La tumba era una torre bastante alta, se veía abandonada pero aún conservaba colores en su fachada, las rocas tenían pintadas rosas junto con hojas secas de otoño. En un costado se lograba ver un gran retrato de Ira Dei, con la inocencia de una niña, pero la mirada llena de dolor, un vestido con colores cafés claros y su cabello largo café peinado con rosas.
Los chicos se acercaron a una gran puerta de madera, Obielus les había advertido sobre trampas que podrían encontrarse en la tumba, pero todo estaba en un silencio aterrador, casi advirtiéndoles sobre su confianza.
Con un hechizo la puerta se abrió frente a ellos, dejando salir un olor a humedad bastante fuerte, lo cual los hizo toser. Con ayuda de unos fuegos Henry ilumino el lugar, todo estaba bastante oscuro y Anny mantenía a ambos chicos cerca de ella, tenía miedo y desconfianza del lugar.
-Intentare algo... -Anny susurro, tomo uno de los cuchillos que estaban en su cinturón y se hizo un pequeño corte, dejando que la sangre tocara el suelo.
Inmediatamente el lugar comenzó a iluminarse, parecía el lobby de un hotel, un largo pasillo con tapices rojos y patrones de prisma los recibió, las luces eran antiguas, de hecho, parecían antorchas. Rápidamente Anny comenzó a escuchar su voz de nuevo, la voz que la llamaba de algún lado.
Con atención se dirigió a ambos chicos, los cuales estaban impresionados con el lugar.
-Esto es algo que debo hacer por mi cuenta, necesitare que Henry cuide mis espaldas mientras hago... lo que se supone que Ira Dei quiera. Lowell, necesitare que revises toda la torre. -pidió Anny mientras miraba a su amigo, el cual asintió.
-Anny, ¿Estas segura que podrás hacer esto sola? -pregunto Henry con miedo por su seguridad.
-Si, es algo que debo hacer. Tranquilo, si algo pasa te prometo que gritare. -bromeo Anny en un intento de calmarlo.
Anny beso rápidamente a Henry, haciendo que Lowell rodara los ojos por un momento.
-Ahora, todos en marcha. -dijo Anny con seguridad.
Lowell comenzó a subir por unas escaleras que se encontraban a su izquierda, las cuales parecían no tener ningún fin. Mientras en la planta principal Henry y Anny se miraron, esta tenía determinación, mientras el chico estaba lleno de miedo por perder a su amada de nuevo.
Antes de que otra palabra fuera dicha Anny comenzó a caminar por el pasillo, pudo notar que a su alrededor había puertas, pero cuando intento abrirlas estaban cerradas con llave, por lo que solo siguió caminando. Henry estaba detrás de ella, su cuchillo estaba en alto, atento ante cualquier señal de peligro.
Parecía que el pasillo no tenía fin, por lo que en un momento Anny se detuvo, alzo su brazo con el corte fresco y apretó, permitiendo que la sangre fluyera. El piso fue salpicado, las luces comenzaron a parpadear violentamente mientras se escuchaba como las puertas eran golpeadas con fuerza.
-Estoy aquí, Ira Dei, estoy en tu hogar... -pronuncio Anny en un susurro.
Por un momento todo quedo a oscuras nuevamente, el silencio aterrador volvió a ser presente y a la lejanía comenzó a escucharse una voz, fuerte y molesta.
-Si quieres lo que buscas, solo puedes ser tú, el chico debe de quedarse aquí. -pronuncio con enojo la voz.
Anny volteo a mirar a Henry, el cual negó levemente con la cabeza, no le gustaba para nada la idea de que Anny se enfrentara sola a un peligro desconocido. Pero Anny asintió levemente, aceptando la condición de Ira Dei.
-Está bien, él se quedará aquí. Llévame a las respuestas. -pidió con seguridad.
Una puerta se alzó frente a Anny, al abrirla una luz cegadora la obligo a poner sus brazos sobre su rostro para protegerse. Dio un paso y entro sin esperar más, metiéndose de lleno en aquella puerta.
Cuando la luz se disipo pudo ver con claridad el lugar donde estaba, todo a su alrededor era blanco, pero el suelo estaba lleno de rosas y hojas otoñales. En el centro del lugar se encontraba un ataúd café claro, realmente hermoso, decorado con rosas intensas, pero su interior estaba vacío, lo que desconcertó a Anny.
-Viniste... -susurro alguien a su espalda.
Anny se giró asustada, Ira Dei estaba detrás de ella, por fin podía ver sus ojos, los cuales eran un café oscuro que contrastaba con el negro de su esclerótica, sus labios estaban rojos y mordidos, su mirada no mostraba más que tristeza.
-Me lo pediste, y necesito respuestas. Se que contigo poder encontrar a mi padre estará más cerca. -dijo Anny con una sonrisa confiada.
Ira Dei sonrió, negó un poco y chasqueo sus dedos, ahora el cuarto eran espejos, algo que hizo a Anny tensarse rápidamente. Se parecía al cuarto de aquella prisión, y el solo recuerdo hizo que la piel se le erizara ante el dolor.
-¿Solo vienes aquí por respuestas? ¿Solo viniste porque buscas algo a cambio? -pregunto Ira Dei con un tono acusatorio, pero no estaba molesta, al menos eso parecía.
Anny no respondió, en ese momento se daba cuenta de lo mal que había sonado su respuesta.
-No... tu pediste mi ayuda, vine a ello, vine para ayudarte en lo que necesitabas. -respondió Anny suavizando su tono.
-Dime, Anny. ¿Tienes idea de lo que estás haciendo? ¿Eres consciente de toda la responsabilidad que esta sobre tus hombros? -pregunto Ira Dei de nuevo mientras se acercaba, dando vueltas alrededor de Anny.
Su semblante era serio y triste, como si en lugar de ayudarla la comprendiera, le tuviera lastima. Ira Dei no parecía una reina, parecía una mujer que a soportado miles de infiernos, y la cual murió sumida en el dolor, el rencor y la perdida. La guerra, aquello de lo que ni siquiera Anny se salvo.
Anny no tuvo una respuesta inmediata, pensó por un momento que decir hasta que la miro con seriedad.
-Si, soy la princesa de este reino y es mi deber defenderlo a como dé lugar, soy consciente de lo que hago y como lo hago. -respondió, aunque su voz se quebró ligeramente, algo que Ira Dei noto.