La puerta se abrió con un estruendo que resonó por toda la mansión.
BOOOOM.
Las sombras se agitaron.
La entidad rugió desde las profundidades.
Y por primera vez...
pareció tener miedo.
Cristina, su madre, Sofía y la Dueña atravesaron un corredor oculto detrás de una pared que acababa de derrumbarse.
Era diferente al resto de la casa.
No había retratos.
No había muebles.
No había sombras.
Solo piedra antigua.
Muy antigua.
Como si aquel lugar hubiera existido mucho antes que la mansión Blackwood.
Mientras avanzaban, las paredes comenzaron a mostrar símbolos extraños grabados a mano.
Cristina rozó uno con los dedos.
Y una visión apareció inmediatamente.
Vio un bosque.
Oscuro.
Infinito.
Y en medio de él...
un pozo de piedra.
Alrededor del pozo había personas encapuchadas.
Rezaban.
Temblaban.
Tenían miedo.
Porque algo vivía dentro.
La visión desapareció.
—¿Qué era eso? —preguntó.
La Dueña respondió con voz apagada.
—Mucho antes de la mansión existía un culto.
—¿Un culto?
—Adoraban a la criatura del pozo.
La madre de Cristina cerró los ojos.
—La entidad no nació aquí.
—Entonces ¿de dónde vino?
Nadie respondió.
Porque al final del corredor apareció una puerta.
Pequeña.
Vieja.
Hecha de madera ennegrecida.
No parecía importante.
Y sin embargo todos se detuvieron.
Incluso la Dueña.
Incluso Sofía.
Porque aquella era la habitación más antigua.
El origen de todo.
Cristina empujó la puerta.
Y encontró algo completamente inesperado.
No había monstruos.
No había sombras.
No había oscuridad.
Solo una habitación sencilla.
Y en el centro...
una cuna.
Una cuna de madera muy antigua.
Vacía.
Sobre ella descansaba una pequeña manta roja.
Y una nota amarillenta por el tiempo.
Cristina la tomó.
La letra era antigua.
Temblorosa.
Y decía:
"Aquí nació la primera niña."
Entonces comprendió algo.
La cuna no pertenecía a la hija de la Dueña.
Era mucho más antigua.
Muchísimo más.
Debajo de la nota había un nombre escrito.
Un nombre que nadie había pronunciado jamás.
Un nombre olvidado durante siglos.
Sofía.
La niña del espejo soltó un grito.
Retrocedió.
Y comenzó a llorar.
—No... —susurró.
Los recuerdos regresaron de golpe.
No era una víctima cualquiera.
No era solo un fantasma.
Era la primera niña.
La primera niña que la entidad había intentado llevarse.
La primera en desaparecer.
La primera alma atrapada.
Y entonces todas las piezas comenzaron a encajar.
La entidad no había estado esperando a Cristina.
Había estado buscando algo desde hacía siglos.
Algo que perdió aquella noche.
Algo relacionado con Sofía.
En ese instante la cuna comenzó a moverse sola.
Criiiick...
Criiiick...
Y una voz infantil salió de su interior.
Una voz que hizo palidecer incluso a la Dueña.
—Por fin me encontraron.
La manta roja se levantó lentamente.
Como si alguien invisible estuviera debajo.
Y dos pequeños ojos dorados aparecieron en la oscuridad.
No eran los ojos de un monstruo.
Eran los ojos de algo mucho más antiguo.
Algo que había permanecido dormido durante siglos.
Y que acababa de despertar.
Continuará... 🖤🏚️👁️✨📖
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Editado: 02.06.2026