La mansión de los secretos

Capitulo 10

La risa siguió resonando bajo la mansión.
Lenta.
Profunda.
Antigua.
Las paredes comenzaron a latir.
BUM... BUM... BUM...
Como si un corazón gigantesco estuviera escondido bajo los cimientos.
Cristina sintió que el suelo vibraba bajo sus pies.
—¿Quién despertó? —preguntó.
La Dueña retrocedió.
Por primera vez parecía vulnerable.
—Antes de la mansión... antes de mí... ya había algo aquí.
Sofía se puso de pie rápidamente y tomó la mano de Cristina.
Sus ojos negros estaban llenos de terror.
Escribió en la pared:
"NO ESCUCHES SU VOZ."
Pero ya era demasiado tarde.
Una voz surgió desde las profundidades.
No entró por sus oídos.
Entró directamente en su mente.
—Cristina...
Ella sintió un dolor agudo en la cabeza.
—Cristina...
La voz parecía conocerla.
Parecía haberla estado esperando.
Entonces una grieta atravesó el suelo de la habitación.
Y una luz roja surgió desde abajo.
La Dueña observó la grieta horrorizada.
—Corran.
Cristina jamás imaginó escuchar miedo en aquella voz.
—¿Qué hay ahí abajo?
La Dueña respondió con apenas un susurro.
—El corazón de la mansión.
La grieta siguió abriéndose.
Y Cristina pudo ver algo moviéndose en las profundidades.
Algo enorme.
Demasiado enorme.
No parecía una persona.
Ni un animal.
Parecía una sombra hecha de miles de sombras.
Y en medio de aquella oscuridad...
abrió un ojo.
Un único ojo rojo.
Gigantesco.
Observándola.
En ese instante, Cristina vio recuerdos que no eran suyos.
Vio la construcción de la mansión.
Vio desapariciones.
Vio generaciones enteras consumidas por la casa.
Y vio a la Dueña arrodillada frente a aquel ojo hacía más de cien años.
Haciendo un pacto.
Un pacto terrible.
—Te entregaré todo —decía la Dueña en la visión—. Mi alma. Mi familia. Mi vida.
La criatura respondió:
—Y yo te daré eternidad.
La visión desapareció.
Cristina cayó de rodillas.
Ahora entendía.
La Dueña nunca había controlado la mansión.
La mansión la había utilizado.
Y aquella cosa...
aquella entidad...
era el verdadero amo de Blackwood.
Entonces el ojo rojo parpadeó.
Y la voz volvió a sonar en su mente.
—He esperado cien años para recuperarte.
Sofía comenzó a llorar.
La Dueña cerró los puños.
Y desde las profundidades surgió una palabra que heló la sangre de todos:
—Princesa.
Porque Cristina acababa de descubrir la verdad más aterradora de todas.
Ella no era la heredera de la mansión.
Era la heredera de aquello que vivía debajo de ella.
Continuará... 🖤🏚️👁️




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