La máquina: versos de un sistema roto

Reinició defectuoso

Entro en pánico, el botón no responde.
Lo intento más de diez veces,
pero no logro ver de nuevo tu calidez,
solo reinicio mi dolor
una y otra vez.

Diez.
Vuelvo al día en que decidí quedarme,
como si el amor bastara.
(Ya sabía que dolías,
pero igual me aferraba.)

Nueve.
Las promesas rotas no tienen reversa.
Tu voz, ese eco que me atraviesa,
dice lo mismo, pero no suena igual.

Ocho.
Me convenzo de que puedo.
De que aún hay algo en los restos.
Pero amar desde la ruina
no me salva, me entierra lento.

Siete.
Ensayo sonrisas frente al espejo,
pero todas se caen antes de llegar a los ojos.

Seis.
Tus mensajes cortos,
tus respuestas vacías,
ese amor con hambre y sin poesía.
¿Era eso lo que merecía?

Cinco.
Quise convencerme:
“Esto es un comienzo”,
pero la herida seguía abierta
detrás del intento.

Cuatro.
Tiemblan mis manos.
La duda no me deja dormir.
¿Cómo se sigue cuando volver
también es morir?

Tres.
Mis pensamientos van en loop,
una y otra vez.
Nunca se apaga este error interno,
nunca descanso, nunca reseteo.

Dos.
Tus brazos ya no son refugio.
Son jaula.
Y yo, una versión fallida
intentando amar con el alma desgarrada.

Uno.
Pulso fuerte.
Nada pasa.
El sistema no arranca.

Cero.
Solo queda el vacío.
Ni tú. Ni yo.
Solo un cuerpo cansado,
reiniciando su dolor.




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