La mansión de los secretos

Capitulo 16

Los dos ojos dorados brillaron en las profundidades.
Inmensos.
Antiguos.
Imposibles.
Y entonces...
la oscuridad sonrió.
No era una sonrisa humana.
Era la sonrisa de algo que había existido antes del tiempo.
Cristina sintió que las piernas le fallaban.
A su alrededor, la mansión Blackwood se estaba desmoronando.
Los muros se partían.
Los pasillos desaparecían.
Los retratos ardían en llamas negras.
Y en medio del caos, la entidad del ojo rojo seguía gritando:
—¡DEBEN HUIR!
Nadie podía creerlo.
Durante siglos había sido el monstruo de la historia.
Y ahora era quien intentaba salvarlos.
Elías dio un paso adelante.
Sus ojos dorados brillaron con intensidad.
—Ha despertado demasiado pronto.
—¿Quién es? —preguntó Cristina.
Elías guardó silencio durante unos segundos.
Luego respondió:
—El Soñador.
Aquella palabra hizo que incluso la Dueña palideciera.
—Pensé que era un mito...
—Yo también —susurró la madre de Cristina.
Entonces una grieta gigantesca atravesó la habitación más antigua.
Y una luz dorada surgió desde el abismo.
No era una luz cálida.
Era fría.
Vacía.
Como la mirada de algo incapaz de comprender la vida.
De la grieta comenzó a emerger una figura.
No era enorme como Cristina esperaba.
Parecía una persona.
Un joven.
Cabello blanco.
Ropa oscura.
Y ojos dorados.
Los mismos ojos que habían aparecido bajo el mundo.
Cuando sus pies tocaron el suelo, toda la mansión quedó en silencio.
El joven observó a todos.
Curioso.
Como un niño que despierta de una larga siesta.
—¿Cuánto tiempo dormí? —preguntó.
Su voz era suave.
Amable.
Y eso la hacía aún más aterradora.
La entidad rugió desde las profundidades.
—¡NO LE RESPONDAN!
El joven inclinó la cabeza.
—Sigues aquí.
Por primera vez, el ojo rojo mostró auténtico terror.
—No te acerques.
El muchacho sonrió.
—Siempre me tuviste miedo.
Entonces levantó una mano.
Y la entidad desapareció.
Sin ruido.
Sin lucha.
Como si jamás hubiera existido.
Todos quedaron paralizados.
El monstruo que había gobernado Blackwood durante siglos había sido borrado con un simple gesto.
El joven volvió la mirada hacia Cristina.
Y sonrió.
—Por fin nos conocemos.
Cristina sintió un escalofrío.
—¿Quién eres?
El muchacho se acercó lentamente.
—Soy el sueño del que nacieron todos los monstruos.
La temperatura descendió.
Las sombras comenzaron a desaparecer.
La propia realidad parecía volverse inestable.
Y entonces dijo algo que heló la sangre de todos:
—Pero tú, Cristina... eres la única persona que puede destruirme.
Por primera vez...
el verdadero enemigo había mostrado interés en ella.
Y aquello era mucho más peligroso que su odio.
Porque parecía necesitarla.
Continuará... 🖤🏚️✨👁️📖🌑




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