Su último recuerdo era caer al suelo, no le dio el tiempo de conjurar un Vampesta, y después de ese golpe todo era borroso.
Despertó con mucho dolor de cabeza, todo era oscuro, hasta que pudo distinguir la luz de la luna entrando por alguna ventana, frente a ella habían unos barrotes, los cuales con suerte permitirían sacar su mano. Con dificultad se arrastró hacia estos, pero sintió un jalón en una de sus piernas, cuando volteo, pudo distinguir una cadena que la ataba al fondo de la habitación, con todas sus fuerzas trato de arrancarla, hasta que recordó un hechizo.
-Confractur. -Pero nada sucedió.
Un dolor intenso se posó en su cuello, haciéndola caer de nuevo al suelo y gritar del dolor.
-Tranquila, solo durara unos segundos. - Una voz masculina se escuchó al fondo de aquella habitación, la oscuridad no permitía distinguir nada de ese ser, solo podía guiarse por su voz. - Trata de no gritar tanto, aquí no es bueno llamar la atención.
Tras unos segundos el dolor paro, jadeando aun Anny levanto la vista para tratar de distinguir a aquella persona.
-¿Quién eres? Revélate. -dijo con la respiración aun agitada.
-No tiene caso que me revele, aunque si estás aquí conmigo es porque eres importante, así que tranquila, creo que tendrás mucho tiempo para conocerme. -Su voz sonaba serena, aunque cansada.
-¿Eres una sombra? -Anny quería saber con quién estaría, antes de averiguar que estaba pasando a su alrededor.
-Si, lo soy, y por lo visto tú también lo eres. -Anny asintió. -Lo mejor será que duermas ahí, en la mañana podremos seguir charlando. -Y antes de contestar Anny cayo de nuevo al suelo, pero esta vez durmió al instante.
Abrió los ojos sintiendo los rayos del sol golpeando su rostro, trato de levantarse con cuidado ya que aun sentía mucho dolor por todo su cuerpo. Al sentarse comenzó a distinguir todo a su alrededor, las paredes eran de piedra y altas, pareciendo que estaba en una especie de torre, habían ventanas con barrotes, las cuales permitían la entrada de la luz, pero estaban lo suficientemente alto como para escalarlas, así que descarto esa posibilidad.
-Yo también lo intente hace unos años, no funciono. -Se sobresalto al escuchar de nuevo la voz a su lado, pero ahora con la luz del sol podía distinguirlo. Era un chico joven, de su cabello rojizo sobresalían unas orejas de lobo, también se fijo que este tenia una cola del mismo color, tenía en su cuello un cristal con forma de media luna de un azul brillante y con dificultad Anny noto que este tenía una grieta. - ¿Por qué me miras tanto? ¿Nunca habías visto a una sombra en tu vida?
-No, por lo menos no con orejas de lobo, la única sombra que he visto con orejas ha sido mi padre. - Lo último lo dijo con tristeza en su voz.
-Por simple deducción supongo que no era un lobo, ¿Dónde están tus orejas en ese caso? ¿Te las amputaron? -pregunto con intriga, pero muy en el fondo con preocupación.
-No, no realmente, nunca he tenido mis orejas, y supongo por mi genética también debería de tener cola, pero es una historia larga. -dijo un poco incomoda.
-Entiendo, las historias largas suelen tener tragedia, así que no preguntare de más.
-¿Tu historia es larga también? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? -pregunto Anny con curiosidad.
-Primero, si, y eso es todo lo que te diré, y segundo, llevo aquí más de 100 años, para ser exactos, en unos días serán 110 años aquí. - Anny se sorprendió demasiado.
-Si es así, ¿Por qué te ves tan joven? - El chico soltó una carcajada.
-Bueno, te lo explicare solamente porque has sido la única que me ha hecho reír en estos años, nosotros las sombras tenemos una adolescencia de un poco más de 100 años, al momento de cumplir 12 o 13 años comenzamos a desarrollarnos, pero no terminamos de desarrollarnos del todo hasta los 118 años. -Hizo una pausa y miro a Anny con detenimiento. - Aunque por lo visto, tu caso es especial, tienes un aspecto físico mucho más mayor que sombras de tu edad.
-¿Cómo puedes adivinar mi edad? -dijo con algo de recelo.
-Por tu apariencia, aun eres muy baja para tener más de 13, pero tu físico demuestra que has madurado más rápido que una sombra promedio, solo que no se si eso incluye tu madurez mental. - Soltó una risita y Anny trato de lanzarle una bola de fuego, pero de su mano no salió nada.
-¿Por qué no puedo hacer magia? -El miedo se reflejó en sus ojos.
-Este lugar es una prisión, y con muchas trampas han logrado que todos los que estamos aquí tengamos bloqueada nuestra magia. Aunque seas de los más poderosos. -Bajo la vista con tristeza.
-A todas estas, no pregunte tu nombre. -Era cierto, si estaría aquí por tanto tiempo como él decía, tendría que saber su nombre.
-Lowell, Lowell Forcebrave. ¿Y el tuyo? -Si ya sabía el suyo era justo saber el de ella.
-Me llamo Anny, Anny Powerce. - Y los ojos de Lowell se abrieron de par en par.
-¡¿Una Powerce?! ¡¿Como demonios terminaste aquí?! Se supone que todos los destinados al trono estaban...
-¿Muertos? - Interrumpió Anny – No, no lo estamos, por lo menos yo no. - Se detuvo un momento. - Hay muchas cosas que no entiendo, cosas que me han ocultado y realmente los libros no pueden darme, ¿Es mucho pedirte que me expliques esas cosas en algún momento?
Lowell lo pensó un momento, mordió sus labios y suspiro con pesadez.
-¿Qué ganaría yo con dedicarte mi tiempo? -pregunto con una sonrisa.
-Una aliada, y alguien que te quite el aburrimiento. - Anny respondió con burla.
-Está bien, señorita Anny, le contare lo que necesites saber, pero te advierto, me encerraron aquí muy pequeño, así que muchas cosas me las eh perdido con los años.
-Cualquier cosa me es de utilidad, Lowell.
Y con una sonrisa, ambas sombras comenzaron a hacerse compañía en aquel lugar.