La mansión de los secretos

Capitulo 9

El aire se volvió tan frío que Cristina podía ver su propia respiración.
La figura de la Dueña permanecía inmóvil en el centro de la habitación circular.
Las sombras giraban a su alrededor como un torbellino oscuro.
Sofía cayó de rodillas.
Temblando.
Llorando.
Como si estuviera aterrada de aquella mujer.
—¿Mi hija? —susurró Cristina—. ¿Qué significa eso?
La Dueña extendió lentamente una mano.
Y todas las fotografías comenzaron a flotar en el aire.
Cientos de rostros.
Cientos de vidas.
Todos observándola.
—Hace cien años —dijo la Dueña— construí esta mansión para desafiar a la muerte.
Las sombras comenzaron a mostrar imágenes.
Cristina vio a la mujer cuando aún tenía rostro.
Era hermosa.
Pero sus ojos estaban llenos de obsesión.
—Mi hija enfermó —continuó la Dueña—. Y cuando murió... me negué a dejarla partir.
La visión cambió.
La mujer realizó rituales prohibidos.
Abrió puertas que jamás debieron abrirse.
Y la mansión comenzó a cambiar.
A crecer.
A alimentarse.
—La casa se convirtió en un ser vivo —explicó la Dueña—. Y me concedió una promesa.
Cristina sintió un nudo en la garganta.
—¿Cuál promesa?
La figura sin rostro sonrió.
Aunque no tenía boca.
—Que mi hija volvería una y otra vez.
El corazón de Cristina dio un vuelco.
No.
No podía ser.
—Estás mintiendo.
Las sombras se apartaron.
Y apareció una última imagen.
Una niña jugando en el jardín de la mansión hacía más de cien años.
La misma cara.
Los mismos ojos.
Era idéntica a Cristina.
—Tú eres ella —susurró la Dueña.
Cristina retrocedió.
—¡No!
—Has vivido muchas vidas. Muchas familias. Muchos nombres.
Sofía comenzó a llorar más fuerte.
—No la escuches —dijo.
Pero la Dueña continuó.
—Tu madre descubrió la verdad hace diez años.
Cristina sintió el pecho apretarse.
—¿Dónde está ella?
Por primera vez la Dueña guardó silencio.
Y algo parecido a la tristeza recorrió las sombras.
—Intentó arrebatármela.
La habitación tembló.
Las fotografías comenzaron a incendiarse solas.
Una tras otra.
—Y ahora está atrapada donde ni siquiera yo puedo llegar.
De repente, un grito resonó por toda la mansión.
Un grito femenino.
Desgarrador.
Cristina reconoció aquella voz al instante.
Era su madre.
Y venía de las profundidades de la casa.
Mucho más abajo de cualquier sótano.
Mucho más abajo de la tierra.
Sofía levantó la cabeza aterrada.
Y escribió apresuradamente sobre el suelo:
"LA PUERTA DEL CORAZÓN SE ABRIÓ."
La Dueña se quedó inmóvil.
Por primera vez parecía asustada.
Muy asustada.
Y entonces susurró:
—No... él despertó.
Desde algún lugar bajo la mansión, una risa grave comenzó a resonar.
Una risa que no pertenecía a ningún ser humano.
La verdadera oscuridad de Blackwood acababa de despertar. 🖤🏚️
Continuará...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.