La mansión de los secretos

Capitulo 20

El universo entero parecía contener la respiración.
Las tres figuras de estrellas aguardaban.
La balanza permanecía inmóvil.
Y el Soñador observaba a Cristina en silencio.
Por primera vez en toda su existencia...
su destino dependía de alguien más.
Cristina cerró los ojos.
Pensó en Sofía.
En Elías.
En su madre.
En la Dueña.
En todas las personas que habían sufrido por culpa de Blackwood.
Y también pensó en algo más.
En cada error.
En cada dolor.
En cada persona que había cambiado después de equivocarse.
Cuando abrió los ojos, ya había tomado una decisión.
—No te destruiré.
El silencio fue absoluto.
Incluso las estrellas parecieron sorprenderse.
El Soñador permaneció inmóvil.
—¿Qué dijiste?
—No te destruiré.
Sofía abrió mucho los ojos.
La Dueña parecía incapaz de creerlo.
Pero Cristina continuó.
—No porque seas inocente.
—...
—Sino porque destruir no siempre es la única respuesta.
Las figuras luminosas observaron atentamente.
Cristina caminó hacia el Soñador.
—Pasaste una eternidad causando miedo porque era lo único que conocías.
El joven bajó la cabeza.
—Y aun así hice cosas horribles.
—Sí.
La respuesta fue firme.
—Y tendrás que responder por ellas.
El Soñador cerró los ojos.
Como si hubiera esperado escuchar esas palabras durante miles de años.
Entonces Cristina levantó una mano.
La luz que había recibido de la Niña Olvidada comenzó a brillar.
El resplandor envolvió al Soñador.
Pero no era una luz destructiva.
Era una luz sanadora.
Las sombras comenzaron a desprenderse de él.
Como cenizas llevadas por el viento.
Durante siglos había sido una pesadilla.
Ahora parecía simplemente un muchacho cansado.
Las figuras estelares hablaron al unísono.
"LA SENTENCIA HA SIDO ACEPTADA."
La balanza desapareció.
El cielo comenzó a cerrarse.
Y la mansión Blackwood empezó a derrumbarse definitivamente.
Las paredes se convirtieron en polvo.
Los corredores desaparecieron.
Las habitaciones infinitas se deshicieron como humo.
Las almas atrapadas comenzaron a elevarse hacia la luz.
Sofía sonrió.
Por primera vez libre.
Elías también comenzó a desvanecerse.
—Gracias, Cristina.
Su voz era tranquila.
En paz.
La Dueña observó a su hija.
La verdadera hija que había intentado salvar hacía más de un siglo.
Y ambas se abrazaron mientras se convertían en luz.
Finalmente, Cristina corrió hacia su madre.
Y la abrazó con todas sus fuerzas.
—Pensé que te había perdido.
—Yo también pensé que no volvería a verte.
Las lágrimas corrían por sus rostros.
Pero esta vez no eran lágrimas de tristeza.
Eran lágrimas de alivio.
Detrás de ellas, el Soñador observaba el amanecer.
El primero que veía en miles de años.
—¿Qué harás ahora? —preguntó Cristina.
Él sonrió suavemente.
Ya no daba miedo.
—Aprender.
El último fragmento de Blackwood desapareció.
Y el sol iluminó el horizonte.
La pesadilla había terminado.
Pero mientras el viento soplaba entre las ruinas...
Cristina creyó escuchar una voz lejana.
La voz de la mansión.
No era amenazante.
No era oscura.
Solo un susurro.
"Gracias por liberarnos."
EPÍLOGO
Meses después, en el lugar donde una vez estuvo la Mansión Blackwood, crecían cientos de rosas rojas.
Cristina visitaba aquel lugar a menudo.
A veces sola.
A veces con su madre.
Y aunque el misterio había terminado...
siempre dejaba una flor junto a una pequeña placa de piedra.
La inscripción decía:
"Para aquellos que encontraron la luz incluso en la oscuridad."
Y cada vez que el viento movía las rosas...
parecía que alguien sonreía entre ellas.

FIN




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