Al cruzar el portal se encontraron con un bosque, el olor era insoportable, como si algo se estuviera pudriendo, por lo cual, apresurados, Henry hizo el hechizo de invisibilidad y junto con Anny corrió por todo el bosque hasta encontrarse con una pequeña pendiente, de la cual, ambos cayeron.
-Dios...- Dijo Anny adolorida, estaba llena de barro y en su pelo se encontraban algunas ramas.
Con dificultad, adolorida y cansada se levantó, viendo con temor la base del imperio Albert. Por fuera era un edificio con paredes blancas, lizas, imposibles de escalar por cuenta propia, había varios hombres con cabello blanco y machetes en la entrada, los cuales custodiaban una gran puerta de madera de la cual Anny al verla solo pensó "¿Como saldremos de aquí?".
-Okey, ya estoy aquí, debo hacerlo, si no, no tendremos otra oportunidad. - Pensó, con bastante miedo, pero a la vez valentía comenzó a caminar a los hombres, mientras empezaba a llorar desesperadamente.
-!Ayuda, por favor¡- Los hombres se acercaron con desconfianza, pero al ver su estado uno de ellos la tomo del brazo con cuidado y le pregunto qué sucedía. - Unas sombras me atacaron más arriba, estaba con mi hermano, pero lo mataron sin piedad, solo pude salir corriendo y me caí en una colina – Con un gran llanto convenció sin más a los hombres, quienes con cuidado la llevaron adentro.
Al abrirse la puerta solo comenzó a desear con todas sus fuerzas de que Henry haya podido cruzarla con ella, ya que por los hechizos no sentía nada de él, ni su magia, ni su aroma, nada, se sentía sola y a su suerte, pero debía continuar.
Uno de los hombres entro con ella tomándola del brazo cuidadosamente, los demás cerraron la gran puerta a sus espaldas, cuidándola como si dentro se encontrara un tesoro. El hombre la conducía por un largo pasillo, las puertas se veían pesadas, como si fueran bóvedas de alta seguridad, Anny solo miraba analizando cada una, no se escuchaba nada más que sus pasos, y solo le quedaba seguir con su papel mientras se aferraba a aquel hombre.
De repente se detuvieron en una de esas puertas, el hombre toco y de esta salió otro hombre, este tenía un cabello castaño y unos anteojos, con una voz suave miro a Anny y hablo.
-¿Qué paso pequeña? ¿Te encuentras bien? - Le extendió la mano con dulzura y Anny, siguiendo su papel, la tomo tímidamente mientras seguía llorando.
-No, unas cosas malvadas acaban de matar a mi hermano, no sé cómo llegue aquí. - Dijo entre sollozos.
-Tranquila pequeña, déjala aquí, me encargare de ella. - El hombre detrás de ella asintió y se fue sin más. - Pasa linda, te daré un vaso con agua.
Anny paso, se sentó en una camilla que había en la habitación, la cual parecía un consultorio médico, solo que sin las imágenes del sistema digestivo. El doctor le hizo un examen general, Anny trataba de actuar lo más débil posible, ya que sabía que si el doctor notaba que se encontraba mal la dejaría sola, o por lo menos tenía esa esperanza.
-Bueno linda, por lo visto esta todo bien, solo algunas heridas superficiales. - Saco de una gaveta unas vendas y mientras hacía limpieza en sus heridas continuo. - ¿Cuál es tu nombre? ¿Cuántos años tienes? -
-Me llamo Victoria, tengo 12 años. - No le diría su nombre real, no era tan tonta como para ello.
-Es un lindo nombre, tus padres debieron de ser fieles seguidores de nuestro señor. -Comenzó a ponerle las vendas – Aun hay ángeles tontos que creen que esas cosas que te atacaron merecen respeto, están locos. - Dijo con una sonrisa, Anny sintió su sangre hervir, ¿Por qué hablaba tan mal de aquellos que eran iguales que él? - Llegaste en un buen momento.
-¿Por qué? - Pregunto fingiendo inocencia.
-Muy pronto ganaremos esta guerra pequeña, podremos vengar a tu hermano de lo que le hicieron esas cosas, y tu – le pincho la nariz con el dedo – podrás ayudarnos con ello.
-¿Cómo podre ayudar a mi pueblo, Señor? - Pregunto fingiendo felicidad.
-Aun eres muy joven para pelear, pero podrías ayudar de otras maneras. - Dijo con una sonrisa. - Bueno linda, ahora vas a dirigirte a una habitación que tenga un letrero que diga "Resguardo" ¿Sabes leer? - Anny asintió – Bueno linda, ve con cuidado, te está esperando un guardia que te dará ropa nueva y una cama mientras vemos que hacer contigo.
-Muchas gracias señor. - Anny se bajó de la camilla y salió de la habitación, al lado había un guardia esperando por ella.
-Vamos, señorita Victoria. - Con ello Anny lo siguió, tendría que esperar a quedar a solas para encontrar a Henry, si es que este no estaba a su lado.
Caminaron un poco más hasta que llegaron a la dichosa habitación, la cual se encontraba vacía, había muchas camas y a lo lejos vio un solo baño.
-¿No hay nadie más? -
-No señorita, en este momento las damas están haciendo su trabajo, pero como es su primer día y entendemos que paso por algo traumático, la dejaremos descansar por hoy. - En su mente Anny rio con ironía.
"Claro, acaban de matar a mi "hermano" y ustedes son tan amables de darme un día de descanso, que agrádales son" Pensó con sarcasmo.
-Bueno, en la cama al fondo encontrara un cambio de ropa, esperamos se sienta cómoda y ayude con devoción a su pueblo, sin más me retiro. - Cerro la puerta y la habitación quedo en silencio.
Anny se apresuró a correr por la ropa y sin perder tiempo se metió a bañar, puede que fuera una misión, pero después de todo eso necesitaba un baño, se sentía sucia de haber fingido estar de acuerdo con esa gente. La ropa eran unos pantalones grandes y una camisa igual de grandes, se sentía bastante incomoda y disgustada, pero no tenia de otra, al salir, casi le da un paro cardiaco al ver a Henry sentado en su supuesta cama.
-Vaya querida, de verdad se te ve horrible esa ropa. - Dijo con una sonrisa. Anny sin pensarlo lo abrazo con todas sus fuerzas, sintiéndose tranquila al volver a tener la sensación de su calor y su magia. - Tranquila, te traje un cambio de ropa. - Henry saco de su mochila una falda y una blusa que le gustaba mucho ponerse, contenta la recibió y fue rápido a cambiarse.