Corría por los terrenos rápidamente, se sentía libre, pero no podía bajar la guardia. Henry y Lowell estaban persiguiéndola para cazarla, si lograba escapar en un tiempo récord Fidel le permitiría comer pastel de chocolate.
Cuando por fin pudo divisar a Fidel al final del campo recostado en un árbol sonrió, apresuro su carrera, pero justo antes de llegar unas cadenas envolvieron su cintura y fue jalada rápidamente a los brazos de Lowell.
-¡CARAJO! -grito enojada. -¡Por poco lo consigo, Lowell! ¿No podías darme ese instante de felicidad? -Lowell sonrió en respuesta y la soltó rápidamente, Fidel sonrió, se acercó a ellos con Henry detrás mientras aplaudía.
-No desilusiones, querida, lo hiciste excelente, solo hay que tener más reflejos la próxima vez. -Le revolvió el cabello con cariño.
-No hay tiempo para próximas veces. -Anny se sentó en el suelo algo frustrada. -Siento que cada vez se me acaba más el tiempo...
-Anny, aún no están listos, y yo no puedo ir con ustedes. -respondió Fidel con seriedad.
-Lo sé, pero eso no significa que no sea frustrante. -Henry le extendió su mano, Anny la tomo levantándose del suelo y suspirando con resignación. -Qué más da, ¿Podemos volver a casa? Quiero hacer algunas cosas.
-Vamos, Anny, aún tenemos tiempo para entrenar más, ¿no es así, Fidel? -Fidel no respondió, solo miro a su sobrina con una mezcla de preocupación y misterio.
-No, Lowell. Es mejor volver, creo que Anny necesita descansar.
Fidel creo un portal para ir al refugio y todos pasaron por él, con Anny y Henry aun tomados de las manos. Aunque esta no estaba realmente pensando en lo que había dicho Lowell, solo pensaba en su misión.
Habían pasado ya los seis meses del entrenamiento, pero Fidel aun decía que no estaban listos para salir a buscar las tumbas, sobre todo porque quería entrenarlos para afrontar cualquier situación posible. No sabía contra que o quienes se enfrentarían, ya que es bien sabido que en las pocas tumbas de la familia existen guardianes que no dejan entrar a absolutamente nadie, los cuales no dudarían en matar a cualquiera, inclusive antes de explicar el propósito de su intromisión.
Por otro lado, se encontraban los tronos, si, tronos. Anny había logrado descubrir que habían 6 en total, en ningún lado dicen sus nombres, al único que conocían era Adriel, quien parecía tener el control de todo y en cuanto se enterase de lo que Anny planeaba hacer estaban seguros de que mandaría a los demás a matarlos. Una cosa eran los soldados, otra era un ser casi igual a Dios.
Cuando ya se encontraban en la sala del refugio Artemisia no los esperaba, su cara de sorpresa genuina hizo ignorar por un momento a Anny sus pensamientos, concentrándose en su presente.
-Anny, cariño. ¿Sucede algo? -La delicada voz de su madrina la tranquilizo de su frustración, le dedico una sonrisa simple, cosa que no convenció a su madrina.
-Si, Madrina. Solo me encuentro algo cansada. -Se dirigió al pasillo, a la vista preocupada de todos. -Llámenme cuando esté lista la cena, quiero descansar un poco.
Anny no espero respuesta, solo camino por el pasillo a pasos rápidos, buscando su habitación.
Se sentía confundida, frustrada. Los pocos sueños que había tenido con Ira Dei no eran de mucho provecho, en algunos solo escuchaba su llanto desesperado, pero era más el llanto de una niña, sin embargo, Anny estaba segura de que eran suyos.
El hombre (aun sin poder ser identificado) rondaba por los alrededores en sus sueños, diciéndole solo una frase concreta: No lo mates.
No sabía a quien se refería, Anny dudaba de que fuera Adriel, ya que su promesa solo la conocían Fidel, Henry y Lowell, que fueron los presentes en ese momento. Aunque entre más lo pensaba, más sentido le hacía que ese hombre conociera a Adriel, ya que presentía que el trono tenía mucho más que ver en su historia familiar que solo querer matarlos a cada rato.
Llego a su habitación y abrió la puerta con pesadez, la habitación antes simple solo con camas y armarios había sido renovada para que Anny y los chicos pudieran hacer su propia investigación. Ahora contaba con un pequeño cuarto separado, el cual venia con un tablero grande, un escritorio, una lampara, unos cuantos libros y demás elementos que los chicos usaban para investigar, en esos meses llegaron a varias conclusiones.
La primera y la más importante fue el descubrimiento de los demás tronos, aunque solo tenían información de su existencia, eso ya era un gran avance. Otro punto importante es que Anny tiene la teoría de que la famosa maldición está mal o, en el mejor de los casos, ni siquiera existe. Cree que los hechos que han ocurrido desde la muerte de su madre, o, mejor dicho, desde su famoso "Despertar" (como Fidel y Obielus le llaman) han sido consecuentes a diferentes factores, pero no precisamente a una maldición, ya que en papel no dice absolutamente nada, ni siquiera en los libros más antiguos que han logrado encontrar se menciona algo.
Anny se acercó a su armario y tomo una pequeña caja que se encontraba en el fondo, algo empolvada, después de todo no la había abierto desde que llegaron, y esos años en la prisión no se lo permitieron de todos modos.
Con la caja en sus manos se dirigió al pequeño cuarto de estudio, abrió la puerta y encendió la luz, iluminando el cuarto. Puso la caja sobre el escritorio, con manos temblorosas la abrió y suspiro con pesar al sacar las fotografías de su interior. Con cariño acaricio las fotografías de la boda de su madre, de los pocos recuerdos que trajo de su hogar, esas fotografías eran lo más valioso.
Con ayuda de su magia hizo levitar las fotografías frente a ella, observando con una sonrisa mientras las lágrimas comenzaban a salir de sus ojos, pesadas e intensas. Ver sus fotografías con su padre cargándola, sus pocas fotos en familia los tres la hizo sumirse en una ensoñación sobre lo que pudo haber sido.
Imagino su vida junto a su padre, como se hubiera reído de ella en cada tontería, como hubieran sido sus regaños, sus ojos de orgullo ante sus pequeños logros, inclusive se imaginó viviendo los tres en ese gran castillo en el bosque, tal vez ella portando una corona y ropas refinadas, rio un poco ante la idea.