He borrado tus fotos,
archivado tus palabras,
cerrado todas las ventanas
por donde se colaba tu voz.
Pero el cuerpo…
el cuerpo aún te recuerda.
Mis manos dudan antes de tocar,
como si aún temieran tu reacción.
Mi espalda se tensa
cuando alguien alza la voz.
No pienso en ti,
pero mi piel sí.
Tu nombre ya no me hiere,
pero algo en mí se encoge
cuando lo escucho decir.
Camino segura,
y aun así
mi sombra tropieza contigo.
Ya no me haces falta,
pero me haces eco.
Dicen que el cuerpo guarda memoria,
y el mío es una bóveda de todo lo que callé.
De cada vez que fingí que no dolía.
De cada noche que quise desaparecer.
He sanado, sí.
Pero hay cicatrices que no gritan,
solo arden cuando cambia el clima.
Y tú eres tormenta vieja,
que sigue lloviendo en mis días limpios.