El silencio era absoluto.
Cristina observó al joven de ojos dorados mientras las ruinas de Blackwood crujían a su alrededor.
Había algo extraño en él.
No parecía malvado.
No parecía bueno.
Parecía algo mucho más antiguo que esas palabras.
—¿Por qué yo? —preguntó Cristina.
El joven sonrió.
—Porque fuiste la primera.
Elías dio un paso adelante.
—No le creas.
Pero el muchacho apenas lo miró.
—Tú ya conoces la verdad, Elías.
Las grietas en el suelo comenzaron a expandirse.
A través de ellas se veía un cielo imposible, lleno de estrellas desconocidas.
Como si la realidad estuviera rompiéndose.
—Cuando fui encerrado —continuó el joven—, una parte de mí quedó fuera de la prisión.
Su mirada se clavó en Cristina.
—Esa parte se convirtió en ti.
Todos quedaron inmóviles.
—No... —susurró Cristina.
—Por eso siempre regresabas. Por eso la mansión te reconocía. Por eso podías escuchar voces que otros no escuchaban.
La madre de Cristina apretó los puños.
—Está manipulándola.
—No necesito hacerlo.
El joven extendió la mano.
Y una esfera de luz apareció entre sus dedos.
Dentro de ella había cientos de recuerdos.
Miles.
Todas las vidas que Cristina había vivido a través de los siglos.
Todas terminaban igual.
Muerte.
Oscuridad.
Y regreso.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Cristina sintió lágrimas correr por sus mejillas.
—¿Qué quieres de mí?
La sonrisa del joven desapareció.
Por primera vez pareció triste.
—Libertad.
La palabra resonó en las ruinas.
—Si me destruyes, tú también desaparecerás.
El corazón de Cristina se detuvo.
—¿Qué?
—Estamos unidos.
La Dueña cerró los ojos.
Como si hubiera temido esa verdad durante décadas.
—Si él muere... tú mueres.
Sofía comenzó a llorar.
Elías bajó la cabeza.
Y la madre de Cristina quedó inmóvil.
Porque todos comprendieron lo mismo.
No existía una victoria fácil.
No existía una solución perfecta.
Para salvar al mundo...
Cristina tendría que sacrificarse.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Una nueva voz resonó entre las ruinas.
Una voz suave.
Familiar.
Una voz infantil.
—No es cierto.
Todos giraron.
Y vieron a una pequeña niña de pie entre los escombros.
Tenía el cabello oscuro.
Y los mismos ojos de Cristina.
Pero parecía tener unos ocho años.
El joven de ojos dorados abrió mucho los ojos.
Por primera vez...
pareció sorprendido.
—Tú...
La niña sonrió.
—Me olvidaste.
Elías dio un paso atrás.
La Dueña quedó paralizada.
Y la madre de Cristina susurró:
—Es imposible...
La niña tomó la mano de Cristina.
Y entonces reveló la verdad que nadie conocía.
—No eres parte de él.
Eres la parte de ti que logró escapar.
El rostro del Soñador cambió.
Y por primera vez desde que despertó...
mostró miedo.
Verdadero miedo.
Porque el secreto que había permanecido oculto durante siglos acababa de salir a la luz.
Y podía destruirlo todo.
Continuará... 🖤🏚️✨👁️🌑📖🔥
#1440 en Fantasía
#738 en Personajes sobrenaturales
suspense secretos mentiras y muertes, intriga., mansión abandonada con secretos
Editado: 02.06.2026