No es que me haya roto,
ni que todo haya terminado,
solo que el motor interno
necesita un respiro callado.
No hay chispa para encender,
ni prisa para avanzar,
estoy en pausa, en silencio,
dejando al tiempo pasar.
No abandono ni renuncio,
solo aprendo a esperar,
que la calma vuelva lenta,
y el alma se pueda armar.
No estoy lista para el salto,
ni para borrar la historia,
solo me detengo un momento,
para encontrar otra memoria.
El eco de lo vivido
aún resuena en mi ser,
y aunque no quiera avanzar,
sé que debo aprender.
No es un fracaso, ni derrota,
es una pausa, un espacio,
donde puedo respirar,
sin sentirme un fracaso.
Mis piezas no encajan aún,
pero no están rotas del todo,
están a la espera paciente,
de un impulso que les dé modo.
No es abandonar el camino,
ni rendirse a la caída,
es reconocer el ritmo
que dicta mi propia vida.
Cuando llegue el instante,
cuando el reloj me avise,
seré yo quien decida,
cuándo el sistema se reinicie.
Por ahora, guardo el silencio,
me dejo ser sin prisa,
porque en la pausa habita
la fuerza que me avisa.
Que no estoy rota, no aún,
solo guardando la calma,
para volver a avanzar
con el alma en la palma.