La marca de las sombras

40. Un nuevo compañero

Tres meses pasaron en el refugio, Anny y Henry se recuperaban aun de las lesiones y el hecho de que habían sido vencidos tan fácilmente por esa mujer, mujer la cual aún no descifraban quien era, ya que Nathan no quería hablar mucho a no ser que Lowell estuviera cerca, pero todos sabían que el chico tenía información importante.

Fidel les dio una reprimenda a los tres al ver el estado tan terrible en el que habían llegado, llenos de sangre y con huesos rotos. El que parecía estar ileso era Lowell (a excepción de los cortes superficiales que tenia por todo el cuerpo) pero no se salvó de un jalón de orejas por gruñirle a Artemisia.

Fidel intento prohibirles emprender la próxima misión, pero Anny peleo devuelta, recordándole que seguía enojada con él por lo que había dicho de su padre. Sin más opción Fidel tuvo que aceptar, pero haciéndole jurar a los 3 que la próxima vez los acompañaría si le era posible.

Anny estaba frustrada con la información que encontró en la tumba de Ira Dei, lo único que era relevante es que algún ángel (o trono) estaba involucrado directamente con ella y ese hombre de túnica blanca. No había logrado soñar con él desde que llego de esa tumba, algo que le aliviaba al poder descansar bien en las noches.

Por el lado de Lowell este después de disculparse con Artemisia por gruñirle se dedicó a cuidar a Nathan, claro que Artemisia le permitía ayudarle hasta cierto punto, pero le recalcaba que no debía estar junto al chico todo el tiempo, debía dejarle su propio espacio, cosa que Lowell aceptaba un poco enojado.

Henry observaba en silencio como las emociones de Lowell se intensificaban al estar con Nathan, pero se quedaba callado para no molestarlo, por más que quisiera sacar el tema.

En las semanas que pasaron Artemisia mantuvo a Nathan en un régimen muy estricto de medicamentos, el chico estaba increíblemente desnutrido, tenía anemia y deficiencia muscular, sobre todo en sus piernas. Las pociones eran parte de su día siempre, Nathan nunca contradecía lo que la mujer le ofrecía, ya que siempre era con un tono amable y cálido que lo hacía confiar.

Pese a la sugerencia de Artemisia Nathan no quiso cortar su cabello, le gustaba peinarse con algunas trenzas como lo hacía su madre, pero al estar mucho tiempo encerrado en la enfermería del refugio mantenía su cabello en una coleta sencilla. Aunque a Lowell le gustaba hacerle una larga trenza cuando el chico se lo permitía, después de todo al haber crecido con hermanas gemelas había aprendido demasiado sobre el cabello, también le gustaba peinar a Anny de vez en cuando, pero trataba de no molestar a la chica.

Lowell iba todos los días a ayudarle en lo que fuera, la compañía del chico le agradaba mucho a Nathan, sobre todo porque lo veía como su salvador. Había quedado fascinado con la forma en que ideo un plan tan rápido para dejar fuera de combate a la mujer, su determinación al pelear y su salvajismo, le probaban que era un hombre fuerte, algo que necesitaba en ese momento.

-Bien, ahora con cuidado camina hacia mí... -dijo Lowell con una ternura que jamás sacaba a la luz.

Lowell tenia de los brazos a Nathan mientras le ayudaba a caminar, técnicamente tendría que aprender a hacerlo de nuevo.

-Esto es un poco humillante, se supone que un chico como yo debería poder hacer estas cosas... -susurro Nathan frustrado, pero Lowell le levanto el rostro con cuidado, sonriéndole.

-Vamos, ¿Recuerdas que te dije que yo tuve que aprender a leer y escribir? Todos somos víctimas, eso no hace que nuestros procesos sean humillantes. -Le dijo Lowell con ternura, haciendo sonreír un poco a Nathan.

-Supongo que tienes razón.

Nathan sonrió, haciendo que Lowell también se contagiara.

En unas semanas Lowell encontraba una extraña fascinación en Nathan, un entendimiento del sufrimiento que no encontraba con nadie más, lo más cercano era Anny.

Las pocas experiencias que habían compartido mutuamente cuando estaban solos en esa fría enfermería le hacían sentir a Lowell una conexión única. El chico le entendía, no cuestionaba los momentos de silencio cuando su mente trataba de ignorar algo doloroso, solo sonreía y le daba una pequeña caricia en el hombro, algo que Lowell permitía con una muy oculta ilusión de que esa caricia pasara a sus manos.

Nathan flaqueo por un momento, haciendo que Lowell lo abrazara para evitar que cayera. Nathan se sonrojo al estar en sus brazos, siempre que sucedía esto se sentía indefenso, aun dependiendo de Lowell para que lo cargara a todos lados.

-Tranquilo, no te apresures, sabes que podre ayudarte todo el tiempo que necesites. Bueno, al menos hasta que me vaya a otra misión. -dijo Lowell, pero Nathan negó rápidamente mientras lo miraba con tristeza.

-Oh, no te vayas aun por favor. -pidió casi con suplica, haciendo que Lowell sintiera una corriente eléctrica por todo su cuerpo. -No me siento realmente cómodo con nadie más aquí, tu amigo me mira extraño y tu amiga pues... ni siquiera me ha dirigido la palabra.

-Discúlpalos por eso, supongo que están con muchas cosas en la cabeza.

Lowell tenía razón, Anny se sentía tan frustrada que había olvidado por un momento que su pierna estaba rota por ayudar al chico nuevo a no volver a ser capturado, sintiéndose terrible al caer en cuenta que ni siquiera se había presentado.

Mientras Lowell se encontraba con Nathan Anny estaba junto a Henry detrás de la puerta. La chica sostenía una bandeja con galletas y te, las hizo ella misma con una receta que solía hacer con su madre como gesto de su arrepentimiento, Henry estaba parado junto a ella con un juego de ajedrez que habían conseguido.

-Bien, puedo hacer esto, no creo que sea muy difícil. -dijo Anny decidida, aunque su voz delataba sus nervios.

-Lo difícil no será el chico, Anny. Lo difícil será que Lowell te deje acercarte a él. -dijo Henry con una risa disimulada.

-Vamos, Lowell no puede ser tan protector con alguien desconocido. -Al ver la risa de Henry su confianza flaqueo. - ¿Verdad?



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En el texto hay: accion aventura y venganza

Editado: 21.02.2026

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