La Mansión De Wisteria

IV: El Baile de las Luces

Vaya, cómo me extendí con aquello. Pero les prometo que es importante entender la forma en la que inició.

Caden pasó aquella noche devoto a mí. Resulta extraño, en retrospectiva, que a pesar de que yo fuera de las únicas personas que no lo conocían previamente, incluyendo a Isabella, Max y Margot, Caden no busco la compañía de sus demás conocidos. Era casi increíble pensar que un solo encuentro causó tal impresión en él, sobre todo al haber sido tan corto y superficial. Pero quise creer que así como conmigo, su corazón sintió el tironeo al conocernos. Aquel magnetismo que sientes cuando al primer encuentro, conoces a alguien con quien vas a encajar.

La forma en la que me observó me hizo sentir como la luna en un mar de estrellas. Caden me escuchó hablar durante la cena. Me hizo preguntas. Atentamente, realizó comentarios oportunos aquí y allá, se rió cuando se me salían estupideces por los nervios. Me llamaba por mi nombre cuando apartaba la mirada por la vergüenza. Mi nombre, oh, sonaba como la palabra más bella del mundo cuando él lo decía. Era melodioso y dulce en sus labios. Y me hacía sentir como si nos conociéramos desde siempre, y no hacía tan solo un par de horas.

Un par de veces, le pregunté sobre él. Me contestó cosas triviales, como su color favorito, el resto de sus mascotas. Pero cuando le pregunté sobre el resto de su familia o sobre las medallas que tenía su chaqueta, apretaba los labios y su mirada se perdía. Luego de unos segundos, volviá en sí y se disculpaba suavemente. Decidí que aquello debía ser sensible y yo no lo presionaría a contarme.

Ni siquiera quisiera describir la impresión del resto, pero la cena estuvo llena de cuchicheos. Todos intentaron especular sobre lo que había sucedido entre nosotros en voz baja, pero siendo totalmente honesta, no era necesario. Apenas podía oirlos. Estaba tan concentrada en él que el tiempo voló. Cuando ya era hora de despedirnos, él me acompañó hasta mi alcoba, junto con mis padres y Max. Mis padres intentaron hacer conversación con él al principio, pero rápidamente desistieron al no hallar nada que decir que les diera una respuesta elaborada. Max por su parte, logró sacarle una sonrisa divertida al contarle que yo había pasado el día entero fuera y que no le sorprendía que me hubiese perdido cuando oscureció. Fue un logro en mi opinión. Algo se removió en mi interior al verlos a ambos llevarse bien. Pensé, en aquel momento, que se trataba de un buen augurio.

Cuando todos entraron, Caden se volvió hacia mí y me tomó de la mano discretamente. Mi rostro debía estar en llamas, pero al menos también pude distinguir un leve rubor en el suyo. Un reflejo de que lo que sea que fuera aquello, ambos nos hallábamos inexplicablemente atraídos al otro. Besó mi mano con ternura y nos miramos por un segundo más de lo necesario. Nos sonreímos, la luz del candelabro sobre nosotros haciendo que la calidez que transpiro fuera palpable. Caden me dio una sonrisa antes de partir a su propia habitación.

Al entrar, mi madre no dudó en interrogarme. Max me bombardeó con miles de cuestionantes de qué rayos le había hecho yo para tenerlo tan hechizado. Seguramente la magia sí existe, afirmó él. Mi madre se tapó la boca horrorizada y estuvo a punto de llorar. Antes creería más en la magia que en que su hija atrapara la atención de un joven como el amo de la Mansión de Wisteria, según aparentaba. Pero luego de contarles que lo único que hice fue estar en el momento equivocado, Max se carcajeó y me observó con lo que parecía aprobación en sus ojos. Mi madre seguía agitada pero me abrazó al fin y me dijo que siguiera haciendo lo que fuera que hice. Papá se durmió antes de que yo siquiera terminara la historia, así que supongo que ya pueden imaginar su expresión ante esto.

Los días pasaron de la forma que menos esperaba al venir aquí. Caden pedía que lo acompañara a caminar con él luego de la comida, frente a todo el mundo. Es como si ni siquiera quisiera molestarse en prestarle atención al resto. Como si solo yo le interesara. En las mañanas, cuando los hombres conversaban con tazas de café, Caden se sentaba con mi hermano. Max me lo reportó con tanta emoción que creerías que era a él a quien estaba cortejando. Y cuando me llevaba por el jardín, parecía estar más relajado. Me llegó a decir que le sofocaba tener que navegar aquellas interacciones y que yo le parecía un soplo de aire fresco. Tomaba flores silvestres y las ponía en mi cabello. Me pidió disculpas, una vez, por entregarme toda su atención sin preguntar si era bienvenida. Y esa vez, a pesar de toda mi vergüenza, fue mi turno de tomar su mano y depositar un beso en sus nudillos. Lo miré a los ojos esperando que él entendiera.

El tiempo pasó tan rápido, y aun así se sintió como una vida entera. Hicimos y deshicimos todo lo que conocíamos en dos días hasta que llegó el baile. Las últimas preparaciones se llevaron a cabo apresuradamente antes de que los invitados llegaran.

El caso de nosotros en particular se debía a que veníamos del otro lado de la nación, pero a los más afortunados les bastó con llegar para el evento. Las luces iluminaron la Mansión de Wisteria y los jardines de forma mítica. Parecía que habías entrado en una fantasía. La música fue incomparable, los violines y las sinfonías movieron a todo el mundo en un trance mientras llegaban. Todo, desde la entrada, hasta el gran jardín posterior dónde se realizó el baile, eran un paisaje en sí mismos. Bellamente decorados con flores y velas, sentí que mi corazón tronaba de la emoción.

Aquel día casi no vi a Caden, ya que ni siquiera él podía escaparse de los coordinadores.

Esa noche, mi madre hizo lo posible por arreglarme de la forma más memorable posible. Me puso un vestido dorado, como de hada, con listones y volantes que en honor, volaban cuando daba vueltas y destellaban en la luz. Mi pelo, el cual mi madre usualmente trataba de mantener atado debido a lo inmanejable que resultaba, fue recogido en la parte de atrás de mi cabeza. Mi madre me colocó una tiara sobre la frente, la cual consistía en flores unidas entre ellas, adornadas con algunos de mis mechones sobre mis sienes. Mi madre me maquilló sutilmente, intentando no hacerme muy diferente de la primera vez que Caden me vio. No sea que arruinemos lo que sea que le guste, dijo ella entre dientes. Al final, terminé viéndome más hermosa de lo que alguna vez me había visto. Sonreí para mi misma, sin poder esperar a encontrarme con Caden.




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