Cuando llegaron al refugio vieron como Anny los esperaba en la enfermería junto con Fidel y Artemisia. Fidel en cuanto vio a Henry entrar lo tomo en sus brazos y lo puso en cama de nuevo, molestando al chico.
Anny se acercó con cautela, tomando despacio la mano de Henry como si pidiera permiso, este la apretó con cariño y le sonrió. Se sentía como un idiota por la pelea, y no era capaz de rechazar a su novia en su intento de cariño.
-Perdóname por enojarme por eso, no debí de hacerlo.
-Tranquila, querida. Supongo que tendremos que hablar de algunas cosas.
Henry miro a los chicos, los cuales aún parecían humanos. Su apariencia no había vuelto a la normalidad aún.
-¿Chicos, que les paso? ¿Dónde están sus orejas? -Artemisia tomo a Nathan con especial preocupación- ¿Dónde están tus alas?
-Aquí, señorita Artemisia. –Nathan quito de sus hombros una gran chaqueta y dejo ver sus alas. -El hechizo no las hace desaparecer.
Todos soltaron un suspiro de alivio. Nathan y Lowell se miraron cómplices, con Nathan algo sonrojado mientras se acomodaba el cabello.
-Bien, antes de comenzar a hablar yo quiero saber dónde estaban ustedes. ¿Cómo consiguieron esos helados? -Henry había preguntado con un tono acusatorio. Lowell rio y paso una mano por los hombros de Nathan, luego con su mano libre acaricio la mejilla de este.
-Bueno, es una historia divertida...
Después de que Henry se fuera ambos chicos se sentaron en un árbol, estaban algo aburridos por lo cual Lowell propuso aplicarse el hechizo en ellos, solo como una curiosidad.
El primero fue Lowell, el cual intuyo que el paso final era apuntar a su marca para completar el hechizo. En cuanto pronuncio las palabras indicadas sus orejas y cola desaparecieron, sus colmillos se hicieron más pequeños y sus ojos pasaron a tener una esclerótica blanca, aunque no perdieron lo grises.
-Vaya, te ves bastante guapo en ese "disfraz"
Nathan había alagado a Lowell, haciendo que este se sonrojara. No podía negar el hecho de que el lobo le parecía atractivo, bastante atractivo. Al inicio Nathan no sentía esa atracción por Lowell, pero con el tiempo le fue imposible no hacerlo. Se mordió los labios sin poder evitarlo, y Lowell solo se sonrojo aun mas.
-Bueno, espero que el efecto pase pronto. Me gusta tener mis garras y no estas uñas comunes, además extraño mis dientes.
-Vamos, querido. Creo que te da un aire diferente esa apariencia, aunque bueno, eres lindo en cualquier forma.
Lowell tosió para disimular su sonrojo y miro a Nathan con entusiasmo, sintiéndose extraño al no sentir su cola moverse ante su emoción.
-Bien, ahora tu. -pidió Lowell, y Nathan solo rodo los ojos ante su insistencia, pero accedió.
Nathan tomo su varita de su bolsillo (en cuanto comenzó a entrenar Fidel le había fabricado una) y realizo el mismo procedimiento.
Esta vez solo sus orejas desaparecieron, sus grandes alas seguían a la vista, sus ojos mostraban un rosa más fuerte y sus cabellos se volvieron completamente blancos, eso le disgusto a ambos.
-Prefiero tus mechones rosas.
-Créeme, a mí también me gustan más que solo el albino, después de todo son un recuerdo de mi padre.
-¿Tu padre tenía el pelo rosa? No recuerdo haber visto a una sombra con pelo rosa.
Nathan se mordió el labio inferior, dudando si contarle a Lowell sobre esa parte. En sus conversaciones habían hablado de sus familias, pero de manera bastante superficial. Nathan sabia de los padres y hermanos de Lowell, pero no sabía mucho más aparte de que todos estaban muertos, a su mismo modo Lowell sabía que la familia de Nathan estaba muerta, sabía que sus padres habían sido guerreros del reino sombra, pero Nathan nunca había querido compartir mucho más ni la manera en que termino con Selah.
Si el chico ya había compartido detalles íntimos con Lowell e inclusive ese momento en el que conectaron sus marcas supuso que era justo con el ser más abierto sobre su pasado. Además, después de ese beso ambos habían quedado más atontados por el otro, sintiendo una fuerza invisible que los obligaba a compartir muchísimo más tiempo que antes.
-Mi padre no era una sombra, era un ángel.
Lowell se sorprendió ante el dato, golpeándose la cabeza con su mano.
-Claro ¿Cómo no lo pensé antes? De ahí probablemente viene tu parte albina y tus alas.
Nathan hizo una mueca de disgusto.
-Bueno, mi parte albina viene de algo más complicado de explicar. Mis alas si vienen de mi padre, fue una razón por la cual fue demasiado difícil parirme.
-¿Naciste con alas tan grandes? -pregunto Lowell con verdadera curiosidad.
-No, mis alas crecieron conforme yo crecía hasta este tamaño. Dudo que crezcan más ya que en unos meses cumpliré 119, tengo entendido que crecerán hasta mis 121, pero como no me desarrolle bien en estos años creo que no alcanzare el punto de bienestar suficiente para que crezcan más.
-Bueno, aún quedan 2 años para que tus alas se desarrollen, además ese tamaño es perfecto, no te sientas mal por ello.
Nathan sonrió, sintiéndose alagado y consolado. Lowell paso una mano por su cabello haciendo que el chico lo mirara, Lowell tomo un mechón y rio.
-Definitivamente te va mejor el rosa, ¿Por qué dices que tu albinismo es más complicado de explicar?
Nathan intento alejarse de Lowell al sentirse nervioso, pero el chico poso su mano en su mejilla y se acercó peligrosamente a su rostro, haciendo que Nathan sintiera el aliento de Lowell en sus labios.
-Vamos, me encantaría saber más de ti. -susurro Lowell de manera coqueta, casi de forma involuntaria.
Antes de que Lowell se acercara más Nathan poso su mano en los labios de Lowell y lo alejo nervioso, riendo con la cara sonrojada.
-¡Eso es un intento de extorción! No recuerdo haberte dado permiso para besarme, ¿O acaso planeas hacer lo mismo que la última vez? -acuso Nathan mientras reía sonrojado, tapándose la cara avergonzado.