La Mansión De Wisteria

XXI: Cassidy

No pude mirar a Caden a los ojos.

Cada vez que cerraba los míos, veía el rostro desgarrado de su padre y sentía que me iban a sobrecoger las arcadas. Quería llorar. Quería admitir lo que había sucedido y rogar por su perdón. Pero algo me lo impidió. No podía enfrentarlo. Tenía miedo de quebrar la paz que teníamos y apartarlo de mí de una vez por todas.

Si tuviera que apostar, creo que un día se dió cuenta. Aquel día su humor fue amargo. Nunca rompió el silencio que se sumió sobre ambos. Y aquella noche, tuvo la peor pesadilla hasta el momento. Se levantó llorando y corrió al baño de inmediato. Lloró y gritó como el primer día.

Sin embargo, no me dijo nada. Esperaba que por lo menos me cuestionara. Pero al no hacerlo, asumí que, o me había equivocado y no se había enterado, o no había conectado el incidente a mí.

Y un día fue como si despertara de un letargo. Me di cuenta de que no había visto a Cassidy en días.

La gata, la cual ya no salía afuera debido al frío del invierno entrante, la cual me seguía fielmente como una cría a su madre y me mantenía compañía cuando ninguna otra persona estaba disponible, ya no se hallaba dentro de la mansión.

De un día a otro, todo rastro de ella se había desvanecido como si nunca hubiese pasado por mi vida.




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