Después del apagón,
solo queda el silencio.
Una quietud que no duele ni calma,
una ausencia que pesa pero no lastima.
La pantalla está vacía,
sin palabras, sin imágenes,
un lienzo en blanco
que antes estuvo saturado
de mensajes no leídos
y recuerdos que ya no quiero revisar.
No sé quién soy sin tu voz en el eco,
sin el reflejo de tus ojos en los míos,
sin el peso de tus ausencias
que marcaron cada latido.
Hay un espacio inmenso
donde antes hubo cadenas,
un vacío que me asusta
porque es nuevo,
porque es mío.
Pero también es una promesa,
un territorio sin mapas ni reglas,
donde puedo descubrir
qué queda de mí
cuando dejo de ser parte de ti.
Aquí no hay miedo,
solo la calma inquietante
de quien se encuentra
por primera vez,
sin instrucciones,
sin el ruido de un amor que se fue.
Una pantalla en blanco,
una nueva oportunidad
de escribir una historia
que sea solo mía.