Su cuarto nuevo era acogedor, la cama era considerablemente grande para permitirle descansar correctamente debido a sus alas.
Después de ese día las cosas habían estado algo incomodas entre Nathan y Lowell, no tanto porque no quisieran hablarse, era sobre todo el hecho de que Lowell intentaba huir de sus propios sentimientos.
Esa noche después de la conversación sobre los tronos cuando Artemisia le entrego su cuarto Lowell entro sin tocar, sorprendiendo a Nathan quien estaba tranquilo sobre su cama. Se arrodillo ante este, por primera vez en 5 meses Nathan vio a Lowell llorar, le rogaba con la mirada que no entrenara, que se quedara en el refugio.
-Nathan, por favor, quédate aquí. Aquí podrás estar a salvo, en este lugar nunca te faltara nada, por favor... -suplico Lowell con la voz rota.
Nathan suspiro, acaricio los cabellos de Lowell y levanto su vista con cuidado, sintiendo un golpe en su estómago al verlo por primera vez tan frágil. En ese momento se confirmo a si mismo que sentía algo mas que admiración por el chico.
-Lowell, no llores por mí, no valgo la pena. -pidió Nathan con delicadeza, pero Lowell solo apretó sus manos mientras negaba frenéticamente.
-¡No lo entiendes, idiota! Alla afuera te matarán, te harán picadillo. Al momento de estar allá afuera no habrá nada que te proteja, yo no podre protegerte... -susurro Lowell mientras las lagrimas caían por sus mejillas.
-No necesitaras protegerme. Dame esta oportunidad, te probare que puedo ser de ayuda. -pidió Nathan con una sonrisa pequeña, intentando transmitir confianza.
Lowell no dijo nada más, se levantó y volvió a besar la mejilla de Nathan de manera rápida para salir de la habitación, dejando a Nathan dolido y confundido. Después de ese día no había querido conversar mucho con él, siendo solo charlas casuales en las clases de hechizos que tenían y en los entrenamientos.
Dos semanas después de la propuesta Nathan ya se había incorporado a los entrenamientos, claro que, con ciertas limitaciones por sus piernas. Con ayuda de las terapias que Artemisia le hacía (ya que Lowell no volvió a aparecerse en esos momentos, cosa que lo lastimo demasiado) había recuperado casi el 100% de su fuerza y movilidad, solo flaqueando en algunos momentos.
Descubrieron que el chico era increíblemente bueno con el arco, su puntería era casi impecable, siempre acertando los objetivos que Fidel le ponía en sus entrenamientos. También su habilidad con la tierra le permitía controlar los árboles a su alrededor, las raíces de estos y casi cualquier planta al alcance, siendo elogiado por Fidel a mas no poder, aunque Obielus -Quien había vuelto en cuanto Fidel le comento del muchacho- quería someterlo a otro tipo de entrenamientos.
Pero Lowell no estaba nada feliz con el progreso de Nathan, no porque el chico se volviera fuerte, amaba cada vez que sus ojos irradiaban determinación y adrenalina, si no por el hecho que entre más fuerte más expuesto estaría al peligro.
Odiaba admitir que en las noches gritaba de impotencia en su habitación, lloraba como nunca ante la posibilidad de perder a alguien más que amaba, eso lo hacía débil. Evitaba a Nathan por el simple hecho de ignorar su corazón, ignorar que lo quería. Creía que, si lo ignoraba eventualmente el chico comenzaría a odiarlo, cosa que lo mataría, pero para él era su mejor solución.
Pero cada día que pasaba y solo veía tristeza en sus ojos le era más difícil ignorarlo. Solo quería correr y abrazarlo, se odiaba por no poder admitirle al chico ni a nadie como se sentía, bueno, solo a una persona: Henry.
Henry se había convertido en su psicólogo durante el tiempo que había estado ignorando a Nathan, haciéndole ver que la solución era bastante simple, solo tenía que decirle al chico como se sentía, pero Lowell siempre se golpeaba la cabeza con frustración.
-En serio, no entiendo como pretendes que las cosas con Nathan mejoren si no le hablas. Por más que le ruegues el chico no dejara de entrenar con nosotros y probablemente venga con nosotros a la siguiente tumba, no puedes impedirlo. -Le dijo Henry irritado, con ganas de arrancarle la cabeza por su terquedad.
-Por Bellator, Henry. Créeme que no es nada fácil decir simplemente: Oye, eres muy importante para mí y no quiero que te maten. Recuerda que tarde unos 5 meses en siquiera darle un abrazo a Artemisia, y eso fue por obligación sobre todo. Tarde aun mas en decirte "amigo", no soy nada bueno con las palabras, mucho menos con los sentimientos. -replico Lowell a la defensiva, resoplando frustrado.
-Si, definitivamente eres un asco. -Lowell lo miro con indignación. -Pero el caso es...¿Importante? Ambos sabemos que ese chico es MAS que importante. ¿Por qué no solo lo aceptas y ya? -pidió Henry, casi rogándole a Lowell.
Lowell podía ser su amigo mas leal y técnicamente el único que tenia, pero su terquedad y falta de comunicación asertiva le daban ganas de golpearlo.
-Porque no se me da la maldita gana. -soltó Lowell casi enojado. -Lo aceptare el día en que estés al borde de la muerte.
-No digas eso, terminaras invocando algo malo. -respondió Henry mientras resoplaba, agotado por la terquedad de Lowell.
La escena siempre era la misma, Lowell y Henry en un rincón del Archivatorio, el primero recostado sobre un montón de cojines y el ultimo anotando en una libreta todo lo que Lowell sentía por Nathan para después, discretamente, pasárselas a Nathan para que no creyera que el chico lo odiaba. Aunque admitía que algunas veces solo escribía la palabra "imbécil" en las notas.
Henry no quería compartir con Nathan los sentimientos de Lowell, sentía que estaba traicionando de alguna manera a su amigo, pero al escuchar a Anny hablar sobre cómo se sentía Nathan decidió intervenir un poco, solo un poco...
Nathan estaba devastado al ser ignorado, por más que trataba de hablar con Lowell no lograba que el chico le mirara, inclusive en las pocas peleas de entrenamiento que habían tenido Lowell no lo miraba, solo una fue la excepción, siendo bastante pasional en todos los sentidos.