La Marca De Ceniza

CAPÍTULO 3. EL NOMBRE QUE FALTABA

Liora no apartó la mirada del documento. Durante unos segundos fue incapaz de procesar las tres palabras que tenía delante.

INCIDENTE ELARA VALE.

El nombre parecía fuera de lugar, como si alguien hubiera colocado una pieza de otra historia en medio de la suya. No reconocía a ninguna Elara Vale. Nunca había escuchado ese nombre en casa, nunca había aparecido en las conversaciones de Mara y, hasta aquel momento, jamás había tenido motivos para pensar que existiera alguien con su mismo apellido que pudiera estar relacionado con su expediente.
—¿Quién es? —repitió Liora.
Niko seguía mirando la pantalla.
—No lo sé.
—Acabas de decir que sabes que está relacionado conmigo.
—He dicho que encontré el registro. No que supiera qué significa.
Liora se apartó de la mesa y comenzó a caminar lentamente por la sala. Necesitaba moverse para pensar. Todo se estaba acumulando demasiado deprisa: la notificación del Registro, la evaluación genética, la ausencia de su nacimiento original, la coincidencia del 97,8 %, los Arven, la Guardia de Vinculación y ahora un nombre que parecía haber sido borrado de su vida antes incluso de que pudiera recordarlo.
—¿Qué tipo de incidente?
—Eso es lo extraño.
Niko amplió el documento.
El archivo estaba incompleto. Solo quedaban algunas líneas y varias referencias internas. La mayoría de los campos estaban bloqueados o aparecían como eliminados. En la parte superior figuraba una fecha de diecinueve años atrás.
Liora hizo el cálculo mentalmente.
Diecinueve años.
Ella tenía veintidós.
—Yo tenía tres años.
Niko asintió.
—Exactamente.
Liora volvió a acercarse.
—¿Y qué ocurrió ese día?
—No lo sé. El registro está clasificado.
—¿Por quién?
Niko señaló la misma autorización que había aparecido en el documento anterior.

ARVEN.

Liora sintió que el pecho se le cerraba.
—No puede ser una coincidencia.
—Eso estoy pensando.
—¿Puedes abrirlo?
—No desde mi nivel de acceso.
Liora lo miró.
—¿Y desde el mío?
Niko dudó.
—Tu acceso tampoco debería permitirlo.
—Pero trabajo aquí.
—Precisamente.
Liora entendió lo que quería decir. Había pasado años viendo cómo funcionaba el Archivo Civil. Los empleados podían consultar una enorme cantidad de información, pero había niveles que ni siquiera los trabajadores con experiencia podían atravesar. Los registros restringidos no estaban diseñados para ser encontrados por casualidad. Si aparecían en un índice, normalmente era porque alguien había cometido un error o porque el sistema necesitaba conservar una referencia aunque el documento original hubiera sido eliminado.
—¿Por qué aparece entonces?
Niko se encogió de hombros.
—Porque alguien decidió que esta referencia debía sobrevivir.
Liora volvió a mirar el nombre.
Elara Vale.
Había algo en aquellas palabras que le producía una incomodidad difícil de explicar. No era reconocimiento. No exactamente. Era una sensación más profunda, parecida a la que había tenido aquella mañana al mirar la marca de su muñeca después de recibir la notificación.
Como si una parte de ella estuviera intentando recordar algo que su cabeza no conocía.
—Tenemos que encontrar más información.
Niko asintió.
—Eso estaba pensando.
—¿Qué más has encontrado?
Niko abrió otra carpeta digital.
—Hay referencias a movimientos de expedientes durante ese mismo año. Algunos documentos fueron trasladados desde el Archivo Civil al Registro Biológico Central. Otros terminaron bajo custodia privada.
—¿Custodia privada?
—Sí.
—¿De quién?
Niko la miró.
No necesitó responder.
Liora cerró los ojos un instante.
—Los Arven.
—Sí.
La sala quedó en silencio.
Por primera vez desde que había llegado, Liora sintió miedo de verdad. Hasta entonces había estado demasiado ocupada intentando entender lo que ocurría como para detenerse a pensar en las consecuencias. Ahora empezaba a comprender que aquello no era simplemente un problema relacionado con un expediente antiguo. Había personas que habían tenido acceso a su información cuando ella apenas tenía tres años. Alguien había eliminado su nacimiento original, había creado o reconstruido su identidad y había ocultado cualquier referencia que pudiera explicar de dónde venía.
Y Mara había vivido con ella durante todo ese tiempo.
—Tengo que hablar con mi madre.
Niko no intentó detenerla.
—¿Quieres que vaya contigo?
Liora negó con la cabeza.
—No.
—Liora...
—Necesito saber qué me va a decir cuando le pregunte quién es Elara Vale.
Niko entendió.
—Llámame cuando llegues.
Liora cogió la carpeta.
—Puedo llevármela.
—No.
—Entonces memorizaré todo lo que pueda.
Niko sonrió ligeramente.
—Eso sí que es muy tú.
Liora intentó devolverle la sonrisa, pero no pudo.
Antes de salir, volvió a mirar la pantalla.

INCIDENTE ELARA VALE.

No sabía quién era aquella mujer.
Pero por primera vez tuvo una sospecha que no quería formular en voz alta.
Quizá la pregunta correcta no era quién era Elara Vale.
Quizá era por qué nadie le había hablado nunca de ella.
El trayecto hasta casa se le hizo mucho más largo que el de aquella mañana. Nerath continuaba con su ritmo habitual, indiferente a todo lo que acababa de descubrir. La gente caminaba por las aceras, los comercios estaban abiertos y los paneles públicos seguían mostrando anuncios sobre los beneficios del sistema de vínculos.
En uno de ellos aparecía una pareja acompañada de una niña pequeña. Sobre ellos podía leerse EL VÍNCULO PROTEGE. EL REGISTRO GARANTIZA.
Liora sintió ganas de apartar la mirada, pero esta vez no lo hizo.
Se quedó observándolo durante varios segundos.
Pensó en su propio expediente.
Pensó en una niña de tres años cuya identidad había aparecido de repente en un sistema que se suponía que registraba a las personas desde su nacimiento.
Pensó en una mujer llamada Elara Vale.
Y pensó en los Arven.
La propaganda desapareció detrás de ella cuando dobló la esquina.
Al llegar a casa, Liora encontró la puerta cerrada. Sacó las llaves, abrió y entró sin hacer ruido. Durante un instante pensó que Mara no estaba, pero escuchó movimiento en la cocina.
—Soy yo.— No recibió respuesta.
Liora dejó el bolso sobre una silla y caminó hacia la cocina.
Mara estaba preparando café.
No parecía sorprendida de verla.
Aquello fue lo primero que Liora notó.
Lo segundo fue que la taza que sostenía permanecía intacta.
—¿Ha ido bien? —preguntó Mara.
Liora se quedó apoyada contra el marco de la puerta.
—No.
Mara bajó la mirada.
—¿Qué ha pasado?
Liora la observó durante unos segundos. De repente, la conversación de aquella mañana adquirió otro significado. Mara sabía que algo podía ocurrir. Había tenido miedo antes de que Liora saliera de casa. Le había dicho que no firmara nada y que la llamara si intentaban retenerla.
Había sabido que el Registro podía hacerle algo.
Lo que Liora todavía no sabía era cuánto.
—Han encontrado una coincidencia genética.
Mara no reaccionó inmediatamente.
—¿Con quién?
Liora sintió un pequeño vacío en el estómago.
—Con un registro restringido.
Mara dejó la taza sobre la mesa.
—¿Qué registro?
—Uno al que tienen acceso los Arven.
El rostro de Mara perdió color.
Fue una reacción mínima, casi imperceptible, pero Liora la vio.
—¿Qué sabes de ellos?
—Nada que pueda ayudarte.
—No te he preguntado eso.
Mara cerró los ojos.
—Liora...
—He encontrado un documento.
Mara abrió los ojos.
—¿Qué documento?
—Uno de hace diecinueve años.
Mara no respondió.
Liora dio un paso hacia ella.
—Aparece un nombre.
El silencio fue inmediato.
—Elara Vale.
La taza cayó al suelo.
El ruido de la cerámica al romperse hizo que Liora se sobresaltara, pero Mara ni siquiera se movió. Se quedó mirando los fragmentos esparcidos por el suelo con una expresión que Liora no había visto nunca.
No parecía miedo.
Parecía reconocimiento.
Liora sintió que se le aceleraba el corazón.
—La conoces.
Mara levantó lentamente la mirada.
—¿Dónde has visto ese nombre?
—En el Archivo.
—¿Qué archivo?
—El registro de un incidente.
Mara no contestó.
—¿Quién es Elara?
Mara respiró profundamente.
Durante unos segundos pareció buscar una respuesta. O quizá una mentira que pudiera seguir protegiendo a Liora.
Finalmente se sentó.
—¿Qué más has encontrado?
Liora no respondió.
—Mamá.
—¿Qué más sabes?
—Que mi nacimiento original no existe.
Mara bajó la cabeza.
—Que mi expediente empieza cuando tengo tres años.
Silencio.
—Que alguien eliminó mi identificación original.
Mara cerró los ojos.
—Y que los Arven tienen autorización sobre todo ello.
La última frase pareció romper algo.
Mara levantó la mirada.
—¿La Guardia te encontró?
—No.
—¿Te siguieron?
—No lo sé.
—¿Te hicieron una extracción de sangre?
Liora se quedó quieta.
—Sí.
Mara se llevó una mano a la boca.
Aquello fue suficiente.
Liora sintió que toda la rabia que había estado conteniendo desde aquella mañana comenzaba a salir.
—¿Qué sabes?
—Liora...
—No. Esta vez no.
Mara la miró.
—No me digas que no sabes. No después de todo lo que ha pasado hoy.
Mara no respondió.
—¿Quién es Elara?
La mujer permaneció en silencio durante tanto tiempo que Liora pensó que no iba a contestar.
Entonces dijo:
—Tu madre.
Liora no entendió las palabras.
O quizá las entendió demasiado bien.
—¿Qué?
Mara tragó saliva.
—Elara Vale era tu madre.
Liora se quedó inmóvil.
Durante unos segundos no escuchó nada más que el ruido lejano de la ciudad al otro lado de las ventanas.
—Tú eres mi madre.
—Sí.
—Entonces, ¿qué significa eso?
Mara se levantó lentamente.
—Significa que yo te crié.
—No te he preguntado eso.
La voz de Liora tembló.
—Te he preguntado quién es mi madre.
Mara bajó la mirada.
—Elara murió cuando tú tenías tres años.
Liora sintió que algo dentro de ella se quedaba completamente quieto.
Tres años.
La misma edad en la que su identidad había aparecido en el sistema.
La misma fecha aproximada del documento.
El mismo periodo en el que, según los archivos, había ocurrido el incidente.
—¿Cómo murió?
Mara no contestó.
—¿Qué pasó?
—No lo sé todo.
Liora soltó una risa breve, sin humor.
—Eso ya me lo has dicho esta mañana.
Mara se acercó a ella.
—Hay cosas que no puedo contarte.
—¿Porque no quieres?
—Porque hacerlo podría ponerte en peligro.
Liora apartó la mirada.
—Ya estoy en peligro.
Mara no respondió.
—La Guardia ha venido a buscarme. Han encontrado mi sangre en un registro restringido. Alguien borró mi nacimiento. Y ahora descubro que mi madre murió hace diecinueve años en un incidente que está relacionado con los Arven.
Mara cerró los ojos.
—No sabes lo que estás diciendo.
—Entonces explícamelo.
—No puedo.
—¿Por qué?
Mara tardó unos segundos en responder.
—Porque algunas verdades no desaparecen cuando las escondes. Solo esperan a que alguien vuelva a encontrarlas.
Liora la miró.
Aquella frase no sonaba como una respuesta.
Sonaba como una advertencia.
—¿Qué era Elara?
Mara permaneció inmóvil.
—Era omega.
Liora frunció el ceño.
—¿Y eso qué importa?
Mara la observó con una expresión extraña.
—Más de lo que imaginas.
Liora sintió que la marca de su muñeca comenzaba a picarle.
Bajó la mirada.
La media luna seguía allí.
Pero por primera vez desde que tenía memoria le pareció diferente.
No había cambiado.
No realmente.
Lo que había cambiado era la forma en que la estaba mirando.
—Mamá...
Mara levantó la vista.
—¿Elara tenía una marca como esta?
El silencio fue inmediato.
Demasiado inmediato.
Liora sintió que el corazón le golpeaba con fuerza contra el pecho.
Mara miró su muñeca.
Después la miró a los ojos.
Y esta vez no intentó mentir.
—Sí.
Liora dejó de respirar.
Mara se acercó lentamente y tomó su mano.
Sus dedos temblaban.
—Pero la tuya no debería existir.
Liora no apartó la mano.
—¿Por qué?
Mara la miró durante unos segundos, como si estuviera intentando decidir cuánto podía contar sin destruir lo poco que quedaba en pie.
—Porque la marca de Elara desapareció cuando murió.
Liora sintió un escalofrío.
—¿Y la mía?
Mara no respondió.
No hacía falta.
Liora volvió a mirar su muñeca.
La pequeña media luna atravesada por una línea seguía exactamente igual que siempre.
Solo que ahora ya no parecía una marca de nacimiento.
Parecía una herencia.




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