Anny sintió que Fidel la soltaba y caía al suelo, se levantó aun con lágrimas en los ojos y con rabia le grito.
-¡¿Por qué no pudiste ayudarlo?! -Fidel no respondió, su mirada sombría le indico a Anny su respuesta: Él no hubiera podido ayudar. -Mi padre... -Anny cayo de rodillas al suelo mientras seguía llorando, de nuevo sin él, de nuevo en el inicio.
-Anny. -Fidel se puso a su altura, tomo su rostro con delicadeza y acaricio su mentón. -Tu padre es fuerte, el estará con nosotros, tarde o temprano, pero debes ser consciente de que el solo quería que tu estuvieras a salvo, si yo me arriesgaba, ambos hubiéramos perdido. -Fidel abrazo a su sobrina, quien poco a poco dejo de llorar.
Cuando Anny dejo de llorar se levantó del suelo y fue ahí cuando detallo donde estaban. Se veía un gran pasillo, a su lado se encontraba Henry y Lowell, ambos la miraban preocupados y tristes.
-¡Anny! -Se escucho el grito de Artemisia, quien corrió a toda velocidad a abrazar a su sobrina, quien no opuso resistencia, solo se dejó abrazar. -¿Cómo estas? ¿Estas bien? ¿Estas herida? -Artemisia se separó para observar mejor a Anny, la cual paso su vista por todos al rededor, sonrió levemente y respondió con una voz suave.
-Si, ahora puedo estar bien. -Y con eso cayo desmayada en los brazos de Artemisia.
...
Lowell no quitaba su vista de Anny, quien se encontraba en una cama con un suero conectado directamente a ella. Pese a que le habían ofrecido una cama este no quiso dormir y se la pasó toda la noche despierto vigilando a Anny, de lejos podía notar si respiraba, si estaba bien, pero la susodicha solo se encontraba en una gran tranquilidad y un sueño profundo.
Henry había dormido en una cama junto a Anny, este tampoco le quitaba la vista de encima, la admiraba en silencio, soltando una que otra lagrima al tenerla a su lado. Cuando Artemisia la estaba curando pudo ver brevemente las cicatrices en sus brazos, pero lo hicieron salir de la habitación, ya que Artemisia debía de revisar a fondo todo su cuerpo, y por obvias razones él no quería ver eso.
En ese momento se encontraba de pie viéndola, acerco su mano hacia la mejilla de Anny y con dulzura la acaricio, soltando un suspiro y sonriendo.
-Eso es invasión a la privacidad. -dijo Lowell, asustando a Henry, no le había prestado atención al chico, y ciertamente menos a su voz.
-No puedo evitarlo, hace mucho no estaba aquí con ella. -Lowell rodo los ojos algo asqueado de lo dulce que podía ser Henry.
-Lo sé, "príncipe" -Henry se volteo a verlo algo confundido.
-¿No se supone que Anny era la que me llamaba así? -Lowell soltó una risita.
-Pensé que intuirías que me contaría un montón de ti, eres muy especial para ella. -Señalo a la cama. -Te puedo asegurar que debe de estar soñando contigo, cuando dormía en la celda siempre escuchaba como murmuraba "Henry..." "Henry..." -Y soltó una risa divertida.
Henry se sonrojo, ¿De verdad tanto lo extrañaba Anny? Pensó que esta al estar acompañada tendría alguien más en quien pensar, pero se equivocó. Miro de nuevo a Lowell, y decidió que podría hablar un poco con el chico, se acercó despacio, y aunque Lowell se puso tenso y a la defensiva, Henry solo se sentó a su lado.
-¿Cuánto tiempo llevabas en ese lugar? -Lowell lo miro, indeciso de responder, pero sabía que, si no escuchaba respuestas de su boca, las escucharía de Anny, así que que más daba.
-Un poco más de 100 años, en un mes cumpliré 115. -Henry se sorprendió, pero no volteo a mirarlo, siguió con su mirada en la cama.
-Debió ser duro estar solo desde tan pequeño. -Lowell tenso sus labios, no quería compasión, pero Henry no le estaba dando esta, estaba siendo empático con su situación. -No creo que deba preguntar más a fondo, pero, me alegra que seas libre, aunque no te conozca. Todos merecemos ser libres después de todo. -Lowell se sorprendió, se sintió culpable por ponerse tan rápido a la defensiva.
-Lo siento si mi actitud no fue la correcta. -Henry volteo a mirarlo.
-No te preocupes, después de todo creo que yo tendría una actitud igual. -Lowell sonrió, se recostó en la pared emitiendo un quejido.
-No me has dicho tu nombre. -dijo Henry. -Se que ya sabes el mío, pero soy Henry, Henry Litelfed. -Lowell lo miro analizándolo por unos segundos, su apellido le resultaba familiar, pero no podía recordar de dónde.
-Lowell, Lowell Forcebrave. -Henry extendió su mano, Lowell la apretó y ambos sonrieron.
-¿Por qué no vas a que te revisen? Creo que algo de buena comida te hará bien, además hay muchas más sombras por ahí con las que podrías comunicarte. -Lowell puso una mueca incomodo.
-Chico, Anny fue la primera persona con la que hable en décadas, ¿Cómo crees que me podre relacionar con más sombras? Con suerte y puedo hablar contigo. -Henry se mordió los labios por su imprudencia, Lowell suspiro cansado. -No quiero dejar a Anny sola, si algo pasara no podría ayudarla.
-Pero estas en muy mal estado, creo que así tampoco podrías ayudarla. -Y tenía razón, si no cuidaba en lo más mínimo su cuerpo su habilidad se deterioraría, por lo cual volvió a suspirar pesado. -Te propongo algo, le pido a Artemisia que venga y traiga la comida aquí y una cama para ti, con eso no tendrás que estar lejos, ¿Te parece bien? -Lowell asintió de inmediato, su instinto no le permitía estar lejos de Anny, ahora ella era parte de su familia, y él no la descuidaría, no de nuevo.
-Bien, saldré un momento, avísame de cualquier cambio. -Y con ello Henry salió de la habitación.
Lowell se encontraba indeciso, no sabía si podía confiar del todo su habilidad allí, pese a que todas eran sombras no se sentía del todo seguro. Tenía miedo de que le hicieran daño, y con lo poco que sabia no bastaría para defenderse.
Hace tantos años no estaba en un lugar cálido, con comida buena, con atención real, con un ambiente de preocupación genuino, todo lo que conocía era la frialdad de los guardias, y el poco cariño que recibió en su infancia se sentía tan lejano que con frecuencia lo olvidaba. Estaba olvidando los rostros de sus hermanos, el de su padre, inclusive sus nombres, pero algo que nunca olvidaría era el rostro de su madre, aquel rostro lleno de desesperación y miedo que resistió y lucho hasta el final, una imagen que para cualquiera sería difícil de olvidar.