Cristina retrocedió horrorizada.
La mujer sentada frente a ella llevaba el mismo vestido que su madre usaba en la fotografía… pero donde debía estar su rostro solo había oscuridad.
Como un vacío.
Como si alguien se lo hubiera arrancado.
—Mamá… —susurró temblando.
La mujer comenzó a llorar.
Un llanto lento y quebrado.
—No mires sus ojos… —dijo con una voz distorsionada—. Nunca mires sus ojos…
Entonces todas las puertas del corredor empezaron a golpear al mismo tiempo.
BAM. BAM. BAM.
Cristina se tapó los oídos.
Las luces comenzaron a parpadear.
Y desde el fondo del pasillo apareció una figura alta cubierta por una túnica negra.
No caminaba.
Flotaba.
La temperatura descendió de golpe.
La criatura tenía dedos largos y deformes… y sostenía una lámpara antigua cuya llama era azul.
La mujer sin rostro empezó a gritar.
—¡CORRE!
La figura giró lentamente la cabeza hacia Cristina.
Y aunque no podía verle el rostro…
ella sintió que aquello la estaba observando.
Entonces recordó algo escrito en el diario:
“La mansión toma los rostros de quienes descubren la verdad.”
La criatura levantó una mano.
Y todas las puertas comenzaron a abrirse solas.
Dentro de cada habitación había personas atrapadas.
Algunas lloraban.
Otras golpeaban las paredes.
Pero todas tenían algo en común.
Ninguna tenía rostro.
Cristina gritó aterrada y corrió por el pasillo interminable.
La criatura comenzó a perseguirla flotando lentamente.
Sin apuro.
Como si supiera que tarde o temprano la alcanzaría.
Mientras corría, Cristina vio una pequeña puerta roja entre todas las demás.
Era diferente.
Sobre ella había un símbolo grabado:
🌹
La rosa negra.
Sin pensarlo, abrió la puerta y entró.
La habitación era pequeña.
Polvorienta.
Y en el centro había una cuna antigua moviéndose sola.
Criiiick… criiiick…
Cristina se acercó lentamente.
Dentro de la cuna había una grabadora vieja.
Y al lado…
otro diario de su madre.
Ella presionó “play”.
La voz de su madre llenó la habitación:
—Cristina… si estás escuchando esto, significa que la mansión ya despertó…
La grabación comenzó a llenarse de interferencia.
Pero antes de cortarse, su madre dijo algo que le heló la sangre:
—Tú no llegaste aquí por accidente…
La mansión te eligió desde que naciste.
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Editado: 02.06.2026