puerta prohibida permanecía abierta al fondo del corredor.
Negra.
Silenciosa.
Esperándola.
Cada paso que daba hacía crujir el suelo de madera.
Entonces escuchó algo.
Una risa.
Suave.
Infantil.
Cristina se detuvo.
La risa venía del espejo antiguo colocado junto a las escaleras.
Ella miró el reflejo…
y sintió que la sangre se le congelaba.
Porque detrás de ella aparecía una niña.
Pequeña.
Pálida.
Con un vestido blanco antiguo y los ojos completamente negros.
Pero cuando Cristina se giró…
no había nadie.
Volvió a mirar el espejo.
La niña seguía allí.
Sonriendo.
—¿Quién eres? —susurró Cristina.
La niña levantó lentamente una mano… y señaló hacia la habitación prohibida.
Luego escribió algo sobre el vidrio empañado del espejo.
“MAMÁ ESTÁ VIVA”
Cristina abrió los ojos con horror.
—¿Qué…?
El espejo se quebró violentamente.
CRASH.
Los pedazos cayeron al suelo mientras la niña desaparecía.
Y desde el interior del cuarto prohibido comenzó a escucharse una voz femenina.
Débil.
Desesperada.
—Cristina… ayúdame…
Era la voz de su madre.
Sin pensarlo, Cristina corrió hacia la habitación.
El aire se volvió helado.
Las paredes parecían respirar.
Y al cruzar la puerta…
descubrió algo imposible.
El cuarto era muchísimo más grande por dentro.
Parecía un pasillo interminable lleno de puertas antiguas.
Cientos de ellas.
Algunas tenían nombres escritos.
Otras… estaban manchadas de sangre.
Entonces vio una puerta entreabierta al final.
Y detrás de ella…
una mujer sentada en la oscuridad.
Cristina sintió lágrimas en los ojos.
—¿Mamá…?
La mujer levantó lentamente la cabeza.
Pero no tenía rostro.




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