Sentía como si fuera abrazada, pero nadie la rodeaba. Estaba cálido, sentía una gran tranquilidad y paz, no había necesidad de moverse, con los ojos cerrados disfrutaba de esa paz ¿Estaba muerta? Lo dudaba, pero no quería pensar en eso.
Su paz se vio interrumpida al escuchar unas voces llamarla, no reconocía a quienes pertenecían, pero podía entender perfectamente que le decían.
"Anny..."
"Debes salvarnos, Anny"
"Él está sufriendo"
¿Quién sufría? ¿A quiénes debía de salvar? No entendía el mensaje de esas voces, que, por cierto, eran femeninas.
"Encuéntranos Anny, y así encuentra la verdad"
¿Qué verdad? Anny no entendía.
"Mi padre también está sufriendo"
Anny sintió un vacío en el corazón, recordó la mirada de su padre, recordó verlo pelear, y en eso, recordó la mirada de ira de Adriel. Esa mirada llena de odio, no solo por ella, si no por la vida de las sombras mismas.
Sintió un frio en todo su cuerpo, tomo aire y se levantó, cuando abrió los ojos se dio cuenta de que estaba en su cama, en el cuarto que compartía con Henry y con Artemisia a su lado viéndola preocupada, estaba respirando agitada y trato de regular su respiración antes de hablar.
-¿Tuviste una pesadilla? -Anny asintió, si bien, esa no era del todo una pesadilla, no tenía ánimos de dar explicaciones a Artemisia.
-¿Cuánto tiempo estuve dormida? -pregunto al ver a su alrededor, Henry no estaba por ningún lado y Lowell tampoco.
-Una semana, querida. -Anny la miro con sorpresa. -Estabas muy desnutrida y deshidratada, preferí dejarte dormida por unos días para que tu cuerpo se recuperara lo mejor posible. Ayer quite el hechizo y veo que ya estas bien, aunque aún debes de andar con cuidado. -Artemisia tomo su mano. -¿Cómo te sientes?
-Me siento... extraña. -Fue lo único que atino a decir. -No me siento mal, no te preocupes por eso. Pero, no lo sé, algo en mi se siente diferente. -Anny suspiro, vio sus muñecas con las cicatrices de aquella tortura, apretó los puños con algo de rabia. -Hice un juramento, lo cumpliré, esa es mi nueva determinación. -Artemisia asintió, no la juzgaba, entendía que debió de pasar por cosas traumáticas en ese lugar, pero tampoco la presionaría para que le dijera que cosas.
-¿Quieres ver a los chicos? -Anny asintió. -Bien, no sé si prefieras primero cambiarte ¿La bata está bien? -Anny ni siquiera había caído en cuenta de que solo tenía una bata cubriéndola, se levantó con cuidado y le dijo a Artemisia que se cambiaria antes de que los chicos entraran, le pidió 5 minutos.
Busco en su armario una ropa que le cubriera la espalda y las muñecas, lastimosamente no tenía algo que le cubriera del todo las muñecas, pero si su espalda, así que se conformó con eso.
Se puso unos pantalones holgados y antes de ponerse su blusa decidió que no podía ignorar más la realidad que se encontraba en su piel. Tomo un espejo y lo hizo levitar detrás de ella, se acercó a uno algo más grande que había en la habitación y miro su espalda. Un retrato lleno de humillación.
Se abrazo a sí misma, buscando un consuelo, pero solo sentía sus manos frías en su piel. Cicatrices de un momento tan humillante de su vida, un momento que marcó un antes y un después, por primera vez, no eran cicatrices de lucha, sino de dominación, de un momento en el que fue tan vulnerable que no pudo hacer nada, y eso le daba rabia.
No se había dado cuenta de que comenzó a llorar y temblar cuando el toque en la puerta la saco de su trance.
-Un momento. -Se seco rápidamente sus lágrimas y se puso su blusa, tomo aire y con un gran suspiro miro a la puerta. -Adelante.
Henry abrió la puerta, Lowell se encontraba detrás de él. Aunque no pareciere ambos lograron llevarse bastante bien, pese a lo callado de Lowell y lo torpe de Henry.
Henry se encontraba temblando cuando vio a Anny, habían pasado casi dos años desde la última vez que la vio, ahora ambos tenían 15 años, pero ella se veía casi igual a la última vez. Aunque con algo diferente en su mirada, algo que reflejaba una profunda lucha emocional.
Se acerco despacio, tratando de no asustarla. Extendió su mano, la cual Anny tomo temblando, ambos temblaban, pero ninguno de los dos sabía realmente por qué.
El hilo de plata envolvió sus manos entrelazadas, ambos alzaron la mirada y con los ojos llorosos se abrazaron fuertemente.
La escena era muy linda, tanto que Lowell derramo una lagrima por lo emocionado que se sintió por su amiga y por su casi nuevo amigo, pero rápidamente la limpio al sentirse tonto por ser tan sentimental.
-Estas mucho más alto. -dijo Anny mientras llevaba una mano a la cabeza de Henry y acariciaba su cabello. -No es justo. -Henry soltó una risita.
-Así puedo hacer esto. -Tomo a Anny de su cintura y le dio una vuelta en el aire, esta se asustó por el movimiento, pero cuando Henry la bajo rio divertida.
-Bien, yo puedo hacer esto. -Se empino y tomando con una mano el rostro de Henry le dio un beso en la mejilla. Henry se sonrojo bastante, se alejó un poco y antes de que hablara Lowell interrumpió el momento.
-Si quieren les doy más privacidad, digo, en vista de que están tan cariñosos... -Pero fue interrumpido por una almohada en su rostro. Anny estaba sonrojada y Henry soltó una carcajada.
-Cállate, amargado. -Antes de que Lowell se recuperara de su golpe Anny lo abrazo. -Me alegra que estés bien. -Lowell se sorprendió por el abrazo, pero correspondió con cariño.
-A mí también me alegra que estés bien.
Se separaron y decidieron sentarse en la cama de Anny. Esta estaba en el centro para prestarle atención a ambos, con calma comenzó a preguntar.
-¿Cuántas personas logramos salvar? -
-Unas 300 aproximadamente. -Anny miro a Henry confundida. -Por suerte ninguna ha muerto, debo de agradecerle a Lowell. Con su ayuda, pronto serán 310. -Anny miro a Lowell con un brillo en sus ojos.
-Llegaron embarazadas, dos de ellas están muy próximas a dar a luz. -Sonrió, Anny de igual manera, se sentía bien, sentía que había logrado hacer algo pese a todo.