Las manos emergían del suelo como raíces vivas.
Cristina corrió hacia la puerta roja justo cuando una de ellas rozó su tobillo.
El contacto fue helado.
Y en ese instante vio algo.
Una visión.
La mansión décadas atrás.
Las paredes estaban nuevas.
Las rosas del jardín florecían.
Y una mujer vestida de negro caminaba por los pasillos.
Todos la observaban con miedo.
Era la misma figura de la fotografía.
La Dueña.
Entonces la visión desapareció.
Cristina cayó de rodillas en el corredor interminable.
La criatura de la lámpara azul había desaparecido.
Todo estaba silencioso.
Demasiado silencioso.
—¿Hola? —susurró.
Una voz respondió detrás de ella.
—No deberías pronunciar palabras aquí.
Cristina giró.
Era la niña del espejo.
Pero esta vez no parecía monstruosa.
Sus ojos seguían negros, aunque había tristeza en ellos.
La niña levantó lentamente una mano y tocó la pared.
La madera comenzó a cambiar.
Como si estuviera viva.
Una puerta secreta apareció ante ellas.
—¿Quién eres? —preguntó Cristina.
La niña bajó la mirada.
Y escribió sobre la pared:
"Mi nombre era Sofía."
Cristina sintió un escalofrío.
—¿Eras?
La niña asintió.
Después escribió otra frase.
"Fui la primera hija."
Antes de que Cristina pudiera preguntar más, la puerta secreta se abrió.
Dentro había una habitación circular.
Y en sus paredes había cientos de fotografías.
Miles, quizá.
Personas de diferentes épocas.
Niños.
Mujeres.
Hombres.
Todos habían vivido en la mansión.
Todos tenían algo en común.
Una rosa negra dibujada sobre el pecho.
Entonces Cristina vio una fotografía reciente.
Muy reciente.
Su respiración se detuvo.
Era una foto tomada apenas unos días antes.
Y aparecía ella.
Dormida en su propia cama.
Mucho antes de recibir la carta.
—No puede ser...
Debajo de la fotografía alguien había escrito:
"La heredera ha regresado."
De pronto, una voz resonó por toda la habitación.
Una voz femenina.
Elegante.
Antigua.
Y llena de odio.
—Después de cien años...
Las fotografías comenzaron a caer de las paredes.
Una por una.
—Por fin vuelves a casa, Cristina.
La temperatura descendió.
Las sombras se reunieron en el centro de la habitación.
Y lentamente comenzaron a formar la figura de una mujer.
Alta.
Vestida de negro.
Sin rostro.
La Dueña había llegado.
Y cuando habló de nuevo, pronunció unas palabras que hicieron que Sofía comenzara a llorar:
—Dile a mi hija quién es realmente.
Continuará... 🖤🏚️📖
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Editado: 02.06.2026