La marca de las sombras

21. Necesito gritar...

Por la ventana entraba un frio terrible, el invierno había llegado a esas tierras y con ello las tormentas de nieve en la noche. Ya habían pasado unos 4 meses desde que llego a ese lugar. Para que no se congelaran (literalmente) les habían brindado unas cuantas mantas, pero eran tan delgadas que debían turnarse para dormir, una noche uno usaba las mantas totales de la torre y a la noche siguiente el otro, y para que no se congelaran, trataban de platicar y hacerse reír mutuamente, debían de estar entretenidos de alguna manera.

Era temprano, el sol aún no había salido y se escuchaba una gran lluvia caer.

-¿De verdad hiciste tanto con tu padre de pequeña? -pregunto Lowell recostado en su extremo de la torre, pese a ya haber ganado confianza, Lowell no se sentía cómodo con el contacto físico, aunque Anny trataba de darle palmadas en el hombro como juego, siempre se alejaba.

-Si, es irónico, siempre desee conocer a mi padre, y no había sido consciente de que siempre estuvo ahí. -Sonrió con nostalgia.

-¿Como hubieras podido? Por cómo te describes no te parecías en nada a él, eras una copia de tu madre, o bueno, volverás a serlo. -Lowell señalo a su cabello, del cual algunos mechones blancos asomaban sin permiso.

-No pensé que la comida me cambiara así, tengo miedo...

-¿De qué?

-De perder los rasgos de mi padre, o de perder mi magia... -Cada día se sentía más débil, su cabello paso de ser totalmente negro a tener algunos cabellos blancos, los cuales trataba de ocultar, no quería llamar la atención de nadie, y sus ojos volvieron a doler, pero era más una molestia que un dolor constante.

-Anny, la magia nace, no se hace. -Al ver el rostro de confusión en la chica procedió a explicar. - Nosotros nacemos con magia, todos tenemos magia en nuestro ser porque forma parte de nuestra vida, es vital para nosotros, sin ella nos debilitamos, es verdad, pero a no ser que lleguemos a morir, esta no desaparecerá, no te preocupes por eso. -Le sonrió con confianza para demostrar seguridad, a lo cual la chica sonrió de vuelta.

Un guardia entro, ambos pensaron que aún no había pasado un mes para que se llevaran a Lowell, pero el guardia de un movimiento rápido comenzó a desatar a Anny. El pánico invadió a la chica, y con la mirada busco a Lowell, quien por unos segundos no reacciono, hasta que trato de levantarse para impedir que se la llevaran, lo cual fue inútil.

-¡Suélteme! ¡No iré a ningún lado! -Anny pataleaba y gritaba, trataba de arañar, de morder, de hacer lo que fuera para poder zafarse, pero ni así lo consiguió, arrastrada la llevaron fuera de la celda, y al estar fuera fue agarrada por dos hombres más. -¡LOWELL! -Lowell solo se aferró a los barrotes de la celda sumido en la desesperación, pero en cuestión de segundos perdió de vista a Anny.

El chico se quedó de rodillas en la celda, mientras comenzaba a soltar lagrimas sumido en un gran ataque de pánico, con rabia golpeo el piso y al ver el raspón en su mano comenzó a calmarse un poco, trato de mantener la compostura, sabía que nada lograría así. Respiro, soltó un suspiro y con tristeza estuvo todo el día en la puerta de la celda esperando por Anny, rezando a quien fuera porque no llegaran a quitarle las mantas que pertenecían a ella.

Anny veía que estaban en pasillos altos, en la parte de abajo lograba distinguir personas caminando, algunas uniformadas y otras con ropas realmente sucias, caminaban, pero las personas con sus ropas sucias (que pudo identificar que eran sombras) tenían un semblante sombrío y devastador.

Como se encontraba de espaldas a los señores, no podía distinguir por donde caminaban, pero estaban dando muchas vueltas, hasta que en un punto se detuvieron, y sintió como era arrojada a una habitación, donde todo se volvió oscuro. No entraba nada de luz a ese cuarto, solo pudo levantarse y tantear con sus manos si había algún objeto en esa habitación, pero no encontraba nada.

Escucho dos aplausos y de repente distinguió que estaba en un gran cuarto, el cual no podía distinguirle ni un inicio ni un fin, en el piso podía ver su reflejo, dio un salto cuando vio su desgaste. Estaba muy delgada, más pálida de lo normal para una sombra, con ojeras y sus labios rotos, retrocedió, pero sintió como era empujada, haciéndola caer de rodillas al suelo, antes de poder levantarse sintió el frio de una cuchilla en su garganta, y sin poder mirar atrás solo se mantuvo inmóvil.

-Hola querida, sé que esta no es la presentación más ideal para una persona tan importante como tú, pero entenderás mis precauciones. -Una voz masculina resonó por toda la habitación, sin embargo, Anny sabía que no era de la persona que estaba detrás de ella, parecía un eco, como si fuera la voz de un fantasma.

-¿Quién eres? ¿Para qué me trajiste aquí? -Pero antes de seguir preguntando sintió aún más cerca la cuchilla en su garganta.

-¿No te enseñaron que es de mala educación interrumpir a tus mayores? -Anny apretó los dientes, no sabía quién era esa persona y ya la odiaba con toda su alma. -Bien, querida mocosa, estas aquí porque necesitamos de la colaboración de alguien, seré justo contigo. -Y con magia hicieron que Anny levantara la cabeza, viendo de nuevo su reflejo y pudiendo ver la persona detrás de ella, un guardia amenazante, quien sostenía un machete con precisión en su garganta.

-¿Ves tu reflejo? Pues es un espejo, un espejo doble, hay alguien que está detrás del espejo, y si el no colabora, me temo que tu tendrás que asumir las consecuencias. -Anny trago saliva y sintió un escalofrió.

Pasaron unos cuantos minutos, luego sintió como pasaban horas, el hombre detrás de ella seguía inerte y concentrado en su labor, Anny solo tenía un pensamiento, un pensamiento que parecía intrusivo, pero que tenía clavado en ese momento en su cabeza: "Hagan lo que te hagan, no grites".

-Bueno, mocosa, tengo malas noticias para ti. -La voz volvió a resonar, esta vez con satisfacción en su tono. -La persona detrás del espejo no quiso colaborarnos, y tu tendrás que pagar, es una situación infortuna querida, créeme que no quisiera hacerte daño, pero me veo deleitado a hacerlo. -El hombre que sostenía el machete se apartó, pero Anny del pánico no podía moverse, se sentía paralizada, y solo respiraba agitada. -¿Has escuchado alguna vez de los látigos del pecado? -Su respiración comenzaba a agitarse aún más. -Debes saber que es una forma de "castigo" muy común, pero para mí es una de las más divertidas. -Con un chasquido Anny sintió su parte superior desnuda, con rapidez cubrió su frente, pero sentía un frio mortal en su espalda.



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En el texto hay: accion aventura y venganza

Editado: 09.01.2026

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