Me invitas a tu casa,
me abres la puerta de tu intimidad.
Creo, ingenuamente,
que hay esperanza,
que esta historia aún puede continuar.
Le siguen los abrazos,
los besos también,
y esas señales confusas
que el corazón interpreta
como quizá esta vez.
La luz parpadea.
Lloras en la oscuridad.
Me dejas saber lo que ya sé,
para luego
borrarlo otra vez.
Destellas, te apagas.
Me ahorcas, me salvas.
Te acercas solo para empujarme,
me hablas solo para callarme.
Terminas con todo
después de decirme
que puedo ser tu todo.
¿Ahora ya no quieres nada de mí?
¿Es en serio?
Que deje de repetir lo que ya sabes,
pero no lo sabes.
O no quieres entenderlo.
O no puedes sostenerlo.
Simplemente no puedes dar señales
y luego huir tan vilmente,
como si no hubiera consecuencias,
como si mis emociones
fueran luces fundidas
en una máquina descompuesta.
Pero yo vi ese destello tuyo.
Creí que aún había vida.
Y era solo un error del sistema.