La Mansión De Wisteria

X: Tormenta sin Truenos

Mientras más se iba asentando el frío en la región, más frecuentes se volvieron las lluvias.

A veces, se trataba simplemente de lloviznas dispersas que caían mientras tomaba sol afuera. Una bruja debía estar contrayendo matrimonio, me repetía a mí misma lo que mi madre solía decir cuando la lluvia caía con el sol de testigo. A veces, tronaba tan sonoramente que podría haber jurado que la casa se estremecía.

Cassidy empezó a buscar refugio en la mansión. Finalmente podía cargarla alrededor de la casa cuando se portaba perezosamente. La observaba durmiendo frente a la chimenea mientras Caden y yo pasábamos el rato. Lo desafortunado fue que le tomó gusto a arañar los muebles y desgarrar las cortinas y manteles que caían cerca de su alcance.

El cielo empezó a teñirse de gris, y muy raramente podía salir a pasear. Aquello me decepcionó un poco. Estando dentro de la mansión podía sentirse un tanto…vacía.

Caden se la pasaba trabajando como de costumbre. Así que cuando podía le hacía compañía en su oficina. Sin embargo, cuando se hacía evidente que yo era más una distracción que un apoyo, me despedía e iba en busca de mis propios asuntos. Me entretuve inicialmente leyendo y explorando los interiores. Resulta que ninguna residencia, por más enorme que sea, es inmensurable. Ya no tenía ninguna restricción de acceso, como era la nueva señora de la casa y testigo de la condición precaria del Lord Wisteria.

Luego me dediqué a acompañar al padre de Caden. El señor Wisteria apreciaba mis visitas. Llevaba libros para narrarle. Le contaba de mi vida previa en la Capital y sobre mi familia. Tomábamos té en las tardes más frías. Pero noté que su voz era frágil. No podía mantener conversaciones extensas. Y a pesar de que su compañía era valiosa, su descanso era mayormente requerido. Los ataques de tos que le daban muchas veces obligaron a Eliza a pedirme que me retirara por mi propia salud y para permitirle al Lord que se le diera su tratamiento.

Eliza, por su parte, era una persona ocupada. Entre su posición como enfermera del Lord Wisteria y del servicio en general de la Mansión, muy pocas veces pude pedirle que realizaramos algo juntas. Creo que en parte temía que estuviera atentando contra la barrera entre nuestras posiciones, siendo esta la razón real por la que se excusaba cuando le solicitaba compañía.

Así que mi escolta infalible se limitó a mi gata. Tuve que agradecerle al mal tiempo por darme la oportunidad de mantenerla cerca. Cassidy parecía tan apegada a mi como yo a ella. A veces era suficiente tenerla en mi regazo mientras hacía cualquier cosa. Pero a veces, incluso ella observaba por la ventana al cielo con anhelo. En momentos así, extrañaba a mi hermano, quien siempre hacía tiempo para mí. Había muchas cosas que aún no había podido hacer. Visitar el pueblo en la costa. Desde mi llegada no había salido de la Mansión de Wisteria. Quería volver a oler la brisa salina y nadar en el mar. Pero Caden permanecía ocupado la mayor parte del día.

La boda de mi hermano se aproximaba. Contaba los días para que partiéramos, Caden y yo. Estaba emocionada por mostrarle mi hogar, por ser su anfitriona. Estaba impaciente por volver a ver a Max, e incluso a Isabella también. Extrañaba los ruidos y agitación de mi hogar. No es que fuera un mal cambio la paz que ofrecía mi nuevo hogar. Caden lo valía. Pero sacar de uno mismo las costumbres con las que creces no es algo que suceda de pronto. Tenía el corazón agitado y añorante.

Las largas tardes se extendieron hasta la noche hasta que podía cenar con mi esposo. Demandaba su atención como una huérfana. Pero en las mañanas, los días volvían a empezar del mismo modo.

Una tarde en particular estaba esperando la oportunidad de organizar los preparativos para nuestro viaje con Caden. Cassidy estaba tirada en el suelo, desplegada como un trapo mientras se lamía una pata. Me encontraba a la mesa, cubiertos y platos dispuestos frente a mi. Caden aún no había llegado a pesar de ser tarde. No empezaría a comer hasta que él llegara, pero la comida se veía más tentadora con cada minuto que pasaba. La habitación estaba en silencio. Escuchaba el sonido del reloj marcando los segundos. El roce de mi vestido con cada movimiento que hacía. La lengua de Cassidy hacía un ruido gracioso. Luego de un rato decidí que saldría yo misma a su encuentro.

Solo al salir del comedor pude escucharlo. Las ventanas que habían en los pasillos me permitieron ver que estaba lloviendo como nunca. El sonido era sobrecogedor al punto de que fuera curioso que no se oyera desde el comedor. El cielo estaba negro. Observé cómo el agua se acumulaba en charcos en todo el jardín. Y la brisa. Era bestial. Los pastos altos y los árboles se zarandeaban a su voluntad. Algunos de maderas flexibles eran empujados con tal fuerza que se doblaban como contorsionistas. Me llevé las manos a la boca y me acerqué a la ventana para intentar captar mejor los detalles de la escena. Los vidrios también temblaban ligeramente. Al notar esto, di un paso torpe hacia atrás. Lo mejor sería mantenerse lejos de cualquier ventana. Brisas como estas seguramente podrían quebrarlas en cualquier momento. Cassidy maulló a mis espaldas y me giré agitada.

–Vámonos de aquí, Cass. Puede ser peligroso. Hay que encontrar a Caden.

La tomé en mis brazos suavemente. Hizo un sonido de protesta. La lluvia la alteraba igual que a mí.

Empujé suavemente la puerta de madera oscura del estudio de Caden. Estaba entreabierta. Rechinó ante mi tacto, sensible ante la lluvia. El pomo gélido sobresaltó aún más mis nervios.

–¿Caden?

El estudio estaba oscuro, sin velas que apartaran las penumbras. Entrecerré los ojos para ver mejor en caso de que se hubiese quedado dormido en el sofá. El sonido afuera era ensordecedor, me di cuenta. Cassidy saltó de mis brazos y caminó fuera del estudio. Mis ojos la siguieron por un segundo.

–Qué extraño,–murmuré para mí.




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